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Publicado el 8 Mayo, 2016 por Irene Izquierdo en Actualidades
 
 

¿Pudiera tapar su estornudo, por favor?

Si antes alguien estornudaba en una habitación cerrada o con escasa ventilación, las personas permanecían indiferentes. Hoy no. Se aprecia una mayor preocupación a la hora de enfrentarlo, pues todos saben que es capaz contagiarles diversas enfermedades
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Taparse la boca a la hora e estornudar evita la transmisión de enfermedades.

Hay normas elementales que cada ciudadano debe cumplir; taparse la boca cuando estornuda es una de ellas. (Foto: diariohuarpe.com).

Por IRENE IZQUIERDO

Ha trascendido en la historia que el militar, historiador y filósofo ateniense Jenofonte pronunció, hacia el año 400 antes de nuestra era, una larga y dramática arenga, instando a las tropas a luchar contra los persas. Y cuentan –de manera más fiel o versionada- que transcurrida una hora, bajo condiciones climáticas adversas, un soldado tomó la decisión de cerrar aquella “muela”, como diríamos hoy, con un estruendoso estornudo, acción que fue considerada una señal favorable de los dioses.

Entonces, los griegos hicieron general a Jenofonte y lo siguieron al combate.

Tal anécdota forma parte de la listas de historias, leyendas y costumbres que han “santificado” al estornudo, igual que relacionada con el hecho de que los católicos romanos popularizaron el uso de la bendición como respuesta a esta forma de despedir con violencia el aire de los pulmones.

Durante muchos años tuvo connotación religiosa y tras el estornudo venía la bendición. El hábito de decir “salud” data de la época del Papa Gregorio I, quien para combatir la peste, en el año 590, ordenó letanías, procesiones y plegarias constantes. Quien estornudaba era bendecido enseguida para evitar el desarrollo de la epidemia.

En tiempos de mi abuela decían que si ocurría una vez se cumpliría un deseo; dos veces, se recibiría un beso, y tres ocasiones, sería presagio de que mandarían una carta; si se presentaba antes del desayuno, podía ser posible que un extraño o conocido llegara la casa, y dos veces durante tres noches seguidas, presuntamente anunciaba que pronto moriría un miembro de la familia.

Ejemplos hay miles y con los más diversos significados, pero lo cierto es que, en la actualidad, la presencia de distintas enfermedades respiratorias al parecer inexistentes ya, ha exigido la revitalización  de medidas por mucho tiempo engavetadas, sobre todo en los lugares de obligada concurrencia  de personas.

Si antes alguien estornudaba en una habitación cerrada o con escasa ventilación, las personas permanecían indiferentes. Hoy no. Se aprecia una mayor preocupación a la hora de enfrentar un estornudo, pues todos saben que es capaz de transmitir el contagio de diversas enfermedades.

¿Qué es un estornudo? Un mecanismo de defensa del aparato respiratorio; muchos estudiosos lo definen  de varias maneras como: una explosión súbita, forzada e involuntaria de aire a través de la nariz y la boca; una respiración violenta, espasmódica y sonora, a través de las fosas nasales y la boca, con o sin arrastre de mucosidades, o como una reacción del cuerpo al tratar de eliminar o expulsar polvo o cualquier otro irritante desde dentro de la nariz.

Y un dato muy interesante es que, mediante esa acción de una duración de segundos, se pueden expulsar partículas capaces de cubrir o contaminar un área de seis metros cuadrados, salidas a una velocidad promedio de entre 110 y 160 kilómetros por hora.

Catarro, gripe, sinusitis, influenza, rinitis y alergias son padecimientos que lo ocasionan, y cuando ocurre, pone en acción los músculos del abdomen, el pecho, los bucales, faciales, los que controlan las cuerdas vocales y los de la parte posterior de la garganta,  el diafragma y los párpados.

Cierto es que cuando aparece, no se puede evitar, por la incomodidad que deja en las personas. Al cerrar los labios o apretar la nariz puede crearse presión en boca y garganta. Este acto fuerza a las bacterias o el polvo a penetrar en las cavidades mucosas de los senos paranasales, trompas de Eustaquio u oídos, lo que puede causar severas infecciones.

Si observamos detenidamente, existen enfermedades bacterianas que se trasmiten por vía aérea y no siempre tenemos conocimiento de que las padecemos: tuberculosis y la faringitis, entre otras que pueden parecer sencillas, como la neumonía o la tosferina.

Recuerdo que cuando el virus A (H1-N1) hizo su aparición, se extremaron las medidas para detener su expansión y las consecuencias que podía causar. Como  principal se recomendó usar pañuelos para cubrirse la nariz y la boca al toser y estornudar, con el propósito de evitar posibles contagios de la temible enfermedad, transmisible a través del aire. Nadie podía dudar que existiera la posibilidad de contraer el mal si una persona inhalaba o respiraba las pequeñas gotas de un estornudo o de una tos fuerte de la persona enferma.

Ese mismo daño lo causan los estornudos de personas que padezcan otros males.

Sabemos que la vida es un reto permanente. Taparse la boca con las manos no es la solución, porque todas las partículas que se desprenden por el estornudo quedan, y si vamos en un ómnibus en las primeras horas de la mañana –o de regreso a la casa- otras pueden llevarse los gérmenes en sus manos o respirarlos dentro del vehículo.

Cuidar ese detalle deviene forma de prevención. Es cierto que hoy muchas personas suelen obviar el uso del pañuelo, pero esta es una mínima prenda, con muchos fines   –todos buenos-, que nadie debería menospreciar.

Además, existen normas que son de elemental educación, como la de taparse la boca a la hora de toser o estornudar, sobre todo en los lugares donde hay aglomeraciones. Cumplirlas no cuesta y reporta muchos beneficios.

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Irene Izquierdo

 
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