Apuntes para un nuevo curso escolar
Apuntes para un nuevo curso escolar

Apuntes para un nuevo curso escolar

—Lisi, ¿qué quieres ser cuando seas grande? —le preguntó a su amiguita el pequeño, que recién finalizaba el primer grado.

—Bailarina. ¿Y tú?

—Pintor.

Otro niño, que los miraba mientras conversaban, quizá tres años mayor que ellos, les confesó que él va a ser guagüero.

—¡Qué rico! Nos llevarás a pasear en tu guagua —dijo Lisi y los tres sonrieron.

—¿Sabes lo que quiere ser LM cuando sea grande? —preguntó el primer niño, refiriéndose a otro compañero de aula—. Dice que quiere ser delincuente.

—¿Y qué es ser delincuente?

—Delincuente quiere decir ladrón.

***

La escuela es el reflejo en miniatura de la sociedad: diversa, compleja, cargada de conflictos… En ella confluye lo esperanzador con lo inquietante: la familia cuya existencia es apacible y sin sobresaltos (difícil de imaginar hoy), con la que vive en medio de un caos diario en pos de la subsistencia. Ha sido así, y lo es en la actualidad con muchísimos otros matices que hacen más complejo todo.

Quizá a quien no tenga niños, adolescentes o jóvenes en edad escolar le suene a retórica, pero si tomamos en serio la aspiración de un estudiante que apenas acaba de iniciarse en el mundo escolar y ya comienza a asumir un “destino” aprendido en el barrio, en el espacio intrafamiliar, ¡o a saber dónde!, deberemos aceptar que nuestra sociedad, con todas sus carencias materiales y humanas, está dejando demasiadas brechas que luego pudieran ser insalvables.

A la escuela se va a aprender, pero también a soñar el futuro. Y suponiendo que este pequeño no entienda muy bien lo que implica ser delincuente, pensemos en aquel otro, estudiante de secundaria, que se negó varias veces a asistir a las pruebas finales porque tenía una reservación de hotel y… “total, para qué estudiar tanto”.

La familia –preguntaremos– ¿qué está haciendo con ese adolescente? Muy cuestionable, sí. Pero, ¿y qué está pensando la escuela, que permite que muchacho y padres “jueguen” con algo tan serio como los exámenes y luego, cuando decide presentarse en la institución, le aplican una batería extra y listo, grado vencido? ¿Dónde están la autoridad, la exigencia, la formación de esa escuela que no le enseña a un alumno que cada acción tiene una consecuencia, y que, si no quiso ir a ninguna de las convocatorias oficiales de exámenes, deberá repetir el grado?

Comienza otro período lectivo en Cuba, entre la complejidad económica para garantizar artículos escolares básicos (mochila, zapatos, gomas, lápices, sacapuntas…), el rompecabezas para reparar algunos libros que parecen no tener remedio, o la compra a personas que, haciendo caso omiso a la advertencia que cada libro tiene en su carátula: Distribución gratuita. Prohibida su venta, “resuelven el problema” a quien pueda pagar por ellos.

¿Por qué cada vez que inicia un nuevo curso escolar nos parece que hay menos libros de texto y cuadernos de trabajo? Carencias materiales, crisis del papel en las imprentas, inflación… serían algunos argumentos. Y volveremos a preguntar: ¿No es esa otra “fisura” por donde se cuelan el oportunista, el aprovechado, el abusador?

Existen familias que no podrán pagar 250 pesos por la impresión de un libro; hay quienes no disponen de facilidades tecnológicas para que sus hijos estudien por textos en formato digital, y a otros –ojalá los menos– ni siquiera les importa que sus hijos respondan la tarea.

Apuntes para un nuevo curso escolar
Foto. / radiobayamo.icrt.cu

En diversos grupos de Facebook se declara abiertamente el “servicio” en varios municipios de La Habana. En Holguín una amiga pagó 900 pesos por los tres libros para su niña, que comienza el grado preescolar, y a otra le ofrecieron un cuaderno de escritura para primer grado en 800 pesos. Y no ahondaremos en los costos de la merienda ni en “el plato fuerte” que, a diario y como puede (si puede) cada familia les entrega a sus escolares para acompañar el almuerzo de las instituciones seminternas. Pensemos también que todo eso, aunque necesario, es secundario frente a lo más importante: la calidad de la formación educativa de quienes serán los adultos del futuro, la fuerza de trabajo que sostendrá a este país dentro de 15 o 20 años.

***

La madre de Ka podría explicar las razones por las cuales recoge a la hija a las dos de la tarde todos los días, pero no se lo preguntan. “A nadie en la escuela le preocupa. No me preguntan porque saben la respuesta. A cada rato nos piden a los padres que recojamos a los muchachos después de almuerzo”, asegura ella, quien nunca necesitó de otra educadora que la que tuvo en su aula cuando niña para aprender.

Ahora es distinto, piensa: “Por eso, se la llevo a una repasadora particular y así ni me molesto en discutir con la maestra porque mi hija no avanza”.

Y la madre de Ka no es la única que paga para que le enseñen a su niña lo que en la escuela es gratis. Es una de las tantas que se indignó cuando le dijeron que, si quería, no la llevara más a inicio de noviembre, porque ya habían dado todo el contenido, cuando al curso le faltaban aún 15 días y la maestra había estado ausente del aula varias semanas.

Nadie se extrañará entonces cuando una profesora de secundaria básica en La Habana nos cuente una experiencia reciente que vivió mientras cuidaba un examen de Historia de Cuba: “Uno de los muchachos me hacía señas para que me acercara a su mesa —recuerda—. Le dije que la prueba estaba bien clara, pero él insistió. ‘Profe, es que tengo dudas aquí con este inciso. No sé cómo poner: si Camilo Cienfuegos fue, es o será’”.

A esa misma profesora, cuando inició el curso pasado, se le acercó una madre ofreciéndole un paquete de pollo:

—Lo que quiero es que mi hijo no haga Educación Física en todo el curso —y prometió—: El pollo no le faltará.

La profesora miró el paquete con tanta rabia, con tanta impotencia, no solo por el atrevimiento de la mujer que pretendía comprarla, sino porque, en realidad, había dejado el congelador vacío y sí necesitaba aquel producto que le ofrecía en canje para alimentar a sus dos hijos. Antes de llegar a la escuela, había pasado por la tienda a la que pertenecía su bodega y debió decidir si quedarse o ir a cumplir con sus alumnos. La cola era inmensa, le tomaría medio día o más. Y allí estaba ella entonces, frente a la tentación de un paquete de pollo y a su dignidad diciéndole que ni loca podía aceptar tamaña falta de respeto. No diremos qué puso en el plato aquella noche sobre la mesa.

***

Toda buena familia aspira a la mejor educación, al trato óptimo, a las condiciones materiales excelentes en el entorno escolar; a que quien esté frente al aula sienta pasión por enseñar, que sepa resolver los conflictos entre alumnos con sensibilidad e inteligencia; a que, si un estudiante tiene un dolor o está afiebrado, no lo deje con cara de pollito triste en su asiento hasta que llegue el familiar, sino que lo proteja y lo cuide como a su propio hijo… Todo buen maestro, supongo, sueña con ganar un salario que honre sus necesidades por dar lo mejor de sí en cada jornada, con el cerebro en los números de la pizarra y no en los de la cola del pollo o el aceite.

La pandemia por covid-19 transformó la relación entre la familia y la escuela, que ya venía desgastándose desde hace varios años. El distanciamiento físico y las medidas de protección alejaron a los padres del entorno de las instituciones y hoy los carteles a la entrada de ellas continúan advirtiendo que el paso está prohibido. Las quejas de los familiares llueven, y solo celebraría esta exclusión por medidas de seguridad, para que nadie ajeno pueda hacer daño a nuestros niños; mas entrar, observar el ambiente, dialogar con los maestros, verlos desenvolverse entre los estudiantes, preguntarles qué hace falta, cómo van los muchachos… devolvería la sensación del regreso real a aquella normalidad que hoy recordamos con nostalgia. Ahora, que recién comienza este curso escolar, insisto en que la escuela debería ser siempre un remanso donde cohabiten armónicamente la alegría por aprender y el interés por socializar, disfrutar y compartir saberes. La escuela debería ser la gloria para los estudiantes, los maestros y las familias.

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9 comentarios

  1. Muy buen análisis y muy oportuno. Estamos necesitados de ese periodismo que profundiza en los problemas que se alejan de la verdadera esencia de la Revolución de Fidel Castro. La Educación es una de nuestra conquistas y no se trata solo de preservarla, sino de alejarla de patrones que nada tienen que ver con su carácter igualitario . No todos los bolsillos alcanzan para semejantes campañas.

  2. Excelente publicación, y lo sufro en carne propia porque soy madre de dos niños en edad escolar y créeme que aún mantengo la cordura por la familia y el esposo que tengo, porque esta situación que estamos pasando hoy desde todos los escenarios es muy triste, solo espero que en algún momento mejore la esperanza es lo último que se pierde. Mientras haya salud y ganas de hacer seguiremos tratando de salir adelante.

  3. Lo que pasa hoy es que el espacio que hay para el encuentro entre maestro y padres que son las escuelas de padres no se dan , no se dan horarios de atención a los padres , los diagnóstico son solo papeles muertos sin utilidad, lo digo porque inparto la,asignatura de Pedagogía a estudiantes universitarios de la carrera de Licenciatura en Primaria y sale esto en las clases

    1. Me disculpa Ernesto pero este artículo no es un análisis es una historia que todos sabemos, es una narración de un triste hecho cotidiano. Hace bastante ya. No señala responsables, no se entrevista a un funcionario. La prensa no es responsable pero creo que tiene el deber de ser más profunda e inquisitiva. Para saber esas historias no hace falta un espacio en la prensa, solo estar en la calle.

  4. Soy abuela de tres niños en edades diferentes y como es logico en grados distintos viven en San Miguel del Padrón y en la escuela a la niña de primer grado le faltaron dos libretas y el libro de matemática que es para dos, ya no pueden estudiar en casa por el libro , el niño de tercer grado le faltaron una libreta , y la de quinto el libro de ciencias naturales. yo pregunto donde esta el material de estudio de años anteriores cuando yo estudiaba si no presentaba el libro de texto no podía hacer la prueba, ahora no exigen eso porque no saben cuanto cuestan los libros 800.00 del matemática de 1er grado y cada libreta cuesta 180.00 que dinero hay que buscar para que tu niño tenga su material completo.

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