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Publicado el 10 Junio, 2021 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

Las memorias de Josefina Baker

El hambre y los trabajos me enseñaron la senda del arte.
Hoy en la sección Bohemia Vieja reproducimos un texto que se publicó el 23 de septiembre de 1928, en la edición número 39 de este suplemento, sobre la famosa bailarina Josefina Baker, la también llamada “Diosa de ébano” que deslumbró con su encanto y talento al público de los Estados Unidos y Europa, principalmente. Para los amantes de la historia y la danza va este texto.
Josefina Baker

Imagen del texto que se publicó el 23 de septiembre de 1928, en la edición número 39 de este suplemento, sobre la famosa bailarina Josefina Baker.

Josefina Baker, la famosa bailarina negra ha editado sus “Memorias” en París. Y de estas memorias, a manera de un pintoresco obsequio a nuestros lectores creemos oportuno traducir los siguientes fragmentos.

Comienza Josefina las ya aludidas “Memorias”, confesando con sinceridad desconcertante: “El caso es que ya no me acuerdo de mis recuerdos”.

“Yo desde muy pequeña bailaba, y bailaba en todas partes, en mi casa, en la calle, en la escuela. ¿Y sabéis para qué? Para defenderme del hambre y del frío. Yo siempre he bailado haciendo muecas. La mueca es un ejercicio necesario como cualquier otro… No comprendo cómo hay gentes que viven sin hacer muecas”.

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“Una mujer para triunfar tiene que cortarse el pelo y alejarse de la familia. Con el pelo largo y la familia cerca, no puede llegarse a nada serio en la vida”.

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“¿La historia de mi existencia? Puede resumirse en pocas palabras: Nací en Estados Unidos, en la ciudad de Sant Louis el 3 de junio de 1906. Vivía con mi madre, mi abuela y mi bisabuela. Muchas mujeres y pocos hombres, por lo que mi padre, que era blanco, pronto se aburrió de tanta negra dejándonos a la buena de Dios. El hambre y los trabajos me enseñaron la senda del arte. Debuté en Filadelfia, en un teatrito sin importancia en donde se representaba una mala revista. Me decían que ganaba 10 dólares a la semana, pero nunca ganaba nada porque no me los pagaban. En el teatro seguía teniendo tanta hambre como en mi casa. Queriendo comer resolví marcharme a Nueva York, con el dinero justo del viaje. Fui directamente al “Music hall” de Broadway 63rd Street. El director me dijo: “Vuelva usted mañana”. Y me repitió la frase todas las tardes durante una semana. Pasé tres días sin comer y la semana entera durmiendo sobre los bancos de los parques.

Al fin el director me admitió para figurar en “Shuffle Along”, la primera gran revista negra que se presentó en New York. Bailé a mi manera, haciendo muecas y arrojando brazos y piernas sobre las cabezas de los espectadores. Mis compañeras me decían: “bailas como mona”. Pero yo seguí bailando igual y así logré que el público me aplaudiera y que los diarios se ocuparan de mí. Un día la “estrella” se puso enferma y el director me encargó de su papel. Obtuve un gran éxito. Poco después Madame Reagon me ofreció contrato en su compañía para venir a Europa y acepté”.

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“Llegué a París en septiembre de 1925. Venía vestida con un trajecito escocés, botas altas, calcetines, un sombrero que parecía una mitra y colgando de sendas correas sobre los hombros, un aparato fotográfico sobre el flanco derecho y unos gemelos prismáticos sobre el izquierdo. La gente sonreía burlona al verme pasar, pero yo también sonreía creyendo que esa sonrisa constituía una muestra de simpatía general y no de burla. Comenzaron los ensayos de la revista negra en el teatro de los Campos Elíseos. Llegó el día del debut y por primera vez se bailó el Charlestón en Europa. El éxito fue colosal, sin precedentes. El público se volvió loco hasta perder la cabeza y al otro día un millar de charlestons europeos inundaban el Viejo Mundo. Aquellos charlestons europeos se parecían a los americanos, como un pato puede parecerse a una ardilla”.

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“El charleston se baila con los pies, con las manos, con las caderas y con ciertas partes del cuerpo que no sería decente nombrar. Por desgracia, no todas esas partes femeninas, sirven para el charleston, pues hay muchas que son estúpidas, presuntuosas e insignificantes, pese al hecho de que sus dueñas las creen tentadoras y dislocantes” …

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¡ ¡Mi éxito no ha sido solo en París, estuve en Berlín y me hubiese quedado allí de haberlo deseado, ya que Max Reinhart me ofrecía un contrato por tres años en el “Deustch Teather”. Yo había firmado con el “Follies Bergere”y no era cosa de quedar mal. Los críticos alemanes descubrieron en mi el símbolo viviente de del “expresionismus” y del “primitivismus” alemanes. La gran ciudad me colmó de atenciones y regalos. Me enviaron sortijas con enormes brillantes, collares de perlas, pendientes antiguos, muebles orientales, dos automóviles, dos vestidos de tisú de oro, unos zapatos con los tacones cubiertos de piedras preciosas auténticas, cuatro abrigos de lujosas pieles, muchos juguetes maravillosos y mil cosas más que no recuerdo”.

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Josefina Baker

La llamada “Diosa de ébano” que deslumbró con su encanto y talento al público.

“Reaparecí en París, tomando parte en la revista “Las Locuras del Día”, del “Follies Bergere”. Me recibieron con el entusiasmo de siempre. Bailaba por las tardes en “Las Acacias” y por las noches en un cabaret de la Rue Fontaine. Yo solo tengo un anhelo: ganar mucho dinero, de prisa y abandonar el teatro”.

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Bailaré toda mi vida porque he nacido para bailar, pero no en escena. La vida del “music-hall” me fatiga; el papel de estrella me cansa; las intrigas que me rodean me producen asco. Trabajaré aún durante dos o tres años más. Luego compraré una villa en la “Costa Azur”; me casaré y tendré muchos hijos; pero si alguno de ellos pretende dedicarse al teatro, lo estrangularé con mis propias manos”.

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“Los negros estamos de moda. Ya Broadway se ha ennegrecido por completo. También Europa se ennegrece. Pronto estará el mundo tan oscuro, que al encenderse un fósforo habrá que rayar otro enseguida, para ver si el primero se ha apagado”.

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“Yo bailo como se me ocurre en el momento, y nunca dos veces lo mismo. Por eso no ensayo. No soy una máquina, ni soy una bailarina, ni una comedianta, ni siquiera una negra. Soy Josefina Baker y nada más”.

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“La bailarinas de óperas y las rítmicas parecen pájaros bobos. La Palowa es inaguantable”.

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“El espectáculo más bello es el cinematógrafo y la invención más abominable es el radio. Oír todo y no ver nada. Precisamente lo agradable sería no oír nada y ver todo”.

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“Me han presentado a muchos personajes célebres, entre ellos a algunos reyes, pero ninguna de esas presentaciones me ha causado la menos emoción. Pienso siempre que el “personaje” es al cabo un pobre hombre y eso me basta”.

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“Yo salgo a escena desnuda y vivo desnuda; desnudo el cuerpo y denuda el alma. Las mujeres que me critican no podrían, aunque quisieran, mostrar desnudo su cuerpo y su alma, igualmente feos”.

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Lo transcrito es algo de lo escrito por Josefina Baker, “La reina negra de Europa”, que la llaman en el Viejo Mundo, será eternamente única, precisamente porque, como confiesa ella, no es bailarina, comediante ni aún siquiera negra… Será única por mucho tiempo en el favor del público precisamente por eso, porque es Josefina Baker.

 

(Apuntes de Paul Colin hechos para las “Memorias” de Josefina Baker, recién publicadas en París)

 


Redacción Digital

 
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