6
Publicado el 6 Diciembre, 2021 por Dariel Pradas en Actualidades
 
 

Los incipientes resortes de la autonomía municipal

Compartir

Los incipientes resortes de la autonomía municipal.

Por DARIEL PRADAS

Fotos: ANARAY LORENZO

En la granja Vista Hermosa hay 200 cabras, 70 vacas cebús y 60 de una raza amestizada Holstein con criolla, 60 búfalos de agua y 30 cerdas reproductoras que paren y paren cerditos que no llegan a los dos meses sin antes haber sido ingeridos por comensales en el ranchón… aves silvestres, aves enjauladas, caballos, gallinas, ocas, patos y hasta pavos reales… Ía, ía, ooh.

Los animales andan a sus anchas: gallinas y puerquitos corren por todo el contorno, a veces entre las piernas de los trabajadores o de los niños de las familias visitantes; distintos rebaños pastan en sus respectivas áreas hasta que cae la noche y son resguardados en los establos. Esto ocurre dentro de las 107 hectáreas que abarca Vista Hermosa, extensión alcanzada tras unir los terrenos de cuatro fincas colindantes –antes funcionaban independientes– del pueblo de Bacuranao, en el municipio capitalino de Guanabacoa.

Como se puede inducir, la hacienda es eminentemente pecuaria, cuyas especies de ganado surten el encargo estatal anual de 45 000 litros de leche y 35 toneladas de carne: de las mayores producciones de su tipo en La Habana. Además, con leches caprina, vacuna y bufalina se producen a diario 187 kilogramos de queso.

Pero en Vista Hermosa también se cultivan vegetales, viandas, especias, hortalizas y frutas; y la caña, la morera y el king grass, que representan la base alimenticia de la fauna (casi 90 por ciento del área labrada en la propiedad se consagra al forraje).

Toda la producción fluye sobre una especie de ciclo cerrado, en la cual nada se desperdicia y así, sucesivamente, los residuos de un proceso sirven para complementar al otro. En esencia, la finca se retroalimenta a sí misma, con técnicas de cultivación agroecológica, evitando al máximo cualquier tipo de fertilizante químico.

No obstante, la peculiaridad de Vista Hermosa no reside en sus relativamente altas producciones de carne y leche, ni en sus estándares agroecológicos, ni en su atractivo como destino turístico, sino en su reciente estatus legal de proyecto de desarrollo local –suerte de experimento socioeconómico que hasta hoy no era posible–, al entrar en vigor regulaciones jurídicas respecto a la autonomía de los poderes municipales. Por tanto, el Proyecto Agroecológico Integral Vista Hermosa –su nombre formal– ocupará ahora un espacio entre las nuevas formas de emprendimiento.

De la granja a la mesa

Cinco generaciones han sucedido desde que el tatarabuelo de Misael Ponce fue propietario de la finca. Con los años, cada descendiente heredó aquella parcela de 67,5 hectáreas, reducida a cinco y media tras las intervenciones realizadas por la Reforma Agraria.

Misael, la última generación, reorientó la producción hacia la rama de la ganadería (esas extensiones se destinaban antes a los cultivos varios). Entonces solicitó nuevas tierras y recuperó, en forma de usufructo, la gestión de las mismas 67,5 originales. Hace poco recibió otra parcela para pastar un nuevo rebaño bufalino.

“Más allá de la parte agropecuaria, la finca cuenta ya con la elaboración de alimentos y con la gastronomía, lo que cierra, como tal, la actividad productiva”, enunció Misael Ponce, uno de los coordinadores del Proyecto Agroecológico Integral.

Antes de incorporar estas últimas labores, la principal fuente de ingresos de la granja provenía de la venta de leche y carne al Estado, al integrar esta la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Emiliano Montes de Oca, a la cual pertenecen, en total, 68 tenedores de tierra y cabezas de ganado de la localidad.

Un reencuentro oportuno con su amigo de la infancia cambiaría pronto el negocio en Vista Hermosa.

Los incipientes resortes de la autonomía municipal.

Raúl Relova, uno de los coordinadores del Proyecto Agroecológico Integral Vista Hermosa.

Raúl Relova, su antiguo compañero de juegos, adquirió formación empresarial y varios saberes del mundillo gastronómico. En 2012, montó en La Habana el restaurante Mediterráneo y acordó con Misael que este produjera la base del menú que allí utilizarían, en un proyecto que llamaron De la granja a la mesa.

“Esa es una modalidad de la gastronomía que ahora está muy de moda, pero que conceptualizamos como una necesidad para poder hacer un menú con dieta mediterránea, basada en productos frescos y naturales. Fue un reto, pero funcionó”, estimó Relova, el otro coordinador del proyecto, y agregó: “El diseño de los modelos de negocio y gestión se basa, justamente, en experiencias que había visto en el extranjero. Después tratamos de adecuarlas a las realidades de Cuba”.

Los ingresos obtenidos por el restaurante propiciaron un capital para el desarrollo de la finca que, poco a poco, fue creciendo en infraestructura. Así se construyó, entre la verdosa espesura, ranchón, bar, establos, diminutos parques infantiles… se pavimentó la zona residencial, se instaló una mini-industria de queso…

“Empezó a verse como un único proyecto la finca y el restaurante”, explicó Relova. Mediante contratos con turoperadores, se creó una ruta turística en la cual los clientes visitaban las siembras de lo que luego consumirían en el Mediterráneo, hasta que este fue cerrado para concentrar las fuerzas en el ranchón campestre.

Antes de esta unión entre las familias Ponce y Relova, en la finca casi no se empleaban los métodos agroecológicos. Comenzaron a usarse para producir comida sana para el restaurante.

“En Cuba hay un movimiento agroecológico bastante fuerte. La gente interpreta la agroecología como un modelo fácil de aplicar y como una salida a la ausencia de otras posibilidades. Pero es una alternativa que a pequeña escala funciona, con resultados económicos favorables”, opinó Relova, mucho más conversador que su colega. “Aquí la agricultura se ha hecho sostenible y vamos creciendo en función de ingresos extras”.

Por suerte, la transición hacia un cultivo sin fertilizantes químicos, que suele ser costosa, se sopesó gracias a que muchas áreas de la finca estaban repletas de marabú: al limpiarlas, quedaron prácticamente vírgenes; incluso, las tierras recibidas en usufructo estaban ociosas. Mas no había en la zona suelos degradados.

Eso sí, cada proceso constructivo se hizo manteniendo la topografía irregular. “No se debe distorsionar tanto el paisaje, porque este aporta su bienestar a la finca. Es justamente el balance entre tratar bien a los cultivos y a la naturaleza”, dio las mieles Relova.

Los visitantes de Vista Hermosa, más allá de disfrutar de un platillo o un trago exquisitos, se maravillan con los búfalos que en la laguna toman su baño de mediodía; o con otras criaturas que andan libres; o tras un viaje a caballo hacia la cima de una peña transformada en el mirador de una hermosa y abierta llanura tropical donde yace apresada la penitenciaría del Combinado del Este.

Ciclo cerrado

Los incipientes resortes de la autonomía municipal.

Con leches caprina, vacuna y bufalina se produce yogurt y varios tipos de queso: mozzarella, fresco, semiduro, de crema…

El turismo trajo prosperidad, inversiones y hasta queso.

Aprendieron a elaborarlo artesanalmente en el restaurante Mediterráneo gracias a un cliente habitual, Antonedu Tola, un italiano de la Cerdeña. Les enseñó tal y como lo hacía su familia sarda desde hace 400 años. También les transmitió técnicas para hacer embutidos. Cada seis meses venía a Cuba y pasaba tres días a la semana en la finca. Se volvió muy cercano. En 2020, Antonedu murió por la covid-19.

Los tiempos felices para el turismo en Cuba coincidieron con los últimos años de la presidencia de Barack Obama. No fue casualidad, claro. La apertura de las relaciones entre Estados Unidos y la isla caribeña, durante 2014 y 2015, provocó que, desde los cruceros, incluso antes de arribar al puerto de La Habana, se vendieran tours de agroturismo hacia Vista Hermosa.

Es más, según Relova, en la finca se hizo la primera experiencia turística organizada entre estas dos importantes compañías: la italiana Slow Food y la estadounidense Airbnb. Pero con la covid el turismo se fue al garete.

“El modelo de negocio que pensamos desde un principio se vio afectado, pero no nos caímos por tener la capacidad de autogestionar la producción agropecuaria”, dijo Relova.

Al disponer de alimentos en tiempos de crisis y carencias, crearon grupos de WhatsApp para comercializar sus quesos, yogures, verduras agroecológicas y ofertas gastronómicas. “No nos paramos. De hecho, aprovechamos ese tiempo para hacer inversiones en construcción; cuando había turismo no era posible, porque la propia dinámica de trabajo no lo permitía”, añadió.

La clientela cambió: de visitantes a residentes; y el dinero, a pesos cubanos. En ese entonces, el negocio transcurría bajo el amparo de una licencia de Trabajado por Cuenta Propia (TCP) para la elaboración y venta de productos alimenticios (que cubría la mini-industria de queso y el ranchón-restaurante) y la de producción agropecuaria, a través de la gestión cooperativista.

Sin embargo, ya el desarrollo de la finca sobrepasaba el alcance de esas licencias y para seguir desarrollándose tenía que pasar a otro tipo de organización.

“No encontrábamos ninguna base legal para sostener eso”, aseveró el también consultor jurídico de una empresa italiana desde hace 25 años. Relova se refería a meses atrás, cuando las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme) no asomaban su hocico y muchos negocios operaban en un estado de “alegalidad”.

En 2021, cuando empezaron a publicarse las regulaciones que abrieron nuevas oportunidades para emprender, Raúl y Misael no optaron por erigir una mipyme, el salto más socorrido, sino por convertirse en un proyecto de desarrollo local.

Una nueva forma de gestión

Los incipientes resortes de la autonomía municipal.

El agroturismo constituye un motor para el desarrollo de la finca.

En febrero pasado, la intendencia de Guanabacoa aprobó el proyecto de Vista Hermosa y meses después lo hizo oficial. ¿Pero qué diferencias hay entre este estatus y el de mipyme?

Para empezar, un proyecto de desarrollo paga menor tasa impositiva. Otra diferencia es su compromiso con la comunidad y son más estrechas y recíprocas las relaciones con el gobierno local.

Según Ponce, ahora, en una sola licencia, “sí se encierran todas las actividades que hacemos”. Y tienen mayor flexibilidad para operar y más facilidad para realizar contratos con entidades estatales, sea para adquirir insumos, venderlos o solicitar algún servicio.

Antes, cada trámite relacionado con la producción agropecuaria debía hacerse a través de la dirección de la cooperativa. Hoy, en cambio, funcionan como un ente independiente, y realizan un único aporte como proyecto, en vez de dos como productor y TCP.

Además, tienen más libertad para establecer colaboraciones con organizaciones internacionales. “Antes siempre había intermediarios que identificaban hacia dónde iban esos fondos, y a veces eran solo ellos los beneficiarios”, valoró Relova, pero subrayó que la finca no tuvo esos beneficios.

“Aquí ha sido a pecho limpio: se ha ido reinvirtiendo en cada momento, cuando las condiciones económicas lo han permitido. Eso nos ha dado la posibilidad de tener más autonomía y disfrutar un poco más nuestro esfuerzo”, tal vez sonrió. “Y cuando no tienes nada regalado, cuidas más las cosas”.

A mediados de noviembre, el proyecto recibió su primera donación, procedente del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), consistente en implementos para producir de queso.

Marcelo Resende, representante de la FAO en Cuba, afirmó a la agencia Prensa Latina: “Con la finca Vista Hermosa estamos apoyando, por una parte, una mini-industria de queso. Y, por otra, un proyecto de desarrollo local sostenible, de cooperación con el municipio. Así promovemos un sistema alimentario más sostenible y asistimos, en el marco de la actualización del modelo económico, una experiencia que se pueda multiplicar en otros territorios”.

En esa tónica, Vista Hermosa mantiene –y debe hacerlo– un intercambio constante con la localidad. Y así han organizado “mercados de la tierra”, donde consumidores y productores agroecológicos se ven las caras, sin intermediarios. Mediante diez grupos de WhatsApp ofertan alimentos a más de 1 000 familias cada quincena y surten distintos puntos de venta en Guanabacoa. Gratuitamente entregan 5 000 litros anuales de leche de cabra a niños del municipio intolerantes a la lactosa. Proveen a dos asilos de ancianos y en total emplean a casi 60 trabajadores.

Afortunadamente, las experiencias obtenidas sobre gestión empresarial no quedan en un baúl. A solicitud de las autoridades locales, hoy se encaminan a rehabilitar dos instalaciones gastronómicas insignes de Guanabacoa, El Faro y El Colonial, y transmitirles la filosofía “de la granja a la mesa”.

Los incipientes resortes de la autonomía municipal.

Los búfalos de agua maravillan a los visitantes.

La ganadería de búfalos también se encamina a servir como referente para otras granjas privadas y estatales del territorio. “Eso es parte del desarrollo local. O sea, ayudar a cambiar la matriz agropecuaria del municipio”, señaló Relova.

“Estamos haciendo como un proyecto madre –detalló- que resuma un protocolo desde nuestra experiencia y que pueda ser aplicado tanto por todos los productores, en función de un manejo de economía circular, un manejo resiliente ante las crisis”.

Con la personalidad jurídica de proyecto de desarrollo local, probablemente Vista Hermosa crezca aún más, quizás hasta convertirse, por qué no, en un pilar de la economía de su municipio.

Compartir

Dariel Pradas

 
Dariel Pradas