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Publicado el 24 Marzo, 2021 por Bohemia Digital en Bohemia Vieja
 
 

Chocolate, víctima de una nueva injusticia.

Esta vez, en nuestra Bohemia Vieja, nos presenta un comentario publicado en la revista No. 50, del 28 de diciembre de 1930. Se trata de un texto que recoge el criterio del autor respecto a una de las peleas de nuestro famoso boxeador Kid Chocolate, en la cual no pudo alcanzar el título de Campeón Mundial, y un breve análisis del por qué de este suceso.


Kid Chocolate, famoso boxeador cubano.

Kid Chocolate, famoso boxeador cubano. Imagen tomada de bing.com

Por A. Arroyo Ruz

Cuando Kid Chocolate fue derrotado en buena lid por los puños mediocres de Fidel La Barba, se lo dijimos así, abiertamente, a los lectores de Bohemia. Esta vez, en que el famosos negrito habanero ha vuelto a ser víctima de un veredicto amañado y parcial, que le ha robado la oportunidad de ceñirse la corona mundial de peso pluma, y a Cuba la gloria de ser patria de tal campeón, queremos gritar también muy alto nuestra protesta, para que los cubanos sepan que su ebánico gladiador no fue vencido por los puños de un adversario indigno de llevar el título de campeón, sino por la mala fe de unos jueces venales, ayunos por completo de toda equidad, e ignorantes absolutos de toda justicia…

Hemos de confesar que no nos ha sorprendido en lo más mínimo el absurdo fallo. Hace mucho tiempo que conocemos a fondo el tipo del juez neoyorkino que falla en las contiendas boxeriles. Y sabemos también en lo que se ha convertido en los últimos tiempos, el deporte de los puños en general. Las figuras sobresalientes del hampa, llevan las riendas del carro de Fistiana en los Estados Unidos. ¿Tenemos, pues, derecho a sorprendernos, al ser sabedores de una inmoralidad más?… La inmoralidad flota en el ambiente y alcanza hasta las actividades más dignas y los sitios más altos. ¿Hemos de escandalizarnos, por lo tanto, por el solo hecho de que unos simples jueces boxeriles, no se calaran bien las gafas durante una batalla?… Si Chocolate fuera blanco y hubiera y hubiera nacido en Norteamérica, a estas horas sería el campeón mundial de los plumas. Los fundamentos de su derrota, son por lo tanto étnicos y nada tienen que ver con la mejor o peor forma desplegada por el cubano en el “ring” …

Pero, aunque Chocolate le ganó a Battalino ampliamente, sin dejar lugar a la más mínima duda, su victoria convertida en derrota por los jueces, no logró convencernos. Battalino, como campeón, es la figura más triste que hemos conocido en la división de los plumas, desde la época de Kilbane. El mismo Routis, de quien el italo-americano obtuvo el título por “por traspaso”, era muy superior al actual ocupante del simbólico trono. No comprendemos, pues, por qué razón Chocolate no batió a Battalino en unos cuantos períodos, no lo venció, en otras palabras, por k.o. El Chocolate que le propinó durante tres “rounds” al formidable Jackie Berg la paliza más grande que el hebreo de Londres recibiera en su vida, hubiera vencido en un par de asaltos al Battalino que rodó por la lona, en cuanto el primer “uppercut” del cubano lo alcanzó en la barbilla. ¿Por qué Chocolate no descargó un nuevo golpe que hubiera podido darle entonces la victoria, y se convirtió, en cambio, en una máquina de fallar?, es algo que no acabamos de explicarnos…

Creemos que esta vez la preparación de Chocolate había sido completa, y por lo tanto no podemos achacar a la falta de entrenamiento la aparente desmejora de el Kid. Pero lo que es indudable, es que desde la noche de su memorable encuentro con Berg, no hemos vuelto a ver en acción al ebánico gladiador del “ring” que electrizaba a los espectadores con sus exhibiciones de sin igual maestría. ¿Pudieron los débiles impactos del inglés causar la ruina de las excepcionales facultades de Chocolate, y ser la causa de su actual forma?… ¿O debe achacarse al desgraciado accidente automovilístico que sufrió el Kid, el motivo de su descenso?…

Frente a Battalino, Chocolate mostró a veces toda su excepcional habilidad, pero ello solo ocurrió por ráfagas y durante breves momentos. Tal parecía que se trataba de un viejo peleador que hubiera visto pasar tiempo a sus mejores días, y que solo fuera capaz de mostrar la antigua forma durante unos instantes. Johnny Dundée, en sus últimos tiempos, pasaba en cada batalla por esas alternativas que le hacían recordar a los espectadores los mejores días de Johnny en el “ring”. Pero en Chocolate la causa del fenómeno debe buscarse por otros derroteros. A los diecinueve años Eugenio Sardiñas tiene ante sí todo un porvenir cuajado de promesas.

Creemos francamente que Kid Chocolate necesita un largo período de descanso, pero no en La Habana ni mucho menos en Nueva York. Ignacio Ara, el brillante peso medio español, nos decía hace poco que, si a él le consintieran llevarse a Chocolate a sus abruptas montañas nativas, en unos cuantos meses iba a hacer otro hombre del sensacional boxeador habanero. Estima que esa sería la medicina más indicada para el Kid: vida sana, aire salutífero, el hacha vigorizante para los brazos, y las sierras escarpadas para las piernas. Cuando retornara a las guerras del “ring”, ya convertido en un “hight-weigth”, su aparente debilidad habría desaparecido y su “come-back” sería definitivo. El viejo zorro Jack Kearns, que conoce como nadie el oficio, fue ese el procedimiento que empleó con Micky Walker, cuando el Bulldog había perdido aparentemente su fiereza, y el mediocre y horizontal Joe Dundle se había permitido domesticarle del todo a fuerza de trastazos…

Pero volvamos al encuentro Chocolate-Battalino, celebrada en el “Garden” la noche del 12 del corriente, y ante 13, 000 espectadores que ocupaban por completo la enorme arena que construyera Tex Richard, Chocolate apareció en el primer “round” como un ganador cierto, y el más optimista partidario del italiano no hubiera dado un solo “dime” por las posibilidades del llamado campeón, cuando el gongo finalizó esa primera sesión. Chocolate, desde el primer momento, tuvo pleno dominio de la situación con bien medidos uppercuts de derecha, uno de los cuales lanzó a Battalino a la lona, donde le contaron ocho segundos. Chocolate tenía tiempo sobrado para haber terminado la obra tan felizmente iniciada en ese primer período, pero el magnífico “sharpshooter” de otras veces, no se dejó ver en esta ocasión y Battalino, y su defensa burda, capearon el temporal sin mayores males.

Chocolate volvió a dominar en el segundo, y se anexó fácil y decisivamente, por su limpio “hitting” y cerrada defensa, los asaltos quintos, séptimos, octavo, décimo, décimo tercero y décimo quinto. Por momentos- repetimos- Chocolate era el acabado maestro de otras veces, y Battalino lucía malamente. Pero en otras ocasiones el burdo italiano alcanzaba al Kid con ganchos derechos o izquierdos que, en otras ocasiones Chocolate hubiera evitado fácilmente. Así Battalino le ganó los períodos tercero, sexto, décimo segundo y décimo cuarto. Los restantes, favoreciendo un poco a Battalino, pudieron ser calificados de empate.

Volvimos a ver fallar con excesiva frecuencia a Chocolate, si bien en esta ocasión sus piernas estaban en buen estado, y su “jab” izquierdo trabajó no poco, con efectividad. Pero la antigua ligereza del Kid, aquella elasticidad que le permitía hallarse fuera del alcance de los puños contrarios, una fracción de segundo antes de que arribaran al lugar destinado, ya no es la misma. Chocolate ha cambiado, y esta vez no podemos, en verdad, congratularnos del cambio…


Bohemia Digital