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Publicado el 2 Junio, 2021 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

Rosas de Broadway. La argentina española

Conchita Vila ha sabido ser la creadora inimitable del delicioso “charleston” con castañuelas.
Imagen del texto original publicado el 12 de junio de 1927, en el número 24 de la revista.

Imagen del texto original publicado el 12 de junio de 1927, en el número 24 de la revista.

Hoy en la sección Bohemia Vieja traemos un texto publicado en el No 24 de nuestra revista, el 12 de junio de 1927. El periodista Miguel de Zarraga, cuenta sobre la célebre artista Conchita Vila, bailarina de Broadway, quien supo robarse, con su encanto y talento, la atención y admiración del público en varios escenarios. Comparada con figuras de la talla de Amalia Molina, María Montero y Magda de Bries, compartió escena con Gardel y Vicente Martínez, entre otros importantes bailarines.

En el pequeño mundo, más o menos artístico de las danzarinas y hasta las danzantes que por aquí pululan esperando el maná de una quimérica contrata, ¡que sólo muy de tarde en tarde les suele llegar! refulge ahora con resplandores de incendio y temblor de terremoto una vivaz estrella nacida a orillas del Plata, en aquel grandioso país de ensueño, donde proclamárase la doctrina de “América para la Humanidad” y que, por ser así, hicieran suyo sus padres, españoles… Las estrellas de menor cuantía estremeciéronse confusas. Y lucero hubo que, con la mayor ingenuidad, amenazó con apagarse para siempre, si la argentina luminosa seguía deslumbrándonos. La cosa no era para menos. Dejando a un lado, e intangibles, las ya consagradas, como la egregia María Montero, ¿qué otra entre todas las nacientes, puede compararse hoy con esta “argentina española” de luz propia e insólitas vibraciones?

Su nombre es hora de consignarlo: Conchita Vila. La Conchita Vila que, con el notabilísimo bailarín español, burgalés, Vicente Martínez, actualmente nos deleita y seduce desde la escena del neoyorkino “Apolo Theatre”. La Conchita Vila que nos contenta con bailar magistralmente lo mismo un tango que una jota, unas sevillanas que una danza apache, una machicha que un fado, ha sabido ser la creadora inimitable del delicioso “charleston” con castañuelas…

Amalia Molina, la suprema artista del casticismo, ¡la única!, será, mientras viva, el alma popular española, que palpita en su corazón, se asoma en sus ojos, tiembla en sus labios, retoza en sus pies diminutos, cascabelea en sus manos deliciosas. María Montero, más dúctil, es la que supo amoldar todos los gustos imperantes, aunque haciéndolos siempre compatibles con tal caracterizado españolismo de sus danzas, que como ráfaga de alegría y de luz pasearon en triunfo por los mejores escenarios de Broadway. Magda de Bries, madrileña, conquistó también una fácil victoria con su arte clásico de la más pura estirpe… Conchita Vila, que por ser mucho más cosmopolita es mucho menos española, camino va, por la misma senda de laureles, hacia las mismas cumbres.

Conchita Vila, que es muy joven y muy bella, viste además muy bien. Con supremo gusto y con tanto orgullo de sus líneas impecables, que jamás tiene miedo a la escasez de tela, ¡muy al contrario!, ya que cuanto más se cubre menos se descubre la venusiana escultura que aquella envuelve.


Redacción Digital

 
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