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Publicado el 15 Agosto, 2017 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

¡SE LLEVÓ LA CERCA!…

Recién despertada la pasión beisbolera con el inicio de nuestra Serie Nacional, compartimos con nuestros lectores este interesante y polémico comentario en el estilo peculiar de Eladio Secades, publicado en la edición de Bohemia del 4 de mayo de 1952.  Muchos jonrones se han bateado desde entonces en todas las Ligas, y no pocos cambios han ocurrido en este deporte hipermercantilizado, pero aun se discute acerca de los récords y las comparaciones entre algunos famosos peloteros referenciados en este trabajo. Que lo disfruten.


El jonrón no es un arte

¡SE LLEVÓ LA CERCA!…

Por

ELADIO SECADES


Lo que es rutinario no puede ser glorioso. ꟷHoy día cualquiera vestido de franela. ꟷEn boxeo el knockout. ꟷen jai alai el remate; en baseball, el jonrón. ꟷ”Alguna vez voy a romper el récord del Bambino” . ꟷEl jonronero es la primera figura del espectáculo. ꟷLa pelota viva y la pelota muerta. ꟷLa televisión pide boxeadores que saquen sangre y peloteros que se lleven las cercas. ꟷEn el año 1918 entre todos los equipos de la Liga Americana batearon 94 cuadrangulares. ꟷTy Cobb no es jonronero porque no quiso serlo


YA eso no es heroísmo. ¡Es rutinal!… Lo que es rutinario no puede ser glorioso. Los aficionados a la manera de antes están que trinan contra el llamado deporte moderno. Usted se pone a oír a través de radio la descripción de un juego de pelota en las Grandes Ligas y puede tener la seguridad absoluta de que no han de transcurrir muchos innings sin que el locutor empine la voz y apele a su tonalidad más dramática para repetir aquello de ¡se llevó la cerca!… Hoy día cualquier enano vestido de franela empuña, se asoma, establece contacto y con la mayor tranquilidad del mundo pone a volar y a gozar la pelota y se lleva la cerca en claro… El jonrón ha dejado de ser novedad para convertirse en golosina al alcance de cualquier fortuna. Hace muy pocos días en la narración de un desafío de los Gigantes se produjo un inning que hizo enronquecer al crítico del éter que lo estaba radiando. Todo el mundo se llevó la cerca, hasta el nudillista Wilhem, cuyas aptitudes de bateador de metraje minúsculo son bien conocidas en Cuba…

El jonrón, que antes era acontecimiento, ha degenerado en epidemia. El público lo pide y para nuestros amigos de Norteamérica el público que desfila por el altar sagrado de los torniquetes, siempre tiene la razón… Cada pasatiempo deportivo ostenta un lance que en punto a conmoción popular supera a todos los otros lances que en su repertorio pueden producirse. En boxeo es el knockout. En jai alai. el remate. En las carreras de caballos, el final de fotografía, hocico con hocico, oreja con oreja, con el esfuerzo de los dos jinetes y la ansiedad desbordada de la concurrencía que tiene los corazones tan desbocados corno los caballos mismos. En la lucha libre, el volteo de cabeza que aupa y zarandea y desencuaderna a esos trogloditas de Grand Guidnol que lo mismo están sobre el cuadrilátero que fuera de él. Lo más sugestivo en baseball es el jonrón. ¡Se llevó la cerca!… Y como si la moviera un resorte todopoderoso, la clientela se pone de pie y prorrumpe en gritos y en aplausos… Para el baseball, corno negocio, como vehículo de regocijo nacional, conviene que se lleven las cercas muchas veces. Que se lleven las cercas en cualquier inning, en cualquier parque, contra cualquier pitcher… Lo importante es que la bola salga del plato como una exhalación y que caiga saltando dentro de una gradería, o en alguna zona destinada al parqueo de automóviles, o en el tejado de un edificio próximo.

Cuenta el escritor Jim Mc. Culley en las páginas deportivas del periódico “Sunday News” que a los pocos días de haber comenzado la actual temporada en las Grandes Ligas, escuchó de labios del pelotero Ralph Kiner esta confesión recargada de optimismo:

–Alguna vez voy a romper el récord del Bambino…

La marca de sesenta jonrones escrita por el inmortal Bambino sigue siendo cumbre y sigue siendo motivo de comparación en el baseball La foto fue tonada cuando estableció el famoso record.

La marca de sesenta jonrones escrita por el inmortal Bambino sigue siendo cumbre y sigue siendo motivo de comparación en el baseball La foto fue tonada cuando estableció el famoso record.

El récord del Bambino aludido por el toletero de los Piratas, es el de sesenta jonrones establecidos en el año 1927. Esa marca ha sido considerada inhumana. El mortal que pueda pegar sesenta cuadrangulares en una temporada, el atleta que pueda llevarse la cerca sesenta veces en el transcurso de un calendario oficial de baseball, no puede sufrir en todo el tiempo el efecto de una racha adversa… Sin embargo, tres ases del diamante se han acercado a la frontera tocada por las manos monstruosas de Babe Ruth en el apogeo de su carrera. En 1932 Jimmy Foxx acumuló cincuenta” y ocho. En 1938 Hank Greenberg se quedó también a dos jonrones del record que sigue sirviendo de cumbre y de punto de comparación. Ralph Kiner disparó 54 jonrones en 1949… Y cada vez que se pone en marcha una nueva temporada en las Ligas Mayores, vuelve a especularse con la posibilidad de que el petardista de los Piratas Iguale o relegue la hazaña portentosa del Zar de la estaca… Bajo el signo mercantil de esas promesas los salarios percibidos por Ralph Kiner han ido en aumento. Cuando fue contratado por el Pittsburgh en 1946, recién licenciado de las fuerzas armadas del Tio Sam, ganó once mil dólares por temporada y su último contrato le garantiza una bolsa de setenticinco mil. Como puede verse, dentro del baseball la de jonronero es una profesión muy tentadora… Al jonronero se le paga, se le mima, se le espera más que a ningún otro jugador. En el jonronero es perdonable que con bastante frecuencia se quede petrificado en el plato, con la carabina al hombro, como se le excusa también que al final de la campaña no haya abordado el average de trescientos… El caso particular de Mister Kiner no es ese, pero si es el caso de no pocos engullidores de cercas que se mantienen en el pedestal de la celebridad sin ser bateadores consistentes, ni empujadores de carreras que reporten cierta utilidad a la causa colectiva que representan…

Yo no creo que el record de Babe Ruth pueda ser roto por ninguno de los jonroneros que se mantienen en servicio activo, ni tampoco por los que puedan venir en los años próximos… Creo, eso sí, que a la producción de jonrones se le ha dado un sentido demasiado comercial y que no dejan de tener razón los puristas del deporte que se enfurecen ante ese panorama de conexiones kilométricas y de jonroneros anónimos salidos de debajo de la tierra… Ahora resulta que lo mismo se lleva la cerca el cuarto bateador, que el séptimo, que el octavo, o que el pitcher…

Al comenzar la presente temporada Ralph Kiner, jonronero de los Piratas, le dijo a un reportero: “Alguna vez voy a romper el récord del Bambino”.

Al comenzar la presente temporada Ralph Kiner, jonronero de los Piratas, le dijo a un reportero: “Alguna vez voy a romper el récord del Bambino”.

Los juegos con anotación cerrada tienen menos devotos que los de amplio carreraje. Los duelos de serpentineros constituyen el deleite de la minoría que se inclina más a la biblioteca que al grito histérico. Esos pitchers de la hora presente que permiten un solo hit, o que completan el milagro ahora más milagroso que nunca de la contienda sin hits y sin carreras, son los verdaderos héroes del deporte, pero su heroísmo no tiene la trascendencia, ni el crédito público, ni la propaganda impresa del batazo a mansalva que desfleca una pelota y se lleva en claro una barda…

Ha vuelto a polemizarse, por eso, en torno a la pelota viva de ahora y la pelota muerta de jornadas pretéritas. Los libros de records demuestran que el cambio de pelota ha estimulado la industria de los jonrones… Y, por consiguiente, han aumentado las multitudes que van en pos de las emociones violentas… La desaparición de la llamada bola muerta en lo práctico le hizo un bien enorme al baseball que desde entonces amplió los campos de sus conquistas… Aquella renovación fue más necesaria que ninguna. La tesis de renovarse o morir, se hubiera confirmado también en el entretenimiento vasco, de no pasarse, como se pasó, del juego sucio al juego limpio, y de la pelota muerta y monótona a la viva, sonora, saltarina, alegre y con una tonelada de goma que se está usando ahora…

Nos dicen los que aman todo lo pasado que entonces salían más estrellas que ahora. Se comprende que sea fácil la producción de figuras del mimbre cuando estaba permitido encestar, dar dos o tres pasos con la presa, mirar la posición que ocupaban los contrarios y entonces tirar a pie firme y con ensañamiento… La modalidad limpia y el cuero veloz hicieron de la cestapunta un sport mucho más difícil y también mucho más popular… Y destruyeron todo punto de lógica comparación. porque es imposible calcular lo que hubieran hecho los pelotaris de hoy con las facilidades de antaño y lo que hubiesen pesado los ídolos aquellos con estas reglamentaciones… Pero que la conversión resultaba muy cuesta arriba, está probado hasta la evidencia en el hecho histórico de que al presentarse el cambio, al-pinos pelotaris de nombre tuvieron que retirarse…

Jimmy Foxx en la temporada de 1932 por poco Iguala la célebre marca establecida por Babe Ruth en 1927. Así lucia cuando realizó la proeza.

Jimmy Foxx en la temporada de 1932 por poco Iguala la célebre marca establecida por Babe Ruth en 1927. Así lucia cuando realizó la proeza.

Interviniendo en la controversia beisbolera de la pelota muerta y la pelota viva, en vista de la feria de jonrones que se está celebrando en las Grandes Ligas, H. G. Salsinger, un observador de la materia a través de cuarenta años, ha hecho interesantes declaraciones en la columna editorial de las páginas deportivas del Telegram de New York. De paso, sirve un estudio acertadísimo de Babe Ruth y de Ty Cobb. Entre otros puntos de vista, escribe:

“El nacimiento y la imposición de la pelota viva no fueron tan graduales como los expertos creen. Hay datos demostrativos de que fue un proceso casi fulminante. En 1919 Babe Ruth establece una nueva marca de jonrones, con un total de 29… Era un acontecimiento. En 1920 el propio Bambino batea cincuenta y cuatro. El vértice radica ahí. Se había metido el demonio dentro de la corteza.

“En el año 1918 –añade— los ocho clubs combinados de la Liga Americana conectaron NOVENTA Y CUATRO JONRONES. El balance de 1919 fue de doscientos treinta y nueve y el de 1920, de trescientos setenta… Los Yankees aportaron a ese gran total un volumen de ciento quince. De modo que en 1920 los Yankees solos, como club, batearon 21 jonrones más que los ocho equipos en 1918 como Liga… La revolución en el ataque no tuvo lugar a pasos cadenciosos. Las cifras y las fechas expuestas no requieren más argumentos de apoyo.

Hanki Greenberg, ahora en plan de magnate, estuvo en la temporada de 1938 a dos jonrones de la marca portentosa de Ruth..

Hanki Greenberg, ahora en plan de magnate, estuvo en la temporada de 1938 a dos jonrones de la marca portentosa de Ruth.

“En lo que respecta a Ty Cobb —sigue diciendo— jamás fue jonronero. Y no lo fue, sencillamente, porque no pretendió serio. El arrastre popular del Bambino por sus batazos de largo metraje, sólo en una ocasión afectó el orgullo de Ty Cobb. Esto aconteció en 1925. Declaró que no habla un arte especial en eso de batear jonrones. Siguió diciendo Ty Cobb que si él hubiera concentrado sus facultades para esa finalidad, hubiera sido tan jonronero como el primero. Pero Ty Cobb no se limitó a decirlo: lo demostró enseguida. Al día siguiente de aparecer su opinión en los diarios, tenía que jugar una serie en Sportman’s Park. No quiero que los lectores les den crédito a mis palabras. Apelo al libro de records. En la página destinada a “más jonrones en dos juegos consecutivos: Anson, del Chicago Nacional, en 1964; Ty Cobb, del Detroit, en 1925, Lazzeri, de los Yankees, en 1936… “Cada uno de esos jugadores bateó cinco jonrones en dos desafíos con-secutivos. Ty Cobb pudo batear siete, porque dos toletazos pegaron en la puncha del techo del right-field, regresando la bola al terreno y siendo tubey por regla”…

El incidente a que se refiere G. H. Salsinger es rigurosamente histórico. Un cronista había descripto a Ty Cobb como bateador seguro, certero, pero incapaz de sacar la pelota fuera del parque. Como se dice ahora incapaz de llevarse las cercas… Era el apogeo del Bambino, que dos años después estableció su tremendo record de 60 jonrones… Harry Heilmann se lo echó en cara en una charla amistosa… Cobb le dijo:

—Jonronear es una especialidad a la que yo no he querido dedicarme.

El otro sonrió en tono de burla. Cobb insistió muy decidido:

—Babe Ruth ha consagrado todo lo que posee a batear largo, a perder de vista la fruta. Yo me dedico a batear de modo consistente y seguro. A eso salgo. No me importa si voy a producir un sencillo, un tubey, un triple o un jonrón… Si tuviese la preocupación de dar jonrones y nada más que jonrones, me poncharía más veces, produciría más palomones a los Jardines, pero también enviarla a. gimas pelotas a la calle…

Ty Cobb considera que el batear jonrones no es un arte. En plenitud de su carrera dijo que él no era jonronero porque no quería serio.

Ty Cobb considera que el batear jonrones no es un arte. En plenitud de su carrera dijo que él no era jonronero porque no quería serio.

Harry Heilmann se mantenía ri-sueño, pero incrédulo. Estaban los dos astros del diamante en el parque de pelota de San Luis y Ty Cobb terminó la charla prometiéndole una prueba de que no estaba hablando por hablar… Y entre los días cinco y seis de mayo de 1925, bateó cinco jonrones y dos tubeyes que no fueron cuadrangulares porque la esferide saltó en la punta del techo y regresó al terreno…

Volviendo al estudio de Salsinger, veamos como prosigue: “Todo el mundo se ptegunta, qué hubieran hecho y qué hubieran dejado de hacer las estrellas de antes con la pelota viva de ahora y con esos terrenos cuyas medidas han sido reducidas a la medida de los jonroneros modernos… Es asunto de apreciación. Pero como ejemplo gráfico, puede tomarse a George Sisler, que es un producto genuino de la época de la pelota muerta. Hizo su debut en las Ligas Mayores con el uniforme de los Carmelitas de San Luis en 1915. Se mantenía en servicio activo y en apogeo cuando el cambio de bola. Durante tres años bateó con la pelota nueva y lució hasta que le falló la vista y tuvo el descenso inevitable. Su labor en esos tres años es la siguiente: En 1920: 631 veces al bate y 257 hits… En 1921: 582 veces al bate y 216 hits… En 1922: 586 veces al bate y 246 hits. Dicho en menos palabras: en dos de esas tres ocasiones se fue por encima del average de cuatrocientos y en la otra se acercó a esa altura tan difícil de lograr”…

George SIsler ya era un pelotero de muchos años de servicio cuando cambiaron la pelota muerta por la viva y en dos temporadas bateó dos veces para un average de más de cuatrocientos.

George SIsler ya era un pelotero de muchos años de servicio cuando cambiaron la pelota muerta por la viva y en dos temporadas bateó dos veces para un average de más de cuatrocientos.

Se ha dicho que Ty Cobb. con piernas muy rápidas, tenía ventaja con la pelota muerta, POR EL TIEMPO QUE ESTA TARDABA EN LLEGAR A LAS MANOS DE LOS INFILDERS… Eso es del género más tonto que puede concebirse. Hoy los jugadores del cuadro se colocan de diez a quince pies más lejos que los jugadores de antes con la bola lenta… Sin añadir que en la época mejor de Ty Cobb abundaban los infilders formidables, en recibir y en tirar a primera.

Así sujeta el bate Ralph Kiner, recio slugger de los Piratas que todos los años anuncia el prop{osito de igualar o romper el record de Baby Ruth.

Así sujeta el bate Ralph Kiner, recio slugger de los Piratas que todos los años anuncia el prop{osito de igualar o romper el record de Baby Ruth.

Ruth pasará a la historia como un jonronero inmortal, pero Ty Cobb fue un bateador infinitamente superior al Bambino, fue el único bateador zurdo en la historia del baseball que sobre un lanzamiento adentro ha podido conectar por la línea de tercera base. Cobb pudo hacer muchas cosas grandes, que probablemente ningún otro pelotero hará jamás…

Con las pelotas que se están usando ahora, que tienen rabos de lagartijas en las entrañas, muchos de los bateadores de antes serian jonroneros de ovaciones estruendosas y de contratas de miles y miles de dólares… Vivimos la edad deportiva de las emociones e insuperables. La televisión en materia de boxeo no pide estilistas que borden, sino noqueadores que saquen sangre. La primera figura en baseball no es el pitcher que ejerce el virtuosismo de las curvas y que ostenta un repertorio fino, rico, difícil, sino el Hércules de biceps redondos y espaldas de escaparate que se persona en la plataforma y… ¡Se llevó la cercal!…


Fotocopias: Yasset Llerena alfonso


 


Redacción Digital

 
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