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Publicado el 7 Julio, 2017 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

Boda y Divorcio

En su edición del 4 de mayo de 1952, Bohemia publicó esta crónica, representativa del estilo  inconfundible de Eladio Secades, como para no perdérsela. Han pasado 65 años, no solo por las amarillentas páginas de la vieja revista donde apareció este texto, sino sobre todo por las realidades, cultura y costumbres de una sociedad, que es otra. Por eso también es tan útil disfrutar ahora de esta lectura, probablemente por primera vez para la mayoría. Como tal vez los más jóvenes no estén al tanto del autor, incluimos también, al final, datos tomados de la reseña que sobre este importante periodista cubano ofrece nuestra ya imprescindible EcuRed. Agradecemos los comentarios de nuestros lectores.


Estampas de la Época

Boda y Divorcio

Por Eladio Secades

LA nueva vida ha creado un nuevo tipo de mujer: la divorciada. La eterna luna de miel no existe. Hay un gesto de heroísmo en esas fotografías del matrimonio que celebra las bodas de plata. El divorcio es invención de aquellos cínicos que sostienen que el amor se gasta con el uso. La esposa no puede tomarse con convencimiento de fumador de pipa. O de sereno de museo. El museo es la utilería de la historia. En el museo conservamos las espadas de los generales. Para que no olvidemos a los generales. La pipa encuentra su vida mejor en el desuso. Porque la pipa tiene la juventud al revés. Pero la mujer la tiene al derecho. El divorcio es un documento de que por casi todos los caminos se llega al hastío de lo mismo. Lo mismo es el concepto forjador del hombre standard. Los ideales colectivos convierten al hombre en una carta circular. Pueden enloquecer los que piensen en el mismo sueldo, en las mismas costumbres, en el mismo panorama. En la misma mujer. Se garantiza que más allá del horizonte hay otras caras, otros climas y otros países. Pero los que sufren el complejo de lo mismo no han podido comprobarlo. Si de verdad hubiera rebeldía espiritual, escucharíamos gritos pidiendo otra decoración, otros puertos, otros amores. ¡Quién fuera millonario con las ganas de gastar que tenemos los pobres! El circo tiene un don sugestivo, porque las cuerdas que sujetan la carpa siempre nos están diciendo adiós.

La divorciada es un carácter forjado en la pugna contra el ambiente que la rodea. Lucha por volverse a casar. Porque cree en el amor. Y cree en el amor, porque lo vio. Los hombres que rodean a una divorciada, están haciendo la lucha para que siga creyendo en el amor. Pero sin volver a casarse. La sonrisa que en una señorita es un desahogo espiritual, o un rasgo de coquetería, en la divorciada parecerá una insinuación pecaminosa. Una invitación a un vals sin música. Pero con ojos de vals con música. Nadie sabe el trabajo que le cuesta a una mujer divorciada parecer honesta. Le cuesta todavía más trabajo que serlo.

En la oficina, en la casa, en el club, la divorciada tiene que rechazar continuamente las incursiones de la galantería. Ella sabe que es el truco del ladrón que ronda una puerta abierta. El hombre piensa que la divorciada es víctima de un, error que le concede pasaporte diplomático para cometer otros errores. En los cuales le agradaría participar. Sin firma de por medio. Sin gastos de alquiler. Sin marcha nupcial. Que es decir sin ponche y sin bocaditos. También sin un pobre padrino con frac alquilado. El peor sacrificio del padrino no es sacar la novia del auto y llevarla del brazo al altar. Sino comprender, al terminar la boda, que con el frac no puede ir a ninguna otra parte. Los que por compromiso tienen un día que ponerse el frac, ya aprovechan y se retratan. La única labor de higiene social que ha hecho el divorcio, es finalizar con aquellos maridos del género chico que amenazaban a la esposa con darle lo suyo y mandarla otra vez a casa de los padres. El divorcio ha construido madres que se parecen a esas boticas donde se admiten devoluciones. Una divorciada, después de todo, es una mercancía devuelta. A pesar del uso. Las mujeres que se han divorciado varias veces, van y vuelven, como las palomas mensajeras. Ya hay madres que no entregan en firme a las hijas las alquilan por horas. Son novias con misión de bicicletas. La divorciada vieja es una tragedia estética. Huyendo del marido huyó de si misma. Es la guitarra con polvo y sin cuerdas que yace arrinconada en la casa de préstamos. ¿Cuándo la habrán tocado por última vez? Para que vuelvan a tocarla, tiene que aparecer el tonto que quiere aprender música. La cejilla descubre la femineidad de la guitarra. Le aprietan el cuello y entonces suena mejor. Una solterona es una solista que agotó todos los arpegios del pentágrama, sin encontrar quien quisiera hacerle la segunda. O quien quisiera ponerla la cejilla. La soltería es la soledad entre uno. El matrimonio es la soledad entre dos. La eterna esposa es la que cree que son verdades todas las mentiras. Señora con el hilo de la castidad tendido sobre el Sahara. Ya van quedando pocas.

El divorcio viene a ser la apostilla llamada a impedir que el matrimonio sea un mal irreparable. Como la limonada caliente evita que el catarro llegue a pulmonía. La luna de miel resulta el sudorífico con momentos de danza apache. Yo creo que en la actualidad la primera parte del divorcio es la boda. Una boda resulta una casaca de colores para la observación. El traje de tornaboda es el equipo de escapar de las garras de los invitados. Entre los invitados a una boda, hay uno que conoce a la novia desde que era así. Y dice que la cargó. Hay otro que la vio nacer. Cuando la muchacha lo oye, se avergüenza. La tripa de ombligo se parece al nudo del globo. Además, ella sabe que nacemos desnudos. Si esas personas que consideran un orgullo habernos visto nacer, comprendiesen lo que desde entonces hemos cambiado, nos harían el favor de no decirlo más. Un grupo grande de curiosos espera fuera la llegada de la novia, para ver si merecía la pena. Las muchachas del barrio para ver el vestido. Que dicen que está divino. Una novia bonita despierta cierta envidia. Y hace pensar en la alcoba. Y en la infidelidad. Una novia fea es una mujer dichosa. Hace pensar en la honradez del sexo… Y en la cocina. Más tarde en el salto de la cama para cambiarle el paño al baby. Ante una desposada bella, los amigos sin que nadie los vea se muerden el labio inferior. Hasta que se hacen daño y se acuerdan que no está cocinado. Frente a una desposada que no sea bajo el velo un temblor de belleza, los amigos con ternura sospechan la compañera fiel que ha de evitar que el bodeguero nos robe. En la boda la madre llora. Y al padre le molesta el cuello duro. No he podido jamás entender a la madre de la novia. Si no se casa, llora. Y después llora si se casa. La desposada se detiene de pronto. Todos creen que está muy nerviosa. Pero es que una niñita vestida de motera le pisó la cola. Los testigos están contentos, porque han dejado el autógrafo en la sacristía. La tía gorda corre y le arregla a la muchacha un pliegue del traje. El padrino cree que todos lo están mirando y pone cara con sonrisa de bobo. La serenidad fingida del padrino es la nota más ridícula de la boda. Hay fracs alquilados que han asistido a tantos matrimonios, que ya llevan el compás de la marcha nupcial, golpeando la parte trasera de los muslos con los faldones de la levita. La boda tiene mucho de apoteosis de revista teatral. Pero es el único espectáculo que empieza cuando cae el telón.

El divorcio es el aborto de la felicidad del matrimonio. La mayoría de los divorcios de hoy, son abortos provocados. Para cambiar la mujer. Y de los que puede quedar un hijo. Que una vieja dice que no tiene la culpa. Y la promesa de una pensión: Que nadie paga. No se puede hablar del divorcio sin rendirles tributo a aquellas mujeres del principio de siglo, que lucharon bravamente contra la implantación del mismo. Y que al fin y al cabo ellas no se casaron nunca. Pretendían darle calidad de vitalicio al marido que no llegó. Entonces a las que tenían muchos amantes, la sociedad les llamaba mujeres malas. Ahora a las que han tenido muchos amantes, se les puede llamar divorciadas. Que es un estado legal. Y la legalidad de muchos estados ilegales. Hay también el concepto cínico de los dos amantes a la vez. El amante por pasión. Y el amante por interés. El que aboca. Y el que resuelve.

 Para el vulgo, la divorciada joven es una belleza que queda al garete. Una divorciada honrada vuelve a sentir los mismos miedos y los mismos prejuicios que sintió de señorita. El temor a que la vean sola con un hombre. Terminará arrimándose a una señora seria, para no morirse de aburrimiento en la casa. Si esa señora seria es vieja y gorda, mejor. La honradez de las viejas gordas da la mejor sombra. En el acto la divorciada empezará a dividir a los hombres en dos grupos. No buenos y malos. Ni feos ni bonitos. Sino los que pueden venir con buenas y con malas intenciones. Las intenciones del que habla con una divorciada, se esconden tras la educación y es difícil identificarlas. En las oficinas el jefe, para darle una orden a la divorciada, se arregla el bigote. En el cabaret, para bailar con una divorciada, hay que arreglarse la corbata y morder un chiclet. Por si acaso la conversación tiene aproximaciones. De una señorita se dice: “si pudiera”. De una divorciada se dice: “si quisiera”. Casarse con ciertas mujeres divorciadas es echarle un piso alto a una casa que estrenó y vivió otro. Nunca se sabe sí las caricias de esas divorciadas son estrenos, o reprises. Sus besos son de segunda mano. Por la carne que una vez se prodigó no se puede pasar una esponja mojada que borre el recuerdo. La gimnasia del amor mecánico, no son trazos hechos con tiza. Entonces se habla del verdadero amor. Del único amor. Que llegó tarde. Lo del otro fué una equivocación, con el interés de las cosas nuevas. Un traje nuevo nos hace sentirnos más joven. Un automóvil nuevo nos hace sentirnos más ricos. O menos pobres. Siempre el verdadero y único amor es el último. Cuando esto no se afirma con sinceridad, es que se ha perdido la memoria. O la vergüenza. Las señoras que se divorcian para volverse a casar, tienen de la materia amorosa un concepto práctico de dando y dando. Cuando acaban un idilio, es que ya tenían empezado el otro. Todo amor tiene un comienzo perfecto. Porque el hombre y la mujer están de acuerdo en lo único que les interesa en el momento. Que es amar y dejarse amar. Luego ella empieza a quejarse. Cuando una esposa empieza a acumular razones para quejarse, hay que tenerle miedo. Es que ya anda cerca del pecado y le busca argumento. De ese fenómeno nacen las amigas que se descomponen para decirnos que llevan seis años soportando a Luis. Y que ya no pueden más. El esposo viene tarde, porque está jugando al póker. El póker y la pesca son los dos motivos ideales para estar más tiempo ausente. El adulterio debe andar cerca del anzuelo y del full de ases. El jugador de póker es un vicioso que aprende a trasnochar y que siempre acaba de mal genio. Porque no puede ligar. Y porque hay una colilla que apesta. Los jugadores de póker se divorcian. El póker es un hábito de solteros. Los que lo juegan como debe jugarse, con resto y sin prisa, no pueden ser gloriosos continuadores de la familia. Porque cuando ellos se acuestan, sus mujeres se levantan. La reproducción es un instinto humano. Pero hace falta coincidir. Un heredero es una coincidencia. Un jugador de póker es un marido que llega cuando el pomo de leche. Y tiene que seguir sin ligar.

El divorcio hace las veces de válvula de escape para aquellas predestinadas que quieren casarse, para después hacer lo que les dé la gana. Y buscar a un esposo para huir de una madre. Lo único que necesitan es encontrar el tipo para el truco. Mejor dicho, encontrar un predestinado. Pero los hay. Con panza de cerdo. Y cara de esos que mandan la fotografía como testimonio de gratitud, porque se han curado con un patente. Cuando todo el mundo lo sabe, él se entera y se divorcia. Para eso tiene un amigo notario. Entonces ella queda como única administradora de sus bienes físicos. Se fué el esposo y surgió el mostrador.


Publicado en BOHEMIA, en su edición No. 20, del 18 de mayo de 1952

N. del E.: Se han respetado el estilo y ortografía originales

Fotocopia: Yasset Llerena

Transcripción: Claudia Lugo


 

Eladio Secades.

(Foto: cubadebate)

Eladio Secades Rodríguez. Destacado periodista cubano que sobresalió en la crónica deportiva y que reactivó el costumbrismo en la prensa cubana en el siglo XX.

Síntesis biográfica. Nació en La Habana y comenzó a hacer periodismo aproximadamente en los años 20 en el periódico La Lucha, dirigido por aquel entonces por Horacio Roqueta. Cuando se inauguró en 1945 la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling. Obtuvo el certificado de Aptitud Periodística que otorgaba esta institución a los periodistas en activo. Ese mimo año, ingresó en el Colegio Nacional de Periodistas. Escribió para múltiples publicaciones cubanas como Alerta, Bohemia y Zig-Zag y realizó coberturas en el exterior, sobre todo de eventos deportivos regionales. Se desempeñó como cronista deportivo en El Mundo, junto a Sergio Varona. También escribió trabajos de este corte para El Heraldo, Diario de la Marina y en la revista Bohemia. Llegó a dirigir Suplemento Deportivo de Bohemia.

En 1954, cubrió la Serie de béisbol del Caribe que se celebró en República Dominicana, para El Diario de la Marina” junto a René Molina y el fotógrafo Ramón Fernández. Los trabajos que envió descuellan como ejemplo del buen quehacer periodístico en la cobertura de deportes. Dentro de este sector, realizó una labor insuperable en frescura y atractivo, en Cuba y, probablemente en el Caribe. Su prestigio como cronista deportivo era internacional. Los fanáticos del deporte se reunían en las tardes, después de que terminara un juego de béisbol importante, en el bar La Pelota, que se encontraba en la esquina de 23 y 12, en el barrio habanero del Vedado. Todos esperaban a que llegara Secades, para escuchar sus juicios sobre el partido y, sus palabras eran estimadas en alta medida.

Crónicas y Estampas de Eladio Secades.Crónicas y estampas. El nombre de Secades y su obra parecen reducirse a sus Estampas, crónicas con espíritu costumbrista que publicó durante su vida en Cuba, en diferentes publicaciones de aquel entonces. Sus mejores estampas se han publicado como libros en el exterior desde 1969, y hasta el 2001 se habían hecho 30 ediciones. En Cuba, se realizó una compilación en 1958 y otra en el 2004. Su estilo dejó una huella que la siguieron después plumas más contemporáneas de la isla como Manuel González Bello y Héctor Zumbado. El género que más cultivó durante su carrera fue la crónica y, en especial, la deportiva, pero siempre con ese tinte social, con la intención de develar lo perdurable del cubano, de su idiosincrasia. Desde 1941 Secades comenzó a publicar sus Estampas de la Época en Alerta, Bohemia, Carteles y Zig-Zag. Es en ese momento cuando deslumbra su estilo y demuestra sus aptitudes literarias. Es considerado un escritor costumbrista, que como han dicho otros escritores cubanos, lograba hacer reír con lo que escribía sin que los lectores se rieran de sus trabajos. Las Estampas pueden parecer ubicadas en un tiempo único, 1941-1958, pero la mayoría de ellas apostaron por la eternidad, al tocar fibras del cubano y de la apropiación particular que la gente de la isla hace de algunos objetos y espacios. La gracia de la escritura de Secades no optaba por formas regodeadas sino por lo cortado, el punto y seguido y la síntesis.

Costumbrismo en la prensa. Incorporó siempre voces del lenguaje popular en su discurso y buenas dosis de humor cubano. El ritmo del narrador deportivo salta al oído y delata la otra pasión del autor. Secades supo inyectarle nuevos bríos al artículo de costumbres, un poco fuera de moda cuando él comenzó a estrenarse en el periodismo. El costumbrismo en la prensa le abrió paso a la crónica, y el ágil periodista conjugó lo mejor de cada uno en sus estampas. Estampas es cita obligada para todo el investigador que pretenda acercarse a las costumbres de cubano y, erige como ejemplo preclaro de buen periodismo que puede traspasar la actualidad y llegar a lo imperecedero, a lo literario. La óptica de Secades traspasó las costas caribeñas y puso su ojo crítico para satirizar el comportamiento del estadounidense, en los espacios que ineludiblemente lo unían por aquel entonces con la realidad cubana. Varias personalidades de la cultura nacional han reconocido la importancia de la obra cumbre de Secades en la revelación del cubano.

Final. Antes de marcharse a México, al triunfar la revolución, trabajaba en el Diario de la Marina. Después pasó a Miami y falleció en Caracas, Venezuela. El libro Las mejores estampas de Eladio Secades, lo publicó en México en 1969, por Medina Hermanos S.A. (Con información de EcuRed)

 

 

 


Redacción Digital

 
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