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Publicado el 9 Noviembre, 2021 por María de las Nieves Galá León en Actualidades
 
 

Un paciente especial

Recuperado de la covid-19, Henry Tavier estuvo dispuesto a donar su plasma para contribuir a la salvación de otras vidas
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Un paciente especial.

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ 

Fotos: AGUSTÍN BORREGO TORRES

Sobre las ocho de la mañana del 29 de octubre de 2021, Henry Osvel Tavier llegó en un confortable vehículo de la empresa TaxisCuba, al Banco de Sangre del municipio capitalino de Diez de Octubre. A la entrada, una sonrisa iluminó su rostro y todos, desde Olga Lidia González, la recepcionista, hasta Teresa Valdoví, la pantrista, preguntaron cómo estaba.

“Hacía tiempo que no venía”, expresó y agregó que tenía a ese colectivo como parte de la familia. Esa relación empezó hace más de un año, cuando después de haberse recuperado de la covid-19 aceptó donar su plasma, rico en anticuerpos específicos, para eliminar el virus en enfermos en estado grave o de cuidado debido de la pandemia.

Atrás han quedado los angustiosos días del mes de marzo y abril de 2020. Según nos contó este extrovertido joven, conocido como el paciente 19 de la covid en Cuba, se desempeñaba como guía de turismo a bordo del crucero MSC Grandiosa, cuando el coronavirus irrumpió en el mundo.

Graduado en Lengua Francesa e Inglesa, en el año 2014, en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, impartió clases durante dos años y posteriormente pasó a laborar como guía de turismo en la empresa Cubanacán. En 2018, a través de la agencia empleadora Selecmar, comenzó a trabajar en el crucero MSC Fantasía.

“En el MSC Grandiosa hacíamos el itinerario Barcelona, Marcella, Génova, Roma, Palermo, Sicilia y Marta. La situación se fue poniendo tensa, todos los días escuchábamos algo lamentable sobre el mortal virus. Era como vivir una película de terror, estábamos en un constante estrés. En el puerto de La Valeta, en Malta, nos rechazaron, había una huelga que pedía el cierre total de esa isla. Posteriormente nos recibieron en el puerto de Palma de Mallorca, en España”.

Un paciente especial.

Para Henry Osvel Tavier es un orgullo contribuir a salvar vidas en la batalla contra la covid-19.

Arribó a Marsella el 13 de marzo, con un frío tremendo: al otro día, en un vuelo de Air Francia, regresó a Cuba. Recordó que al momento de entrar al aeropuerto internacional José Martí, parecía un extraño, con su nasobuco y guantes en las manos. Ya había llamado a su mamá para que le preparara condiciones pues estaría en aislamiento.

“Mi madre preguntó si me sentía mal. Le dije que no se preocupara, estaba bien, solo tomaría precaución. No permití que el taxista tocara las maletas. El chofer se puso hasta bravo. Molesto, me dijo: ‘Compadre, usted no está enfermo’. Le contesté que no sabía y no lo dejé manipularlas”.

Más doloroso fue llegar a casa y no poder besar y abrazar a su mamá y a su abuela. “Estuve en mi cuarto aislado dos días, pero quería ver a mis amigos, entregar regalos… entonces, para salir de dudas, dije a mi mamá: vamos al policlínico para hacerme la prueba de PCR.

“Cuando los vecinos me vieron en la calle querían saludarme y tenía que eludirlos, no había percepción del peligro. En el policlínico decidieron, por ser un caso de alto riesgo, enviarme al Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto, donde fui ingresado. Eso fue el 16 de marzo. Me hicieron el PCR y di positivo. Cuando los médicos conversaron conmigo pregunté si iba a morir. Siempre he sido una persona práctica.

“Me preocupé porque en la habitación conmigo estaba un hombre de unos 70 años al que ayudaba, le prestaba el teléfono, y temí se hubiera contagiado; él después dio negativo. Fui trasladado para otra sala y ahí me puse a pensar: pero si no me siento nada, soy joven, un contento de la vida… mi preocupación mayor eran mi madre y mi abuela. Y lloré.

“No me podía dejar vencer. En la sala hacía estiramiento, leía mucho, me paraba y, a través de la ventana, podía ver la iglesia de Guanabacoa y me animaba. Ya cuando supe que nadie en mi familia era positivo, estuve más tranquilo, eso me reconfortó”.

La historia de Henry fue conocida a través de las redes sociales y diferentes medios de comunicación. “Establecí contacto con muchos cibernautas. Fui informándoles sobre mi evolución e, incluso, hice un mensaje público, pidiéndoles a las personas que se cuidaran, que tomaran las medidas de precaución, pues no tenían dimensión de la magnitud del peligro que yo ya había experimentado en Europa.

“Estuve 26 días ingresado. Cada vez que me repetían la prueba de PCR daba positivo. Finalmente, el 10 de abril, en horas de la noche fui dado de alta”. La frase “recoge que te vas”, le supo a gloria. “Cuando llegué a mi casa, en la calle Estrada Palma y Santo Domingo, en Guanabacoa, los vecinos me recibieron con aplausos”.

Una noble misión

Un paciente especial.

Milaidys Rodríguez Hernán¬dez, directora del Banco de Sangre de Diez de Octubre.

En la casona donde se encuentra ubicado el Banco de Sangre de Diez de Octubre, se respira un buen ambiente. La mayoría de los trabajadores son mujeres de mucha experiencia en la labor. Una de las más jóvenes es su directora, Milaidys Rodríguez Hernán­dez, Licenciada en Enfermería, especialista en Higiene y Epidemiología y Máster en Enfermedades Infecciosas. En su hoja de servicios está el cumplimiento de una misión internacionalista en Venezuela.

Desde 2015 ingresó en este colectivo que la acogió con respeto y cariño. “A partir de marzo de 2020, cuando Cuba tuvo los primeros casos de covid-19, nos encomendaron trabajar con pacientes recuperados de la enfermedad, que tenían un plasma rico en anticuerpos. Fuimos la única institución en la capital elegida para hacer esa tarea”.

Agregó que la entidad recibió los primeros pacientes a partir del 16 de abril, e iniciaron la plasmaféresis, que consiste en la separación del plasma de los glóbulos rojos. “En todos los casos se hizo la captación de los donantes, siempre contando con su voluntariedad. Ellos son traídos a nuestro centro en un transporte que después los devuelve a sus casas.

“Actualmente trabajamos con un grupo de pacientes convalecientes de la covid-19, que formaron parte del estudio a través del cual se les aplicó una dosis de la vacuna Soberana Plus. Se comprobó que habían aumentado sus anticuerpos.

“Desde el Ministerio de Salud Pública recibimos ese listado y nos pusimos en contacto con ellos. Primero se determina si tienen condiciones para hacer una colecta de sangre y no se pone en riesgo su vida. En este proceso se obtiene la sangre, la que también tiene un plasma rico en anticuerpos, así se da respuesta a las necesidades de asistencia médica de glóbulos rojos, en la capital, y también a la fabricación de inmunoglobulina.

“En el caso de la donación de plasma, podía ser cada 15 días. Debido a la carencia de kit para la plasmaféresis, no la estamos haciendo. En relación con la colecta de sangre total, solo pueden donar cada cuatro meses. Es el tiempo establecido para que el organismo recupere todas las células”, esclareció.

A Ileana Bornot, Técnica en Laboratorio Clínico, le emociona el altruismo con que las personas han acudido a este sitio para apoyar a sus semejantes. Confesó que, al principio, cuando les dijeron que trabajaría con pacientes que habían padecido la covid-19, sintió un poco de miedo. “Todo era nuevo… pero, después, les cogimos cariño, nos identificamos con ellos, venían seguido y nos convertimos casi en familia”.

Por su parte, para Lourdes Valdés, quien se desempeña como Técnica de Control de la Calidad en la institución, fue una responsabilidad asumir esa tarea. “Lo hicimos con gusto. Tomamos todas las medidas y velamos que se haga todo según los protocolos”.

Dispuesto siempre

Un paciente especial.

La profesionalidad caracteriza a este colectivo.

Totalmente recuperado, con una simpatía natural, Henry Osvel Tavier se autotitula el Capitán Covid. Lo dice con gracia, afortunado de haber sobrevivido esta terrible enfermedad. A los pocos días de estar en casa fue contactado por la doctora Damisela Cordoví, directora del Banco de Sangre Provincial de la capital, quien le explicó qué era la plasmaféresis y su importancia.

“Sin pensar, le dije que sí. ¡Después de todo por lo que pasé, quién iba a decir que no! Ahí es cuando conozco este maravilloso colectivo. Vine en reiteradas ocasiones e hice también un llamado en las redes sociales para que otros jóvenes que padecieron la enfermedad y estuvieron ingresados junto conmigo se incorporaran”, alegó.

Dispuesto a apoyar a sus compatriotas en todo lo posible, refirió que, durante el proceso de vacunación en Guanabacoa se mantuvo activo en el consultorio No. 30, donde apoyó a la comunidad. “Ayudaba a las personas de la tercera edad y también llené tarjetas”.

Manifestó que, en su condición de convaleciente fue seleccionado para formar parte del grupo de estudio, al cual se le administró una dosis de Soberana Plus.

Con un brazo extendido hacia la enfermera María del Carmen Cabrera, se le realizó la colecta de sangre. Sabe que es esta una manera de retribuir todo lo que han hecho por él. “Desde julio del pasado año no venía, aquí me siento en familia, tenía ganas de verlos”, expresó.

Cuando le pregunté sobre esos valores tan arraigados en él, aludió a su familia, en especial su madre y abuela. “Tengo mucha gente que me quiere, me gusta conversar, adoro a las personas mayores, son lo más grande del mundo”.

Un paciente especial.

Henry siente que las trabajadoras del Banco de Sangre son como su familia.

En la actualidad, Henry labora como comunicador institucional en la Asamblea Municipal del Poder Popular en Guanabacoa. Lo hace con entusiasmo y dedicación, como asume todo lo que realiza; sin embargo, confiesa, su aspiración es volver a trabajar en un crucero.

“El barco donde yo estaba reinició sus operaciones en agosto del pasado año. Le escribí al presidente de la compañía expresándole mi disposición para reincorporarme. Me respondió que estaban presentando dificultades desde el punto de vista legal para nuestro contrato. Agregó que el equipo trabajaba para buscar una solución. Aún espero la respuesta”.

Henry se despidió del grupo de mujeres que lo ha arropado como un hijo con mucho cariño y los ojos iluminados de felicidad. Para él, este gesto de altruismo no tiene precio.

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María de las Nieves Galá León

 
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