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Publicado el 4 mayo, 2015 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

GEOLOGÍA

El arcano del fin del mundo

Cráter

(MARYA ZULINOVA, YAMAL REGIONAL GOVERNMENT’S PRESS SERVICE / THE SIBERIAN TIMES)

Por TONI PRADAS

Desde allá arriba, mucho más alto que de donde Mashenka mira, pilotos rusos de un helicóptero que trabajaban para una empresa petrolera mientras soltaban las típicas bromas de los vuelos rutinarios hicieron un descubrimiento que, por asombroso, les torció el alborozado rostro en una sardónica mueca.

Necesito un vodka, pensaron, pero prefirieron ajustarse al reglamento. Tomaron aire para no tartamudear y llamaron a la base para informar que acababan de ver un gigantesco cráter en un inhóspito paraje de la península de Yamal, en el noroeste de Siberia.

Los controladores aéreos apuntaron la incidencia en su página del mes de julio de 2014 (apenas habían registrado tediosos reportes) y les pidieron a los muchachos que, por San Nicolás, patrón de Rusia y de los investigadores, regresaran a casa cuanto antes.

Ya en la oficina comenzaron las conjeturas y, por supuesto, las dudas de los colegas por posibles exageraciones, como si se tratara de uno de esos peces que terminan escapándoseles a los pescadores fabuladores. Sin embargo, a menos que fuera obra del diablo, el inusual hueco debería permanecer allí para dar fe de que los pilotos no mentían, que el vodka no había sido escanciado.

Debería estar claro, pero tratándose de Siberia, si se hubiera borrado de un plumazo, nadie debería escandalizarse. Todo puede suceder. Al fin y al cabo, en la lengua de los nenets, los habitantes indígenas de la región, “yamal” significa “fin del mundo”.

Después de vivir miles de años discretamente, los pueblos nenets y khantys han visto mancillada su privacidad en los últimos tiempos. Como si no fuera suficiente tener que pastorear cada día, tundra arriba y tundra abajo, el medio millón de renos domesticados, la mejor cría tradicional a gran escala de toda la Federación.

Primero fue el hallazgo, en la década de 1970, de grandes depósitos de gas natural que convirtieron a Yamal en la mayor reserva de este combustible en Rusia. Ya en el nuevo milenio, empezaron a hormiguear los ingenieros del monopolio Gazprom, quienes con el bolígrafo indicaban sobre el horizonte dónde colocar las plantas extractoras del depósito Bovanenkovo. Para los nativos, las obras ponen en peligro el futuro de su cría nómada de ciervos con astamenta y les apresura, así, el fin de su mundo.

Después la península, tan grande como Cuba toda, se llenó de curiosos cuando en el verano de 2007 un pastor de renos encontró los restos bien conservados de un mamut, de hace 37 mil años. Una maja hembra que, si bien vivió apenas seis meses, hoy se perpetúa como una postal geológica de un mundo que sí llegó a su fin.

Solo les faltaba a los lugareños que en sus predios surgiera un inexplicable cráter hasta el epigastrio de la tierra –o varios, adelanto, pues fue apareciendo una epidemia de agujeros–, como si descomunales gusanos se hubieran confabulado para merendársela, tal cual una manzana.

¿Extraterrestres o intraterrestres?

Rápidamente, los científicos descartaron como causa el choque de un meteorito. Las marcas demuestran que una explosión surgió desde dentro

Rápidamente, los científicos descartaron como causa el choque de un meteorito. Las marcas demuestran que una explosión surgió desde dentro. (Foto: ANDREY NAUMENKO, YAMAL-REGION)’

Más de nueve millones de visitas registró Youtube, la red social de videos, en apenas unos días. Mirones de todos los puntos cardinales querían ver el espectacular fenómeno sin arriesgarse a temblequear en las frías zonas de la tonsura del orbe.

Para unos, la causa fue la explosión de un arma nuclear, en tanto a los ecologistas les dio mala espina la cercanía a los yacimientos. Otros quedaron mejor arropados con la idea de una agresión alienígena, toda vez que los científicos habían descartado el choque de un meteorito: para empezar, nadie había atestiguado haber visto cuerpos que entraran incendiados en la atmósfera o radiación luminosa alguna, como suele suceder con esos astros dementes.

Además, las marcas de las paredes del hoyo indicaban que la explosión debió ocurrir desde el interior de la tierra, como si esta expulsara un elemento no deseado. A los ufólogos esa tesis les venía como un postre: en el núcleo terrícola, acuñaron, estarían esperando agazapadas las naves, hasta ese momento que creyeron idóneo para salir y desarrollar su Día D.

Movidos por su propia curiosidad, renombrados académicos volaron a mediados de julio hasta el poro nombrado B1, ese que todos prefieren llamar “cráter del fin del mundo”.

Ubicada a unos 30 kilómetros de la localidad Bovanenkovo, la furnia les erizó la piel al ver los más de 60 metros de diámetro y 20 de grosor en la boca, de manera que con un poco de agallas se podría acceder en helicóptero como en un parto invertido.

Como sea, hasta este minuto, nadie ha visto la base. Un miembro de la expedición ató una videocámara con una cuerda, pero tras 50 metros de descenso ni siquiera había alcanzado el fondo sin eco, supuestamente cubierto de agua.

La geóloga Marina Leibman, de la Academia de Ciencias de Rusia, no tuvo reparos en reconocer que quedó impresionada con la perfección del cráter, al que describió más como una cuba. “No hay rastro de algo que hubiera podido caer del cielo o de una explosión. Lo que vimos alrededor es una tundra absolutamente virgen. No vimos señales de presencia humana, ni basura y ni siquiera rastros de pastores de renos”, relató.

Sin embargo, acercarse para fisgonear era peligroso. El hielo que formaba los bordes del boquete se derretía continuamente durante el verano y la superficie colindante estaba extremadamente resbaladiza. Allí las temperaturas no suelen subir de los -50 grados Celsius durante la mayor parte del año.

Anna Kurchatova, del Centro de Investigación Científica Sub Ártica, se apresuró a especular que el cráter fue generado por el gas acumulado en el hielo mezclado con arena y sal, como consecuencia de una explosión subterránea provocada por el calentamiento global. Ese lugar, hace aproximadamente 10 mil años, estuvo cubierto por un inmenso mar, lo cual explica la presencia de sal.

Los científicos comprobaron que los niveles de radiación eran normales, pero notaron que en la oquedad había una concentración de metano más alta de lo normal, en un máximo de 9.8 por ciento, por lo que es muy inflamable.

En el ínterin, la coordinadora del programa ártico de Greenpeace Rusia, Yevguenia Belakova, recordó que el metano tiene un efecto invernadero mayor que otros gases y es un factor que contribuye en gran medida al cambio climático en el área circumpolar.

Los estudiosos, por lo pronto, descartaron que el agujero fuera provocado por un río subterráneo y vincularon el fenómeno con el calentamiento de los últimos años, en particular en 2012.

Algunos entusiastas de los ovnis, dicho sea de paso, consideran que los extraterrestres, en sus escondites, podrían estar provocando el caldeamiento del planeta azul. Qué menos podrían causar sus tecnologías si estas, como es de esperar, precisan de altos consumos energéticos. Esa hipótesis les ha hecho la boca agua a ciertas personas, pues con esta la humanidad se podría desempolvar la responsabilidad del ecocidio sostenido. Y como entonces no somos culpables… ¡un, dos, tres… viva la vida loca!

Réquiem por el permafrost

El extenso territorio podría esconder más “bolsas de gas”, que serían muy peligrosas si explotaran en zonas habitadas o yacimientos de hidrocarburos

El extenso territorio podría esconder más “bolsas de gas”, que serían muy peligrosas si explotaran en zonas habitadas o yacimientos de hidrocarburos. (Crédito: INFOBAE / BOHEMIA)

“El cráter confirma que el cambio climático es real”, avaló Leonid Rijvanov, doctor en Geología por la siberiana Universidad de Tomsk. “Lo extraordinario es que este fenómeno, a toda vista natural, haya ocurrido en un tiempo tan corto, ante nuestros ojos”.

Normalmente, los sucesos geológicos son resultado de procesos de cientos o miles de años. Pero Rijvanov consideró que los “agujeros negros”, como también se les conoce a los cráteres de Yamal, “son consecuencia directa del calentamiento de nuestro planeta, que está provocando que se derritan los hielos perpetuos (permafrost) que cubren la tundra siberiana. Aunque no es algo catastrófico, ya que Siberia es un lugar muy sensible a los cambios”.

Según explicó, el hielo contiene gas y cuando se reduce el espesor de la superficie helada, este sale disparado como las fumarolas en las zonas volcánicas. Entonces crea esos agujeros, con formas tan ideales que parecen hechas por el hombre, por extraterrestres o un meteorito, como hoy se runrunea en las redes sociales.

Para la geóloga Marina Leibman, el calentamiento pudo haber provocado la liberación de mayores volúmenes de gas. “Los cambios de temperatura en la superficie terrestre no están sincronizados con los del aire”, precisó.

La científica cree que debido al calentamiento, cuando esa capa de 80 por ciento de hielo perpetuo estuvo muy cerca de la superficie (más de lo habitual), se produjo el intrigante agujero. “Como la superficie es casi impermeable, la presión del gas aumentó y en esa situación pudo haber ocurrido un escape”, opinó.

Los expertos recuerdan que la temperatura del hielo perpetuo siberiano es de unos -10 grados, mientras la del gas es de unos 30.

Un inmenso campo de golf

“El infierno realmente se ha congelado”, comentaron algunos cuando se publicaron las fotos del primer descenso al cráter de Siberia en noviembre pasado

“El infierno realmente se ha congelado”, comentaron algunos cuando se publicaron las fotos del primer descenso al cráter de Siberia en noviembre pasado. (Crédito: CENTRO DE EXPLORACIÓN DEL ÁRTICO / THE SIBERIAN TIMES)

En los meses siguientes, nuevos cráteres fueron hallados e inspeccionados allá y en regiones siberianas bien distantes de Yamal.

Digamos que el del distrito de Taz, cerca del poblado de Antipayuta, tiene un diámetro de 15 metros y, según los residentes, se formó el 27 de septiembre de 2013. También en la península de Taymyr, al este de Yamal, región de Krasnoyarsk, sus pobladores vieron cómo “un hecho místico” modeló otra cavidad, cuya profundidad es de 60–100 metros, y su diámetro, inferior al de otros cráteres: cuatro metros. Mientras, en el fondo del mar de Barents existen cientos de estos, según los expertos.

Es decir, el extenso territorio podría esconder más “bolsas de gas”, que serían muy peligrosas si explotaran en zonas habitadas o yacimientos de hidrocarburos, por lo que un estudio permanente permitiría predecir la formación de estos agujeros negros.

De momento, un radar de sondeo terrestre llevó a cabo una exploración cerca del enorme agujero con el fin de recoger datos y ayudar a crear un modelo 3D del foso. Se espera que en el futuro este pueda ayudar a predecir la aparición de un fenómeno natural de ese tipo.

Como si avistaran un inmenso campo de golf, los investigadores rusos han podido descubrir docenas de nuevos hoyos gracias a las pupilas de los satélites, que husmean hasta bajo la sensual lencería escarchada de Siberia. Incluso las imágenes han revelado que la teoría antes expuesta no es tampoco la acertada.

Ahora la explicación es otra, y está relacionada con los pingos. Estos son accidentes geográficos que consisten en pequeñas protuberancias en el terreno (como un tapón de hielo) que se forman por la congelación de las aguas subterráneas. Cuando esos tapones se derriten rápidamente (Siberia, recordemos, sudó por elevadas temperaturas el año pasado) pueden hacer que parte del suelo se derrumbe, formando un cráter.

Pero este proceso no explica por sí solo por qué han sido encontradas rocas expulsadas hacia el borde del socavón, las cuales sugieren algún tipo de explosión. En lugar de eso, los cráteres pudieron formarse tras una repentina liberación de gas natural almacenado en el permafrost, pero que se mantuvo bajo presión por el peso del pingo.

Esta teoría se ve reforzada por las imágenes rusas que muestran pingos en los lugares exactos donde después se han formado los cráteres. Y como hay muchos más pingos en Siberia y también en Alaska, existe la posibilidad de que se formen más cráteres mientras el planeta siga calentándose en su propia sauna.

Pero antes, tal vez en un par de años, el cráter se convertirá en un lago más de la tundra de la península del fin del mundo. Allí, un reno saciará su sed y, con suerte, si llegaran a existir, quizás observará reflejada en el agua una nave alienígena, esa que esta vez hizo perder a los ufólogos una rara pulseada con la ciencia.

(Foto: INFORME21.COM).

(Foto: INFORME21.COM).

¿También el Triángulo de las Bermudas?
El mito del Triángulo de las Bermudas, nacido en 1840 con un barco de Cuba que apareció sin tripulación en la zona, parece tener ya esclarecimiento. Según American Journal of Physics, la causa podría ser semejante a la del cráter de Siberia. Debido al calentamiento, el océano “hierve” y el hidrato de metano comienza a absorber todo lo que pilla por delante y, sobre todo, por encima. De ahí los buques desaparecidos, mientras la turbulencia en la atmósfera sobresaturada con metano hace que las aeronaves se caigan.

 


Toni Pradas

 
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