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Publicado el 10 Mayo, 2016 por Victor Manuel González en Bohemia Vieja
 
 

¡Nada de Intervención!

El texto refleja el estado de ánimo respecto a las reiteradas intervenciones armadas de EEUU en los asuntos internos del país

A cargo de Víctor Manuel González Albear

Fotocopia: Centro de Documentación

En una edición extra de solo 32 páginas fechada 10 de septiembre de 1933, a menos de una semana de los sucesos del 4 de septiembre –la rebelión de sargentos y soldados del Ejército y la Marina- BOHEMIA incluyó el editorial que reproducimos es este espacio.

El texto refleja el estado de ánimo respecto a las reiteradas intervenciones armadas de EEUU en los asuntos internos del país. Las no militares -o sea el dictado sobre la política y todos los asuntos del país- eran cotidianas desde que los yanquis frustraron la independencia de España -tan peleada por los cubanos- y establecieron aquí su neocolonia.

Pero leamos la letra y el tono de lo dicho en aquellos días confusos, y finalmente también frustrantes.

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Nada de Intervención!

NINGUN cubano que tenga un poco de vergüenza y de dignidad debe ni siquiera concebir la posibilidad de, una intervención extranjera, por­tadora de la odiosa misión de destruir nuestra sobera­nía y de reducirnos a la denigrante condición de escla­vos de una raza que no tiene ninguna relación de con­sanguinidad, ni de ideales, ni de costumbres con nos­otros. No existe ninguna razón básica para una intro­misión militar norteamericana en nuestra tierra, fuera de la imaginación de los cobardes, de los descastados Y de los viles enemigos de la prosperidad republicana, autores de ese laborantismo canallesco y miserable. Nunca se ha visto nuestra soberanía tan sólidamente consolidada como en los actuales momentos; nunca he­mos sentido los cubanos una confianza tan plena y tan profunda en nuestra capacidad y en nuestra decisión para garantizar la integridad de nuestra patria y de nuestra independencia. Es una bochornosa cobardía vi­vir en el continuo sobresalto de que otra nación, sin motivos legítimos de ninguna clase, arroje sobre nues­tras costas a unos montones de soldados y de cañones, para invadir un territorio que no le pertenece, para despojarnos de, una libertad conquistada a costa de tanta sangre y de tantas vicisitudes, y para mancillar nuestra dignidad de ciudadanos y de hombres.

Cuba no es un pedazo de tierra abandonado en el océano; es un territorio individualizado, con un conglo­merado de ciudadanos que nada tiene que envidiar a las colectividades mejor preparadas. Cuba es una nacio­nalidad reconocida internacionalmente, que tiene derecho a sostener las mismas luchas intestinas y a cometer errores dentro de sus límites geográficos, como cualquier otro pueblo. Nuestras inquietudes y nuestras discrepacias son más o menos de la misma naturaleza que otros fenómenos de orden colectivo que se han desarrollado y se desarrollan en otros países, originados por las patrióticas ansias de mejoramiento que se agitan perpetuamente en todos los grandes corazones. No somos una manada de salvajes ni una agrupación de parias indefensos que necesitan la tutela o la vigilancia de una nación más fuerte que le garantice su propia subsisten­cia y la de los extraños que conviven con nosotros. So­mos ciudadanos de una nación libre, independiente, or­ganizada, con muchos hombres culturalmente autorizados para regir sus destinos y varios millones de hijos para amarla y defenderla.

Rechazamos enérgicamente toda idea de intervención; estamos ahora más que nunca convencidos de la efectivi­dad del patriotismo de todo el pueblo cubano para man­tener su soberanía, y tenemos más vivo que nunca el sentimiento de la posesión de nuestros derechos para re­solver nuestras cuestiones interiores, sin la ingerencia de ningún otro factor extraño que no solicitamos ni deseamos.

¡Nada de intervención! La República se estabiliza perdura a despecho de todos sus enemigos y de todos los pusilánimes y degenerados que nos asquean con sus despreciables conjeturas. Pero en caso de, que la bota yanqui, estimulada por los traidores o por su egoísmo imperialista, se adelantara amenazadoramente para man­char nuestro honor de hombres libres, advertimos, tra­duciendo el sentimiento de todos nuestros hermanos, que no nos dejaremos arrebatar con los brazos cruzados esta libertad y esta independencia amasada con la sangre y el valor de nuestros héroes y con el dolor de nuestras mujeres. Y si tuviéramos la inmensa desgracia de ver a otra bandera ondear abominablemente en sustitución de nuestra ilustre enseña, la lucha continuará incesantemente, y en esa lucha caerán principalmente, bajo nuestras manos vengativas, los cobardes y traidores indignamente nacidos nacidos en esta tierra, sobre los cuales ha de pesar una gran parte de la responsabilidad de nuestro infortunio

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Se respeta como siempre el estilo y ortografía originales.


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González