A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad (Final)

La música arribó al siglo XXI cuando ya los sintetizadores revolucionaron la escena. Se pasó de un minimalismo a un maximalismo elegante y afloraron los colores neón, brillantes, resplandecientes, las personas se volvieron locas por el baile, la juventud, la delgadez y la vigorexia, por la construcción capitalista de la belleza. El estilo grunge (mugre) se popularizó gracias a Kurt Cobain, y empezaba la fiebre del pop. ¿Qué le deparaba a la música el nuevo siglo?


En los 2000 se exageró el auto tune [1] sin discreción, y prevaleció el pop. En la parte anglosajona estaban  las últimas bandas del verdadero rock anglo como Nickelback, Green Day (agarrándose de las uñas). También, en el pop se situaba Pink, Shakira (quien para los nacidos en la década de los 90 forma parte indisoluble de nuestra memoria de pez), J-Lo, Akon, Beyonce, Rihanna, Shean Kingston. El rap también estaba conquistando lo mainstream: Eminen, Missy Elliot, Snoop / Pharrell. En la parte pop latina: Juanes, Maná, Sin Bandera, Enrique Iglesias, Julieta Venegas, Carlos Vives, Fanny Lu, Paulina Rubio, Cristian Castro, David Bisbal. Todos asumieron la estética del pop, excepto los Orichas en Cuba.

La salsa y el merengue fueron los primeros géneros en sucumbir a la tecnología bajo el nuevo régimen de producción de ya no utilizar exclusivamente instrumentos reales, excluyendo a Juan Luis Guerra y a Marc Anthony. Sin embargo, surge el reguetón, ese género que no tenía nombre en los 90 y que curiosamente asemeja un viaje en el tiempo 20 años atrás: al maximalismo no tan elegante y el arte de “copiar” y revisitar géneros con estilo propio: Daddy Yankee, Don Omar, Wisin y Yandel, Tego Calderón, Calle 13.

En la década que le siguió todo esto se mezcló; los primeros viajaron al reguetón y los segundos al pop y viceversa, y se repitió la estética de vestir blin blin, crop tops, pantalones por la cintura: a cada tiempo su arte; a cada arte su libertad, como diría Gustav Klimt en 1897.

La década siguiente glorificó en un solo dispositivo disímiles instrumentos musicales y formas de diseño: la computadora portátil. Irrumpe el vaporwave [2] como escapada del mundo real hacia el virtual, en el que primaba la necesidad de sumergirnos en la música, lo digital, en la nostalgia y en los videojuegos de principios de los 90. Los millenials, en ese entonces primeros adolescentes de la generación Z, sobreexpuestos a tanta información, añoraban el low-fi de esa época y con muchos símbolos empezaron a criticar las sociedades de consumo. Brilló la tecnología, un aspecto inseparable de la estética contemporánea y con ella el sitio donde estar aunados en paz junto al maximalismo reinante: el Internet.

El rap se gestaba desde el 2008, aunque en la década del 2010 cobró auge. En el trap, un subgénero, los traperos aparecen como gente poco violenta para el género rap, que usan ropas no anchas y que lejos de buscar una salida a la crisis  por la vida de la autofilmación, ahondan en sus problemas y defectos, pero con un componente rozando lo EMO, es decir, con un énfasis en la expresión emocional, a veces a través de letras confesionales.

Hasta aquí, tal parece que la estética en la música experimentaba curiosos caminos de revisitación con un intervalo de 20 años de por medio. La exégesis a ello tiene su basamento en los propios rasgos de la estética como corriente que transversaliza varias esferas. La primera es el aspecto socioeconómico; la nostalgia del espectador hace que el mercado recicle aquellas modas que fueron tendencias en determinada época y se las entregue una vez que cierta generación haya alcanzado la madurez, y por ende la independencia económica.

La segunda razón es el contexto histórico similar que engendra reacciones parecidas, por lo que encontramos similitudes entre la cultura hip hop y el rap de los 2010 ya que ambas generaciones se situaban ante la profunda crisis económica donde el discurso debía ser más contundente y transgresor. Así, los medios de comunicación hablaron de una estetización de la pobreza puesto que la lucha no tenía como objetivo hacerlos ricos sino concientizar a los otros de la existencia de la pobreza, una lucha con la estética como herramienta de vanguardia.

Ahora los tiempos han cambiado y tenemos al músico español C. Tangana con su disco de fusión de varios géneros “El Madrileño” cuando antes solo cantaba rap; a la famosa Rosalía saliéndose del flamenco y fusionando todo cuanto le dicte su corazón y su sensibilidad; a la argentina Nathy Pelusso enseñando su cuerpo a diestras y siniestras porque no le interesa la sexualización de la mujer, para ella esto se ha resemantizado… todos beben de referencias pasadas de la etapa del posmodernismo artístico.  La música está demostrando que lleva 30 años de atraso respecto al arte. Las tribus urbanas de finales del siglo XX podrían corresponderse a las vanguardias artísticas, e incluso C. Tangana podría ser nuestro Andy Warhol.

Nos toca un arte que ha sustituido la obra por el concepto, alejado del mundo que le rodea, transhumanista. Entonces, una tercera razón para explicar los retornos a estéticas pasadas es precisamente cuando valoramos al artista como la base de su propio arte, que le permite influenciar a varios.

A la vez, en el centro de todo, media la evolución tecnológica. Recordemos los sintetizadores de los 90, el auto tune de los 2000 y ahora el auge de las redes sociales. Resulta innegable la importancia de la tecnología en la evolución estética de la música, lo cual nos hace pensar que el metaverso definitivamente va a impactar en este arte. Cada época musical posee una estética concreta, y también cíclica en cuanto a que las modas y los patrones se repiten. Si esto se continúa comportando de dicha forma, ¿cómo será la estética musical del futuro?


[1] Procesador de audio creado por Antares Audio Technologies para vocales e instrumentales. Es usado para enmascarar inexactitudes y errores, por lo que ha permitido a muchos artistas producir grabaciones con afinación mucho más precisa.

[2] El vaporwave es un género de música electrónica, un estilo artístico y un meme de internet que surgió a mediados de la década de 2010.

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Diseño de portada: Félix M. Azcuy

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