Rusia 1

¿Capricho “putinista” o impudor hegemonista?

Casi nada o muy poco de cuanto ejecutan Washington y sus alabarderos en materia de relaciones globales resulta espontáneo y coyuntural. De ahí que cuando Joe Biden habla hoy de los “crímenes rusos contra Ucrania” y de un Putin “asesino y malvado”, y los segundones de Europa Occidental y otras latitudes se suman de forma soez e irresponsable al engaño público y mediático de fijar imágenes horrendas de Rusia mientras silencian los entretelones verdaderos del origen y desarrollo del episodio ucraniano, la gente decente y objetiva no puede menos que experimentar alarma.

Es que escuece que unos cuantos pillos intenten reducir a sus congéneres a meros peleles teleguiados por estratos presuntuosos y engreídos, y que a expensas de los que se nos dice se programe y prepare por demás la ruta al desastre final de la especie humana… Así de simple y crudo.

Desde otros tiempos

Vayamos a la historia. Que se sepa la revolución bolchevique de 1917 y el surgimiento de la URSS no fueron una conjura ajena contra el mundo. Simplemente resultaron acontecimientos (como las mismísimas revoluciones burguesas y anticoloniales europeas, y norteamericana) que obedecieron a las realidades objetivas y subjetivas de imperios insoportables o en decadencia, y a una consecuente y muy propia rebelión popular.

Pero esta clarinada, apegada a las urgencias de la mayoría, no era del gusto del entorno capitalista de entonces y, en socorro de la contrarrevolución interna, desembarcaron incluso en territorio del joven Estado, y no en son de amistad precisamente, contingentes militares de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Canadá y Australia para calzar el intento de coartar la “amenaza roja.” Mas la URSS sobrevivió y solo en unos pocos decenios mostró sus potencialidades, más allá incluso de errores, contramarchas, accidentes políticos, voluntades y personalidades acentuadas que nunca faltan ni creo faltarán en la obra de todo colectivo humano.

En ese largo devenir solo la hostilidad, el cerco y la demonización llegaron del Oeste, incluida la devastadora Segunda Guerra Mundial o las largas sesiones de la Guerra Fría, que lejos de derrumbar de inmediato al coloso euroasiático, como se ideó desde varias casas de Gobierno del lado opuesto, lo catapultó, en razón de su victoria contra el fascismo y sus multifacéticos avances autóctonos, como una de las dos grandes potencias del siglo XIX, generadora además de una ola mundial de cambios sustanciales en nada complacientes con los lastres explotadores vigentes.

Rusia no trasluce el menor signo de abatimiento en su campaña militar. / actualidad.rt.com

La era pos…

No obstante, el capitalismo logró un aire cuando, casi al cierre de la última centuria, la Unión Soviética pasó a ser polvo a manos de los demonios internos y externos, y USA, devenida en solitario primera butaca en la sala universal, creyó llegada la hora de pasar las cuchillas bien bajas y cobrarse los espacios que antes les fueron hostiles. El plan, recalentado una y otra vez, parecía listo para la mesa. Contra la heredera del poderío soviético no cesaron las reticencias, por mucho que los iniciales “líderes” de turno en el Kremlin se deshicieron en mimos y muecas para ganarse la atención de la Casa Blanca y de sus vecinos regionales del poniente.

Las promesas hechas a Mijail Gorbachov de que la OTAN no se movería un ápice al Este se fueron por el caño destinado de antemano y el armatoste bélico inició su juerga hasta Ucrania en busca de posaderos sobre la frontera rusa, en una marcha cocida desde los días en que los “teóricos” del hegemonismo decretaron que “quien controle Eurasia controlará el mundo”, y que “los Estados Unidos no pueden permitir” la existencia global de competidores ni rivales similares bajo ningún concepto.

Que lo digan si no los ex asesores presidenciales norteamericanos Paul Wolfowitz y Zbignew Brzezinki, quienes, según investigaciones del analista francés ‎Thierry Meyssan, ya en el año 2 000, “en un gran coloquio realizado en Washington por nacionalistas ‎integristas ucranianos refugiados en Estados Unidos”, les prometieron solemnemente “respaldar a una Ucrania independiente, provocar que Rusia entrara en guerra contra ella y, ‎finalmente, financiar la destrucción del renaciente rival de Estados Unidos”.

Los mismos personajes, añade Meyssan, que ya en 1992 suscribían la tesis (que debiera ser bastante instructiva por cierto para algunos políticos occidentales tan “radicales” hoy frente a Moscú) de que en aras de su poder absoluto, los ‎Estados Unidos “no deben vacilar en destruir también a Alemania y la Unión Europea”.‎ Y uno de ellos, el prolijo Zbignew, promotor además de la ayuda militar estadounidense a los extremistas afganos a fines de la década de los 70 contra el Gobierno popular de Kabul para provocar el empantanamiento de tropas soviéticas en aquel país, como en efecto ocurrió.

Añádase también a la lista de tan laboriosos injerencistas a Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, pública activista callejera en la Ucrania de 2014 a favor de la toma violenta por los grupos neofascistas y ultranacionalistas del Gobierno en Kiev, y del ulterior empadronamiento de esas pandillas en las fuerzas armadas y de seguridad nacionales para alentar la guerra ya decidida contra Rusia en alianza con Occidente.

La prolongada “ayuda militar” occidental a Kiev es un remiendo costoso para “donantes” y “receptores” que no genera dividendos estratégicos. / hispantv.com

Y todavía dicen

¿Se podrá acaso con este expediente seguir insistiendo entonces en que Rusia es la invasora, la provocadora y la impulsora de los actuales acontecimientos? Joe Biden no es una pizca de original ni decisorio en este mamotreto de enredos. En todo caso es un simple lleva y trae de un poder fáctico que asume el control y el verdadero poder. Que dicta lo que se hace, lo que se pospone o lo que se acelera, y que se estima predestinado a lograr las llaves de su cielo muy particular aunque rueden todas las cabezas ajenas.

Lo complicado para tales pretensiones sigue siendo, no obstante, que tanta “sabiduría” y tanto “rigor” tienen mucho del modo de ver sesgado, atrofiado y voluntarista de la realidad, propio de quienes subvaloran a los demás. Porque hasta hoy Rusia está capeando con éxito las miles de sanciones absurdas que se le imponen, no está aislada y, por el contrario, confía mucho más en sus propias fuerza, voluntad y experiencia que cuando creía escuchar campanas en su trato con los titulados “socios occidentales”… realidades que quienes creyeron pasarle la cuenta histórica a Moscú, no pueden sin embargo decir de sí mismos saltadas las vallas.

Una respuesta

  1. Es sencillo de entender. El problema es económico, no político. Ucrania ES el granero de Europa. A la caida de la URSS, y su posterior independencia, la nueva Rusia, perdió el granero de Europa. Ahora, bajo otros pretextos los quiere recuperar. Rusia hoy día es capitalista, como China, la diferencia estriba en que China ejerce control social sobre la población (China Comunista) y Rusia no (Rusia Capitalista)

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