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Publicado el 10 Mayo, 2020 por María de las Nieves Galá León en Actualidades
 
 

DÍA DE LAS MADRES

Mi mejor regalo

Una familia protegida de la COVID-19 es la mayor recompensa en este segundo domingo de mayo
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Mi mejor regalo.

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Foto:   AGUSTÍN BORREGO

En el patio del edificio donde vivo, los gallos cantan y en la palma que está al lado del cuarto, los pájaros anidan y hacen su fiesta de primavera sin importarles que el mundo se faja con una epidemia mortal. Me entretengo mirando y sin querer, voy con el pensamiento a mi tierra natal, donde los mangos en este tiempo deben estar maduros y dulces como ningún otro.

Es el tiempo preferido por mi mamá, porque aprovecha para hacer una sabrosa mermelada, uno de los postres que acompaña la comida en el Día de las Madres. Es parte de la tradición, aunque nos cansemos de decirle que todos los minutos le pertenecen, que cualquier momento es bueno para ocuparnos de ella, para darle presentes o simplemente decirle que la queremos.

Ofelia no admite justificación para que los hijos no se reúnan en esa fecha. Ni siquiera en el período especial dejamos de ir a Pijirigua, en Artemisa, a fin de estar juntos, aunque fuera a comer fufú de plátanos porque escaseaban los alimentos.

Para esa época ya mi hijo sumaba su alegría infantil a la prole y arropado en mis brazos se incorporaba a la aventura que nos llevaría al tronco amado.

Durante años, la casa de mi abuela materna fue el centro de la celebración. Apenas había espacio para los ocho hijos, sus respectivas parejas y los más de veinte nietos.

Compartíamos lo poco y lo mucho, con una alegría tan grande, que todos esperaban con ansiedad la llegada de otra fecha para la gran reunión. Cuando abuela María falleció, un pedazo de tristeza nos marcó el corazón, pero las orquídeas que dejó sembradas enviaban su mensaje cada mayo, como para que no la olvidáramos.

El segundo domingo de mayo se fue convirtiendo con el tiempo en una fiesta de todas las madres de la familia, de las amigas y vecinas. Y los regalos también se multiplicaron, sencillos, pues nunca hubo para dar tantas cosas materiales. Lo que sí ha habido en abundancia es cariño.

Este será quizás uno de los pocos que he dejado de ir. Mi mamá lo entiende y solo atina a decir, a través del teléfono, que ojalá toda esta pesadilla termine pronto, porque lo que más lastima del aislamiento social, es no poder ver a los seres queridos, besarlos y estrecharlos.

Cuando hablo con ella, la animo, le comento que ahora sí tiene tiempo para preparar dulces, que aproveche y haga coquitos, o tal vez majarete, mi preferido. Le insisto para alejar el dolor de las ausencias, las inevitables y para que la esperanza sea el mensaje principal de este segundo domingo de mayo, el cual la COVID-19 ha tornado diferente.

“¡Mima, lo importante es que estés bien, que te cuides y nos cuidemos, ese es hoy mi regalo!”, así le digo, mientras desde la ventana observo a los pájaros que anidan en la palma real del edificio donde vivo, como si en el mundo todo siguiera igual.

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María de las Nieves Galá León

 
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