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Publicado el 24 Enero, 2017 por Victor Manuel González en Bohemia Vieja
 
 

Un escultor cubano: ESTEBAN BETANCOURT

Esteban Betancourt se merece el apoyo de aquellos de cuya buena voluntad dependen sus triunfos venideros

En una de sus ediciones de 1920 BOHEMIA publicó una elogiosa reseña acerca del entonces joven escultor cubano Esteban Betancourt, quien hasta su fallecimiento en 1942 legó una obra notable a su natal Camagüey y al patrimonio artístico de la nación. Con absoluta fidelidad al peculiar estilo del texto original, lo traemos de nuevo como noticia, y al final añadimos más información sobre el artista, que también creemos va a interesar a nuestros lectores.


Un escultor cubano

ESTEBAN BETANCOURT

esteban-betancourt-escultorIncuestionablemente, el artista es un privilegiado, con una chispa de divinidad en el alma.

Aquel que se diferencia del resto de los que integran las masas anónimas, por su extraordinario temperamento, por su extraordinaria retina vislumbradora de mi mirajes más altos por su inteligencia enamorada del sublime prestigio del ideal, es un ser a quien hay que considerar de manera distinta a los hombres vulgares cuyas aspiraciones no pasan de ser anhelos egoísticos y poco simpáticos.

Son innumerables los casos en que del seno de una comunión humilde, surge un individuo de espíritu inconforme, que no se contenta con las meras y bajas satisfacciones del vivir subterráneo y que, clavando sus pupilas más allá de los estrechos  horizontes que lo circunda acecha la oportunidad, acicateando constantemente por su ensueño, de dar un salto y conquistar el campo propicio para sus facultades naturales. Un ejemplo de esto que dejamos señalados, lo tenemos en Esteban Betancourt, joven escultor, con un hermoso porvenir, que ha regresado a su patria, después de algunos años de estudios en el extranjero. Este artista nació en la pintoresca ciudad camagüeyana.

esculturaDesde niño se manifestó en él un apasionamiento irreductible por la belleza. Pero entre todas las artes,-a pesar de que por todas sentía una profunda admiración- la que más le sugestionaba su espíritu, era la escultura. Esto es una prueba incontrovertible de que su vocación es en él tan espontánea, tan innata, como el perfume en la flor, como el blancor en la nieve, como la seducción en las maravillosas pupilas de sus coterráneas.

Betancourt habla de su arte, con esa unción y ese entusiasmo de todo paladín hondamente identificado con la finalidad de sus desvelos. Ha pasado siete años de provechos estudios en Europa. Estuvo primeramente  en Barcelona, en la academia  “La  Lonja”. Notables fueron sus progresos allí, alcanzando diversas notas de sobresaliente.

desnudoDe Barcelona paso a Roma, lugar en que residió durante cuatro años. En esta ciudad fueron más importantes sus triunfos. En varias exposiciones internacionales celebradas allí, figuraron, en puestos de honor distintas obras suyas.

Más tarde estuvo en París, en el maravilloso y luminoso París, sitio paradisiaco que abandonó para venir a Cuba, su amada tierra.

Betancourt nos ha hablado de los lugares que ha recorrido en su artístico peregrinaje. Refiere episodios de su vida en Roma y en la ciudad de Mirbeau, con una fulguración admirativa en las pupilas y una melancólica sonrisa denunciadora de secretas añoraciones, en los labios. Y nuestra perspicacia ha adivinado otras cosas, o supuesto equivocadamente tal vez, engañados por nuestro amor a unos lugares acaso demasiado divinizados por nuestra fantasía.

El talentoso artista viene a su país con el objeto de ser conocido entre nosotros. Él es un escultor que promete mucho. Siente por su arte una gran vocación y ya ha producido obras que garantizan su inteligencia y sus adelantos.

escultor-bustoBetancourt es uno de nuestros jóvenes artistas que poseen más méritos y más derecho a otorgársele una pensión para el perfeccionamiento de su arte, con lo que daría brillantez a Cuba con los frutos que se esperan de su laboriosidad y su talento.

En Camagüey, no dudamos que se entregaran a él las obras escultóricas que se proyecta hacer en esa ciudad.

Esteban Betancourt se merece el apoyo de aquellos de cuya buena voluntad dependen sus triunfos venideros.

Las reproducciones de algunas de sus obras que en esta página aparecen, demostraran que para sus pocos años de estudio sus progresos son de bastante relieve.

                                                                                                         Homero del ROSAL  


Fotocopias: Yasset Llerena alfonso – Transcripción: Claudia Lugo Miranda


N. del E: Se ha respetado la ortografía y estilo originales.


Escultor y profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Este es el monumento a Barberán y Collar hecho por él.

Escultor y profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Este es el monumento a Barberán y Collar hecho por él.(EcuRed)

 

ESTEBAN BETANCOURT

Nació en la ciudad de Camagüey el 3 de agosto de 1893. Comenzó los estudios de su profesión de escultor en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, ampliándolos después en 1913 durante tres años en la Academia de Bellas Artes de Barcelona, bajo la dirección del notable artista catalán Pedro Carbonell, y posteriormente en Roma, donde obtiene en el concurso abierto por la Real Academia de la Medalla, una beca oficial de la Corona italiana, lo que le permite continuar por dos años sus estudios en esta institución, ejercitándose en el arte del medallista.

Mientras estudia expone sus obras en el Palacio de Bellas Artes y en el Círculo Artístico de la Ciudad Eterna, pasa luego a París, donde completa su formación artística, estudiando libremente en la Academia Colarossi y en La Grande Chaumiere.

A su regreso a Cuba en 1923, el Ayuntamiento de su ciudad natal, Camagüey, le encarga la ejecución del monumento en bronce y granito a Manuel Ramón Silva, y gana en el concurso pro-Monumento a la Avellaneda (Gertrudis Gómez de Avellaneda). Al poco tiempo de haber regresado a Cuba emprende nuevo viaje a Europa, donde reside un año en Barcelona, y pasa después a los Estados Unidos, radicándose en la ciudad de Nueva York, en la que permanece por espacio de cinco años dedicado principalmente a la escultura decorativa.

En 1929 regresa nuevamente a Cuba, y hace su ingreso en el profesorado de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, donde presta sus servicios a la enseñanza hasta la hora de su muerte, en la ciudad de La Habana el 21 de julio de 1942, dejando un rico legado de obras notables al patrimonio artístico de la Nación.

Sus obras principales son los Monumentos a La Avellaneda y Manuel R. Silva en Camagüey; Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo; José Martí, estatua de tamaño pequeño en el Museo Nacional de Bellas Artes y una copia en bronce en el Instituto No. 1; los bustos de Leopoldo Romañach, Cristo Jesús, Lincoln y Domingo Ramos, una Metopa en la fachada principal del Capitolio Nacional y multitud de medallas y obras diversas en museos, lugares públicos y colecciones de Cuba y el extranjero.

Obtuvo Medalla de Oro en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla en 1930, y Medalla de Plata en un Salón Anual del Circulo de Bellas Artes de La Habana con su busto del Maestro Romañach, siéndole otorgado por los artistas premiados en esta exposición el más alto galardón que puede conferirse a un compañero: Medalla de Honor. (Tomado de EcuRed)

 


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González