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Publicado el 2 Junio, 2021 por Redacción Digital en Actualidades
 
 

EDITORIAL

Nuestras batallas por la niñez

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Niños cubanos, para ellos las mejores fórmulas de vacunas contra Covid-19

Foto en Prensa Latina

Alguien ha dicho –quizás más de una vez- que si el mundo fuese gobernado por los niños todo sería paz y felicidad. Más figurada que realizable, tal imagen alude a la candidez, pureza y transparencia de esas personitas en miniatura, que merecen todo el derecho del universo a una existencia sana, prolongada, segura y feliz.

Lo que sí resulta espiritual, material y objetivamente posible es gobernar para los niños. ¿Acaso hay algo de más valor para una familia o para un país que sustente, de verdad, sus pasos y aspiraciones con todos y para el bien de todos?

Lo respaldan convenios aprobados internacionalmente a favor de la infancia. Tal vez el más importante y abarcador de todos, la Convención sobre los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1989), considerado el tratado de más amplia ratificación en la historia, contentivo, en 54 artículos, del derecho que les asiste a niñas y niños de todo el planeta, en primerísimo lugar a la vida, a la supervivencia y al desarrollo; a tener un nombre, una identidad, protección, participación, así como derecho al sano entretenimiento, a la información y a la libertad de expresión, entre otros.

Quienes habitan este archipiélago conocen muy bien lo que en reiteradas ocasiones han subrayado especialistas y representantes de organismos internacionales como el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF): la alta prioridad que Cuba les concede a sus niños, adolescentes y jóvenes, por medio de instrumentos jurídicos, políticas y programas muy específicos.

Nada es abstracto o expresión circunscrita a tinta y papel. El riguroso seguimiento que le dispensa el Ministerio de Salud a la futura madre durante el embarazo, deviene anticipo de acciones como las que concibe el programa nacional de vacunación, para proteger luego a niñas y niños contra más de una decena de enfermedades que lamentablemente han hecho estragos y enlutado a millones hogares en diversas partes del mundo. Aquí no.

Es el caso de flagelos como la difteria, tétano, sarampión, rubeola, paperas, poliomielitis, meningitis meningocócica, hepatitis…

Quizás muchas personas ignoren, incluso, que desde 2015 Cuba se convirtió en el primer país del mundo certificado como libre de la transmisión materno-infantil del VIH y de la sífilis congénita. Valdría la pena preguntarse: ¿Casualidad?

No lo parece en un entorno donde todos los nacimientos son registrados y -a pesar también de adversidades y escaseces- el 99.9 por ciento de dichos alumbramientos ocurre en instituciones de salud, con la atención y seguimiento de personal especializado.

Fechas como este primero de junio, Día Internacional de la Infancia, no pueden ser vistas solo desde el prisma, incuestionablemente seguro, de la salud o del programa materno infantil.

En paralelo fluyen proyectos y realizaciones al estilo de los programas Educa a tu hijo (con vitalidad y alternativas a tono con las restricciones que impone el nuevo coronavirus), la red de círculos infantiles (más de 800 funcionando hasta abril en toda Cuba, según información de UNICEF), el sistema de enseñanza en todos sus niveles, el sentido profundamente humano de unas 420 escuelas de la educación especial, así como las casas para atender a niñas y niños que por alguna razón carecen de amparo familiar…

Difícilmente alguien ponga en duda el alcance que en materia de desarrollo integral para la niñez tienen las enseñanzas deportiva o artística, los talleres y las actividades promovidos por casas de cultura y otras instituciones o experiencias como La Colmenita, que enternecen y asombran sin fronteras espaciales o idiomáticas.

Cada minuto, por una voluntad estatal que debe tener multiplicada y correspondiente prolongación en cada hogar, manos, cerebros y recursos se aferran a un combate sin tregua para proteger hasta al último niño cubano del contagio y del riesgo de morir como consecuencia del SARS-CoV-2. Haga cada familia lo propio.

De batallas por la niñez están florecidas más de seis décadas. De esas no hay quien nos haga un cuento. Fidel nos condujo y conduce aún. Ahí está, convertido en excelente joven, Elián González. Lo sabe EU. Imposible que lo olvide o desconozca el mundo.

 

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Redacción Digital

 
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