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Publicado el 9 Julio, 2021 por revista bohemia en Bohemia Vieja
 
 

Los vendedores de periódicos

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La figura del vendedor de periódicos era un elemento clave dentro de la vida de las grandes ciudades, y por supuesto, la Habana no escapó de ello. Fue, con intención de resaltar su trabajo y figura, que Gerardo del Valle escribió este texto, publicado en la edición No. 41 del 29 de octubre de 1927, donde destacaba sus capacidades y agradecía la inmensa labor de divulgación de estos “obreros del papel”. Aunque el paso del tiempo y las nuevas tecnologías han prácticamente sustituido a estos personajes, todavía podemos encontrar de vez en cuando un raro ejemplar de ellos por ahí, periódico en mano, vendiendo el mundo en unas hojas.

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Imagen del texto original publicado en la edición No. 41 del 29 de octubre de 1927.

Imagen del texto original publicado en la edición No. 41 del 29 de octubre de 1927.

Una de las características más sobresalientes de las grandes ciudades de hoy, es la nerviosidad, intermitente, de los diarios y revistas, unida a ese numeroso y simpático ejército de obreros de la calle, sin cuya cooperación no hay ninguno que pueda triunfar. Los vendedores de periódicos son el alma y el dinamismo de las hojas impresas, causa de nuestras inquietudes y nuestras alegrías, conductores de la emotividad anhelante y curiosa. Hoy es indispensable, para vivir, estar al tanto de los acontecimientos de todo el mundo y es por eso que el diario y la revista están catalogados como artículos de primera necesidad.

La Habana nada tiene que envidiar a las más populosas ciudades del mundo en materia de papeles impresos de todos los matices y de todas las ideas. Blasco Ibáñez, en las impresiones de su viaje alrededor del mundo, revela su enorme sorpresa cuando vió la cantidad de periódicos existentes, así como la organización gigantesca de sus imprentas, que no tuvo tiempo de visitar a todas.

La vida y la importancia de un diario y una revista se descubre fácilmente consultando a los humildes vendedores de periódicos. De ello se dan cuenta las empresas y tratan de lisonjearlos y tenerlos contentos, pues del mucho o poco interés que demuestren en la venta y en el pregón, depende el éxito de la publicación. Los anunciantes inteligentes los consultan, y se sitúan junto a las rotativas, a la hora de salida, para escoger el campo de batalla donde se ganan clientes.

El vendedor de periódicos habaneros desmiente rotundamente a los que acusan a nuestros compatriotas de indolentes y achacan al calor lo que realmente no existe. Él desarrolla al máximo toda la actividad física que es necesaria para su ruda labor; es incasable, inteligente y alegre. Desde las más tempranas horas del día, hasta las más avanzadas de la noche surca a toda velocidad las complejas calles de La Habana, sin dejar una sola y se remonta a los más lejanos suburbios, llevando bajo el brazo los pliego donde toda la vida y las pasiones están fielmente grabadas. Cientos de vendedores duermen bajo la bóveda celeste, en la acera de los grandes rotativos para aguardar el instante preciso en que la rotativa empieza a vomitar el papel impreso, y así, no perder un átomo de tiempo. Los más listas son los que logran los primeros ejemplares de los voceros matutinos, pero no por eso forman confusión ni riña. Existe una armonía rara entre ellos, siempre llegan a un acuerdo satisfactorio y en cuanto a la distribución de los sitios estratégicos para la venta, asombra observar cómo, sin premeditados planes, por intuición casi se respetan unos a otros y se evitan la odiosa competencia. Saben perfectamente que los periódicos preferidos del público se venden siempre y cuando algunos, por haber alcanzado unos minutos antes, agota sus existencias, fraternalmente ayuda a los tardíos a quienes restan ejemplares. Ya hoy los vendedores de periódicos están asociados y es el de ellos uno de los mejores y más organizados gremios.

La venta de “papeles” es un negocio que exige, para su éxito, mucha acción en las extremidades inferiores. Mientras más de prisa corra un vendedor más vende. Además, hay que adquirir una extraordinaria práctica acrobática para servir a los “marchantes” que van en el tranvía, los autos y los ómnibus, sin que estos detengan su marcha; hay que atravesar las más congestionadas calles, entre una vorágine de vehículos siempre corriendo y gritando a todo pulmón.

Hay vendedor que no pierde un solo turno y logra estar a tiempo a la salida de numerosos periódicos, que ven la luz a distintas horas del día y de la noche. Cualquiera, por poco que venda, gana más que un obrero de taller. Conocemos vendedores que se procuran un jornal fabuloso. Pero bohemio, alegre y despreocupado, derrocha el dinero con la misma facilidad que lo gana. Abundan, entre ellos, los buenos jugadores de pelota y en materia de boxeo, el “periodista” sabe perfectamente todo el mecanismo de la ciencia de los puños.

La revista Bohemia, que desde el primero de enero se lanzó a la conquista de la calle, siente una gran estimación por estos bravos colaboradores de su éxito, cada vez más creciente. Todos los sábados, desde las seis de la mañana, tiene frente a su edificio al enorme ejército que devora la edición y deja a veces a muchos pueblos del interior sin ejemplares. Fueron los primeros que, a todo grito, al iniciarse nuestras reformas, proclamaron sus ventajas. En cada innovación progresiva, ellos sienten una satisfacción propia; los consideran como resultados de sus esfuerzos y como de antemano conocen la buena acogida del público, noes estimulan a aumentar, a doblar el número de ejemplares cuando por la fabulosa demanda de todas partes no podemos proporcionarle la cantidad que pide el jefe de ventas.

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Nota aclaratoria: Queremos recordar a nuestros lectores que estos textos son recuperados de modo íntegro, manteniendo las normas ortográficas y de redacción imperantes en la época, y siendo totalmente fieles al estilo de redacción.

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