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Publicado el 9 Junio, 2017 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

Rostropovich por los campos de Cuba

En su edición del 9 de abril de 1961, Bohemia publicó esta interesante entrevista a un destacado artista soviético que visitaba nuestro país por esos días en que miles de jóvenes se empeñaban en alfabetizar a un millón de compatriotas en todos los rincones de la Isla, y poco antes de que el imperio sufriera su primera gran derrota, en Playa Girón.  Entre las opiniones sobre arte e impresiones acerca de la gente que conoció en los numerosos lugares intrincados de Cuba a donde llevó su música, el distinguido visitante dijo que “Estaría veinticuatro horas seguidas tocando para este pueblo”. Vale la pena leerlo, de nuevo o por primera vez.


Rostropovich  por los campos de Cuba

El mejor violoncelista de la URSS hace una gira por los bateyes, los ingenios, las industrias

Fotos: L. González

El violoncelista soviético Rostropovich, en Cuba.UN artista. ¿Qué es?

Mstislav Rostropovich toma su violoncelo y se sienta frente a un batey.

“Un artista no es sólo un hombre que toca el violoncelo.” En los cortes de caña, en los ingenios, en los caminos del Escambray, en los retenes de las milicias, en las cooperativas, en las industrias, desde hace tres semanas, se escucha ahora al mejor violoncellista de la URSS.

¿El mejor del mundo?

“Todavía no hay un sustituto para Pablo Casals”.

Y, sin embargo, el sucesor de Pablo Casals, se llama Mstislav Rostropovich. Coincidencia apasionante: ni al uno ni al otro parece preocuparles mucho el dinero. Los conciertos para ricos, los cheques jugosos, las ofertas tentadoras. Nada.

Cuando el violoncelista regresa de la larga gira por el campo, cuando vuelve de tocar para los obreros, deja en su rincón la arqueada figura del violoncelo, y dice:

“Estaría veinticuatro horas seguidas tocando para este pueblo”. Y al día siguiente anda de nuevo por ahí, mensajero de viejas y nuevas maravillas, orgulloso y humilde, tocando en un batey cualquiera, frente a un silencioso auditorio de campesinos, llevando hasta ellos el recado sonoro de Prokokieff, de Bach o de Hayden.

Rostropovich ha hecho vibrar su violoncelo en dieciséis pueblos de Cuba y en varias docenas de lugares aislados, cooperativas, retenes, campamentos, bateyes…

Los que antes manejaban la cultura decían que al pueblo no le gustaban esas casas. Juzgaban al pueblo por su propia estupidez y sordera. Pero al pueblo sí le gustan.

“Ningún dinero, ningún regalo, vale lo que me ha dado a mí el pueblo de Cuba. Estos conciertos en La Habana, al final de estos días inolvidables, son el resumen de mi sentir; el resumen de una experiencia que no olvidaré jamás. Y mi esfuerzo mayor por dar al público de Cuba lo mejor de mí mismo.

De esta experiencia ha extraído también conclusiones prácticas.

Rostropovich toca en los campos de Cuba, sobre un camión como escenario.“Es este el momento para llevar el sentimiento por la música a todo el pueblo cubano. Aprovechar su gusto y su pasión instintivas y preparar centenares de conciertos. Conciertos no muy largos. Conciertos de cincuenta minutos. Y aprovechar a los intelectuales jóvenes, para que antes de cada concierto, en sindicatos, en cooperativas, habían a los hombres sobre la música que se va a interpretar.

¿Qué es un artista?

“Un artista es alguien que se da a los demás. La recompensa es siempre extraordinaria. Yo no cambiaría este viaje por Cuba por ninguna otra retribución. Desde hace más de un año había decidido venir a ver la revolución.”

¿El público?

“El pueblo de Cuba tiene excepcional sensibilidad musical. No es un halago. No. Estoy sorprendido. Ancianos, niños, mujeres, soldados, dondequiera encuentro gentes dotadas para la música. De esa fuente inagotable habrán de surgir valores extraordinarios”.

Después habla de la música en la URSS:

“No han surgido aún los equivalente: de Prokokieff o de Shwtakovich. Hay un grupo de compositores importantes, Jachaturian, Piekov, Galiene, Babachinian, creadores bien dotados y hechos a una disciplina seria. Algunos, como Babacinnisn, son hombres nacidos donde antes nunca había llegado una sombra de cultura. En Armenia. Productos auténticos del pueblo trabajador”

Y habla también de la orquesta: “En toda Cuba se ve la mano de la gente joven. La Orquesta Sinfónica es también la obra de gente joven. En muy poco tiempo la orquesta de La Habana será un conjunto magistral, honra no sólo para Cuba sino para América,” De sus recuerdos:

“Todo lo referente a Pablo Casals es objeto de mi más íntima devoción. Pero la labor inimitable del maestro en las suites para violoncelo de Juan Sebastián Bach, representa ocasión única de belleza y técnica. En dos ocasiones he escuchado personalmente al maestro: Nadie se le acerca siquiera.”

Y de Cuba, de la revolución, de las cooperativas:

“No he encontrado en ninguna orquesta del mundo el apasionado afán de superación que he visto en Cuba. No he hallado en ningún viaje la profunda devoción del campesino cubano a su revolución. Obreros, músicos, milicianos, campesinos, todo ello junto es una imagen que llevaré siempre presente. Sí: he estado, he vivido muy cerca del pueblo cubano.”

Y termina:

“He sido así, con esa cercanía, muy bien retribuido.”


Redacción Digital

 
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