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Publicado el 5 Julio, 2021 por revista bohemia en Bohemia Vieja
 
 

En busca de un Remedio contra las tormentas

El 1727 parece que fue en nuestra isla un año pródigo en grandes tormentas, acompañadas de centellas, que tenían al pueblo consternado y a las autoridades seriamente preocupadas.
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Por estos días en que nuestro país se encuentra asediado por los vientos y las lluvias del evento tropical Elsa, nos gustaría compartirles un texto que se publicara en la sección No. 43 de esta revista, el 27 de octubre de 1929, donde el periodista José A. Giralt nos cuenta cómo los cubanos enfrentaban desde un punto de vista religioso, los embates de la naturaleza mucho tiempo atrás.

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Imagen del texto original publicado en en la edición No. 43 de esta revista, el 27 de octubre de 1929.

Imagen del texto original publicado en en la edición No. 43 de esta revista, el 27 de octubre de 1929.

La población de Cuba a principios del siglo XVIII, era profundamente religiosa. Su religiosidad, puede afirmarse que rayaba con el fanatismo, ya que en él influía el estado de ignorancia e incultura en que se hallaban estos países de América en aquella época.

Fiándose todo entonces a los designios de la Divinidad, las gentes pasaban gran parte de su tiempo rezando. Cuando se creaba una población, lo primero de que se ocupaban sus fundadores era de edificar su iglesia y buscarle un patrón o protector entre los integrantes de la corte celestial. Cada persona también tenía su patrón o patronos al ó a los que se encomendaban todas sus tribulaciones, ya fuesen estas de origen físico o moral. Las novenas, procesiones, salves, misas y demás actos y festividades religiosas menudeaban durante el año, multiplicándose las iglesias y conventos para dar abasto a ese fervor religioso del pueblo que, traducido en limosnas y donaciones, producía suficientes recursos para sostener el esplendor de la religión y proporcionar a los sacerdotes y prelados la manera de mantener su prestigio y autoridad.

Teniendo en cuenta ese fanatismo en que vivían nuestros antepasados, en lo que a la religión respecta, no es de extrañar que las grandes perturbaciones de la Naturaleza produjeran en ellos verdadero pánico, ya que eran incapaces de explicárselas debidamente y mucho menos de prevenirse eficaz y oportunamente contra sus desastrosos efectos, juzgándolas siempre castigos de Dios.

Cuando el cielo se encapotaba, y los relámpagos ponían en él sus rúbricas ígneas y el trueno retumbaba, las gentes, empavorecidas, corrían a tapar los espejos y a quemar guano bendito, poniéndose inmediatamente a rezar el trisagio, invocando de continuo a Santa Bárbara.

El 1727 parece que fue en nuestra isla un año pródigo en grandes tormentas, acompañadas de centellas, que tenían al pueblo consternado y a las autoridades seriamente preocupadas.

Ya se habían celebrado distintas reuniones y expuestos diversos pareceres para hallar un remedio a ese mal que resistía a la acción de los rezos y ofrendas a la Divinidad, la que parecía mostrarse cada vez más hostil, cuando el Cabildo Habanero, en su reunión del día 25 de octubre de 1727, creyó que había encontrado el medio de aplacar las iras divinas, con el acuerdo que aparece en el acta de la sesión de ese día que a continuación reproducimos íntegramente, haciéndole algunas correcciones ortográficas para mejor comprensión de nuestros benévolos lectores:

“Representación del Sr. Pro. Genl. Para que al glorioso proto-mártir Sr. San Cristóbal, dignísimo patrón de esta ciudad, el día de su festividad en la tarde, se saque en procesión”.

Dicho Sr. Pro. Gnel, dijo que de años a esta parte se está experimentando en esta ciudad y sus contornos y la Isla toda, temporales tempestuosos, como así mismo centellas que han hecho el estrago que es notorio y para que se ocurra como es debido a buscar la intercesión del glorioso proto-mártir Sr. Sn. Cristóbal, dignísimo Patrón de esta ciudad y que con sus ruegos alcance de la Majestad Divina nos libre continuamente de semejantes estragos, representa a este lustrosísimo Cabildo dé y acuerdo providencia para que en el día de su festividad en la tarde, se haga procesión general y que le invoquemos por nuestro en fuerza de ser nuestro dignísimo Patrón. – Acórdese que los Sres. Comisarios de este año, despachen recomendado suplicatorio en forma al Ilustrísimo Sr. Obispo de la Diócesis, suplicándole sea servido de que se saque en procesión al Sto. Patrón San Cristóbal su día por la tarde, por las calles acostumbradas para que el Santo Glorioso sea Servido despotesponerse (sic.) con Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre y que mediante sus auxilios nos libre a toda esta ciudad de centellas y tormentas. – Con lo cual se acabó este Cabildo y lo firmaron- Diego de Aldama- D. Pedro Antonio de Lespa y Carvajal- Ante mí, Miguel de Ayala, Escribano del Cabildo”.

No sabemos si el remedio propuesto por el ilustre Cabildo Habanero, al ponerse en práctica, daría resultados, cesando, como por ensalmo, las tormentas y centellas de poner pavor en el ánimo de los buenos habaneros y demás pobladores de la Isla en aquella época, pero sí podemos afirmar que los regidores que tomaron el acuerdo se quedarían con la conciencia tranquila y el pueblo al celebrarse la procesión propuesta en honor del Patrón de la Ciudad, sentiría una sensación de alivio y optimismo.

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Nota aclaratoria: Queremos recordar a nuestros lectores que estos textos son recuperados de modo íntegro, manteniendo las normas ortográficas y de redacción imperantes en la época, y siendo totalmente fieles al estilo de redacción. Esperamos su comprensión y que sea de su agrado tal salvedad.

 

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