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Publicado el 7 Diciembre, 2021 por Irene Izquierdo en Actualidades
 
 

Tributo a tanta gloria

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Tributo por tanta gloria.

Foto: bohemia.cu

Por IRENE IZQUIERDO

Rememorar aquella fecha de 1896, desafortunada y triste en la larga lucha de los cubanos por su independencia, la libertad y la justicia, es un acto de ratificación incondicional del compromiso de este pueblo con los héroes y mártires de la Patria. Es la ocasión de rendir homenaje al Mayor General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales, y a su ayudante, el capitán Francisco (Panchito) Gómez Toro.

Desde 1989 es la oportunidad para recordar la Operación Tributo, que trajo de regreso a nuestra tierra cubana a los combatientes internacionalistas,  herederos de la estirpe del Titán de Bronce, epíteto con el que ha trascendido. Un hombre que, por encima del extraordinario jefe militar que fue, estuvo siempre el revolucionario de pensamiento profundo y moral acrisolada.

Ahora, en el aniversario 125 de su caída en San Pedro, los 32 años de la Operación Tributo, y los 28 de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, vale recordar que Maceo fue capaz de alcanzar –con derroche de virtudes y valor;  con una vida sin mácula en los principios- posiciones cimeras en la Revolución, pese a los serios obstáculos que significaban en aquella época el origen humilde y su piel negra.

Tributo por tanta gloria.

La Asociación de Combatientes de la Revolución Cuba marca la fecha de nacimiento el 7 de diciembre de 1993. El acto se realizó en el Cacahual, con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz; el General de Ejército Raúl Castro y el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, el presidente fundador. (Foto: verdeolivo.cu).

Dos hechos bastan para consagrarlo en un lugar de honor dentro de lo más representativo de los jefes independentistas: La Protesta de Baraguá y la Invasión de Oriente a Occidente, en la cual las fuerzas españolas constataron que era real la frase pronunciada por el Apóstol, José Martí acerca de que tenía “tanta fuerza en la mente como en el brazo”.

En el momento histórico que vive la Patria crece hasta agigantarse su estatura.  En estos instantes decisivos y sublimes en que el pueblo afianza su futuro, los principios que guiaron invariablemente su actuación, el patriotismo, el sentido del deber y la lealtad sin condiciones a la causa revolucionaria, son patrimonio de millones de cubanos.

Porque Maceo,  como Martí, estuvo entre los primeros que, en el mundo, combatieron al imperialismo norteamericano. No solo alertó desde fecha muy temprana acerca de la posibilidad de una intromisión yanki en nuestra contienda independentista,  sino que expresó de forma clara y categórica su rechazo a que tal hecho ocurriera.

Somos un pueblo de estirpe gloriosa, pues los próceres de la nación ganaron, a costa de enormes sacrificios y de mucha sangre vertida en los campos de batalla, el derecho a la libertad y a una vida digna, única forma en que concebimos nuestra existencia, aunque para ello debamos sortear los obstáculos impuestos por el férreo bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos a Cuba, agravado hoy por la crisis que ha provocado el coronavirus SARS-CoV-2.

Tributo a tanta gloria.

Operación Tributo. (Foto: granma.cu).

Hoy tienen total vigencia las palabras de Fidel, en carta dirigida a los delegados a la Primera Conferencia de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cuba:

“Nuestra asociación nace cuando tenía que nacer. No surgió cuando la revolución era aún la obra de una vanguardia decidida, sino cuando la lleva adelante todo un pueblo combatiente. No surgió en los tiempos de bonanza, cuando a pesar de nuestra vigilancia abordaron la nave no pocos oportunistas, sino cuando la tormenta es tan fuerte, cuando los peligros son tan grandes y las penurias tan abundantes, que los flojos, los acomodados y los cazadores de privilegios se han lanzado al mar como siempre hacen las ratas”.

Son tiempos de reafirmación, la mejor manera de rendir tributo a quienes pasaron a la gloria, defendiendo la dignidad y el decoro.

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Irene Izquierdo

 
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