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Publicado el 18 Diciembre, 2021 por Pastor Batista en Actualidades
 
 

Árboles inmensos en la palma de tu mano

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Árboles inmensos en la palma de tu mano.

El bonsai marca pasos en el Centro Cultural Huellas.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Tal vez ignoren los japoneses (maestros, como los chinos, en el milenario arte  de lograr bonsáis) que al lado acá del mundo, concretamente en la oriental provincia cubana de Las Tunas, su técnica echa raíces, tronco y ramas, aunque con un fino toque de criollismo o territorialidad.

De ello se ha encargado -por apasionada afición y mucha búsqueda en cuanto soporte ofrezcan las arterias del conocimiento- Wilner Rondón Peña, un joven a quien la vejez sorprenderá un lejanísimo día adorando entre recuerdos siempre frescos la imagen de su abuela, empeñada en sembrar, cuidar y venerar plantas ornamentales en los más increíbles espacios del hogar.

“A ella le agradezco mi inclinación por los árboles. Fue quien sembró en mí el amor hacia la naturaleza. Recuerdo que en mi etapa de secundaria básica empecé a trabajar mis planticas, pero con muy poca técnica. Fue a los 21 años, aproximadamente, cuando obtuve literatura y comencé a sumergirme en las técnicas japonesas, en asuntos de taxonomía, árboles, manejo, etc, hasta ir conformando una especie de estética tunera que se sustenta en la escuela tradicional japonesa al vacío, fusionada con técnicas contemporáneas”.

Árboles inmensos en la palma de tu mano.

Wilner sumergido en el fantástico mundo de sus bonsáis.

Cada vez más fascinado ante la fantástica posibilidad de reducir a “formato” muy pequeño árboles de gran tamaño, pero sobre todo de hacer verdaderas maravillas en el dominio o manejo de ramas y de raíces, o incluso realizar injertos, Wilner impartió un taller en el Centro Provincial de Artes Plásticas, que devino cimiento o antecedente para la formación del Bonsai Club Las Tunas

Partiendo del supremo propósito de proteger a la flora y a la naturaleza, alrededor de una veintena de tuneros, miembros del club, se empeñan en no provocar daño alguno a la planta durante el proceso, sobre la base de un exquisito rigor para que raíces, tronco y ramas no sufran, tengan un desarrollo adecuado y haya un equilibrio entre lo que la planta absorbe y lo que transpira.

Añade Wilner que, ante la imposibilidad de acceder a sustratos idóneos, han acudido a alternativas criollas, muy provechosas, como el compost, obtenido, como se sabe, mediante un proceso biológico aerobio, en el que bacterias, hongos y otros microorganismos descomponen materiales orgánicos como restos de cosecha, excrementos de animales, residuos de poda, forestales y otros elementos orgánicos.

No por casualidad, también le conceden gran valor al agua de peces, la que administran de forma proporcional, por ser igualmente decisiva para la vida de la pequeña planta.

Árboles inmensos en la palma de tu mano.

Raíces, tronco, ramas… la inmensidad de lo natural en miniatura.

Para ellos, cobra incalculable trascendencia algo que Yusniel Humberto Fernández, presidente del Club Cuba Bonsai, subrayó en el periódico Tribuna de la Habana:

“… el cultivo del bonsái, ennoblece el alma y genera una paz incomparable y bienestar emocional.  Muchos de nuestros miembros han encontrado en nuestro club un escape a la monotonía y una vía de desarrollo personal con un compromiso único con el propio ser”.

Solo que, tanto en la capital cubana, como en Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas o cualquier otro lugar, ese arte ancestral (suma más de dos mil años ya) genera cada vez más placer tanto entre quienes lo cultivan y mantienen vivo como entre las personas que lo aprecian.

Por ello el apacible espacio que ocupa en la Fundación Nicolás Guillén, con sede en el Centro Cultural Huellas, de Las Tunas, vuelve a atraer a niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas, a medida que la ciudad retorna sobre sus propios pasos, empeñada en dejar atrás, todo cuanto sea posible, meses de fiero enfrentamiento a los efectos de una pandemia que tampoco pudo doblegar la perseverancia del bonsái.

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Pastor Batista

 
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