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Publicado el 11 Abril, 2016 por Victor Manuel González en Bohemia Vieja
 
 

Bohemia en Girón: El pueblo derrota la invasión

A cargo de VICTOR MANUEL GONZÁLEZ ALBEAR

Fotocopias de MARTA VECINO ULLOA

Hace 55 años, en su edición del 30 de abril de 1961, BOHEMIA recogió en sus páginas los testimonios de la epopeya.

De uno de los extensos reportajes publicados, firmado por el periodista Luis Báez, reproducimos parte del texto y el material gráfico, así como los facsímiles de esas páginas, con el propósito de que los lectores de BOHEMIA vieja sientan el aliento de los protagonistas.

Con el Comandante en Jefe, en la zona de operaciones el corresponsal de guerra.

Con el Comandante en Jefe, en la zona de operaciones el corresponsal de guerra.

EL PUEBLO DERROTA LA INVASION

 “SI NOS DEJAN VIVOS  A CINCO DE NOSOTROS MATAMOS A LOS JEFES QUE NOS EMBARCARON”
DIJERON AL ENTREGARSE PRISIONEROS DE LA APLASTADA INVASION MERCENARIA

por LUIS BAEZ

Corresponsal de Guerra en el Frente

Cómo se movió Fidel en el frente de guerra. La movilización del pueblo uniformado. Ataques aéreos. La gusanera puesta en fuga. Heroica conducta de la milicia,  el ejército rebelde y los aviadores de la FAR. La revolución cubana consolida su prestigio en el mundo entero

Breve relato de las primeras impresiones captadas en el escenario de los combates

FOTOS DE GILBERTO ANTE, MIRALLES,  AMETLLER, SALAS Y ARCHIVO.

portada-reportajeSALIMOS de la capital rumbo al Central Australia a las diez de la mañana del lunes. Siete horas        antes —desde las tres de la madrugada— habían comenzado los desembarcos de tropas mercenarias por la Bahía de Cochinos y sus inmediaciones, según informes trasmitidos a La Habana. En el trayecto, la situación era dramáticamente reveladora de que ya nos disponíamos a    luchar contra la cobarde agresión imperialista. En las carreteras y los  pueblos, al entrar en la provincia de  Matanzas, la movilización de las  milicias y del Ejército Rebelde se   traduce en el envío de camiones,   rastras, jeeps y transporte de equipo pesado que se dirigen a defender el suelo patrio, hollado por los  agresores.                                                          

Pasadas las 12 ni estamos a las puertas del ingenio, primer punto importante en las cercanías del escenario de las operaciones. Pertenecemos al grupo de los primeros corresponsales que llegan. En el central Australia se acentúa la atmósfera de combate. Milicianos que van y vienen; órdenes, instrucciones, y a lo lejos se alcanza a escuchar los fogonazos de la contienda. Las noticias que proceden del frente nos ponen en tensión.

 —Parece que van a traer el cadáver de un paracaidista —exclama alguien.

Por nuestro lado, sobre una camita, pasan al muerto. Tiene el rostro tiznado de negro y usa un uniforme de sapo, como allí le decían los muchachos, por estar camouflageado ron distintos tonos de verde.  Se lo llevan a Jagüey Grande.      

— Es un americano que cazamos con la metralleta— es el comentario.

Desolación y tragedla creada por el enemigo. Son viviendas campesinas de las muchas que hizo la revolución en la Ciénaga, arrasadas por los bombardeos.

Desolación y tragedla creada por el enemigo. Son viviendas campesinas de las muchas que hizo la revolución en la Ciénaga, arrasadas por los bombardeos.

Lo esperábamos, pero no podemos sustraernos a la exclamación:   

— ¿Hay paracaidistas?

¡Hay de todo! es un ataque en grande —responde un oficial— Se  trata de una operación de desembaque anfibio y paracaidística, con barcos y barcazas, tanques, cañones y ¡aviones compañero, que han ametrallado a la población!

 Avanzamos hacia más adentro del Australia. Es el primer sitio donde se instala la Comandancia. Un saludo para el capitán José Ramón Fernández, responsable de la escuela de Milicias, de Managua y Matanzas —el gallego Fernandez. Junto a un grupo de combatientes estudia, ante un mapa,  la ruta que parecen seguir los gusanos invasores. 

Dentro de un tanque, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, dirige el contraataque, junto a las milicias, junto al Ejército Rebelde, junto al pueblo.

Dentro de un tanque, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, dirige el contraataque, junto a las milicias, junto al Ejército Rebelde, junto al pueblo.

— ¿Capitán, podemos ir al lugar de las operaciones?

— Sí, —contesta sonriente— pero ten cuidado que hay aviones enemigos.

De alguna parte sale Fidel, el Comandante en Jefe. Lo acompaña el Comandante Augusto Martínez Sánchez. Vienen de inspeccionar la zona y ahora se reúnen todos. La estrategia de victoria se pone en marcha. Fidel se mueve de un lado a otro. A grandes pasos y tocándose la barba, imparte instrucciones.

— Augusto, quédate aquí, en el Australia.

En un despacho privado completan los planes de contraataque. Nosotros decidimos salir en un pisicorre. Queremos coger por la carretera que conduce a Playa Larga. Es aún de día. Continuamente nos avisan de que tengamos cuidado porque hay aviones enemigos tiroteando. En dirección contraria pasan ambulancias con heridos. Se ven también, camiones y guaguas con milicianos y soldados rebeldes. A ambos lados de la vía, grupos de defensores internados en la maleza escudriñan cielo y tierra buscando paracaidistas.

Las “cuatro bocas” respondieron a su inmejorable calidad derribando a los aviones yanquis agresores.

Las “cuatro bocas” respondieron a su inmejorable calidad derribando a los aviones yanquis agresores.

Volvemos al Australia. El Comandante en Jefe está de recorrido, vigilando los mandos, trazando el camino del triunfo. Una de sus primeras preocupaciones fue la de disponer la evacuación de familias campesinas para alejarlas del peligro. La metralla mercenaria segó vidas indefensas, solamente entregadas al trabajo laborioso y constructivo de las cooperativas, en una zona donde la Revolución había hecho una de sus obras capitales: carreteras sobre pantanos, cientos de casas para los cienagueros, hermosos centros turísticos, jornadas de alfabetización y empleo seguro y permanente para los guajiros de la localidad.

Al caer la noche del lunes crece el movimiento de refuerzos revolucionarios. Ha sido asombrosamente rápido el desplazamiento de equipos pesados, cañones y baterías antiaéreas de la base Granma, y el capitán “Pepón” Álvarez al frente. Tropas frescas sustituyen a los heroicos combatientes del batallón 117 de las milicias que andaba de operaciones por la zona de Cienfuegos y que hicieron con resistencia increíble, con metralletas y fal, a los invasores, fabulosamente armados.

En el escenario de operaciones Fidel se movía con asombrosa agilidad, planeando la estrategia para aplastar a los gusanos. Lo acompañaban miembros de su escolta y el “gallego” Fernández, capitán del Ejército Rebelde.

En el escenario de operaciones Fidel se movía con asombrosa agilidad, planeando la estrategia para aplastar a los gusanos. Lo acompañaban miembros de su escolta y el “gallego” Fernández, capitán del Ejército Rebelde.

Puesta fuera de combate, por el enemigo, la pequeña guarnición de Girón, y poco después la del Australia, también muy reducida que la ayudó— fue el batallón de milicias de la Perla del Sur el que pudo frenar momentáneamente la embestida. La valentía y arrojo de sus integrantes permitió después a fuerzas más numerosas y mejor equipadas contribuir al aplastamiento definitivo de los criminales aventureros financiados por el Pentágono.

El Autralia ardía en expresiones y comentarios sobre la lucha que se libraba en Girón, en Playa Larga, en Soplillar o en Pálpite.

— ¿Oye viejo, traían armas pesadas!

— ¡Y gelatina incendiaria!

— ¿Viste los aviones B26 y Sabres? ¡aviones a chorro!

Jesús Álvarez, un muchachito del batallón, cuenta a un grupo lo que le ocurrió en horas de la tarde:

— Me batí   cuerpo a cuerpo con un paracaidista que me habló en español. ¿Saben lo que me dijo?: “No me mates” ¿Cómo, que no te mate? —le contesté—. Si mi madres está sufriendo por culpa tuya.

Más avanzada la noche nos enteramnos de que la Jefatura de la Comandancia —donde está Fidel está ella— se ha trasladado hacia el sur.}, después de pasar la Laguna del Tesoro.  Hasta allá nos encaminamos. Nos rodean tanques y antiaéreas. Fidel da instrucciones precisas:

— Bueno, mañana tiene que estar tomada Playa Larga.   (…)

Nota del editor: El texto es mucho más extenso como puede apreciarse en los facsímiles de las páginas:

Se reproducen a continuación,  con sus pies originales, las fotos incluidas en el reportaje seleccionado:

La metralla de los criminales alcanzó a los hijos de las familias campesinas. Ahora los que defienden a los gusanos en Estados Unidos piden clemencia para los prisioneros. Los padres de estos niños acribillados piden paredón para los culpables.

La metralla de los criminales alcanzó a los hijos de las familias campesinas. Ahora los que defienden a los gusanos en Estados Unidos piden clemencia para los prisioneros. Los padres de estos niños acribillados piden paredón para los culpables.


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González