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Publicado el 23 Noviembre, 2015 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

PLUTÓN

El mingo del billar solar

Nave nuevo horizonte

(Foto: Ilustración: NASA)

Por TONI PRADAS

Quién sabe si algún mi-go, especie extraterrestre que habita en Plutón según la imaginación del escritor H. P. Lovecraft, puede ver en la distancia cómo se aleja hacia las entrañas del Cinturón de Kuiper la nave no tripulada New Horizons.

La sonda, eso sí, no detectó vida inteligente durante su reciente paso por el planeta, y tan cerca lo hizo que con el vaho debe haber rozado los pelillos del que en días gloriosos fuera el noveno hermano de la Tierra. Hoy, defenestrado, catalogado como “planeta enano”, castrado su linaje dentro del Sistema Solar, ha sido renombrado con un número como los presos: (134340) Plutón.

Lo cierto es que el artefacto ahora se aleja con la proa apuntando hacia su próxima meta, un objeto celeste situado casi mil 600 millones de kilómetros más lejos del Sol que 134340. Y como un disciplinado guerrero rashput de la India, aun bostezando por la soledad y el tedio del lado oscuro, continúa enviando los datos que acumulara cuando “manoseó” al astro en julio pasado.

Desde entonces, los científicos no han hecho otra cosa que interpretar las crípticas informaciones llegadas, sacudir con el cursor del mouse basuritas en las imágenes y deducir qué nos esconde el explaneta a partir de ese puñado de piezas de rompecabezas.

El rey del Cinturón de Kuiper

Armado de confianza tras cotejarse los primeros resultados, Alan Stern, investigador principal de la misión en el Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI), de la agencia espacial norteamericana (NASA), se llenó de coraje para resumir las 10 cosas más sorprendentes que ha revelado hasta ahora Plutón. Pero advierte que pueden llegar nuevos desconciertos, pues la nave continuará suministrando datos e imágenes durante los siguientes 10 meses.

Según explicó en la revista Sky & Telescope, una de las cosas que más les ha sorprendido a los estudiosos es que no se hayan descubierto más satélites y se mantengan los ya conocidos: Caronte, Nix, Hidra, Cerbero y Estigia. ¡Como si los poetas mi-gos necesitaran más lunas para inspirarse!

Con ese chasco quedaron muy bien parados aquellos que encontraron cuatro pequeñas nuevas lunas mediante el telescopio espacial Hubble antes del paso de New Horizons, las cuales se añadieron a la ya conocida Caronte, mucho, pero muchísimo mayor.

También quedaron perplejos al comprobar que Plutón tiene un diámetro superior –aunque por muy poco– al de Eris, otro planeta enano. Plutón mide dos mil 374 kilómetros (con un error de seis kilómetros). Eris, aunque es mucho más masivo que Plutón, cuenta con dos mil 326 kilómetros (con un error de 12 kilómetros).

Eris, identificado en su uniforme de rayas con el nombre (136199) Éride, es el más masivo de los planetas enanos conocidos y se encuentra en el reguero de astros que conforman ese disco conocido como Cinturón de Kuiper. Se cree que en las etapas iniciales de la formación del Sistema Solar fue a parar a su órbita inusualmente lejana por interacciones gravitatorias con Neptuno.

Tras su hallazgo en 2005, los descubridores y los medios lo auparon como el décimo planeta del billar solar. Pero los astrónomos, endiosando a los números y las definiciones, no acababan de convencerse. Así, no solo lo degradaron, sino que Plutón (planeta de raza desde su descubrimiento el 18 de febrero de 1930) también fue sacrificado en el año 2006. Desde entonces ambos peregrinan como plutoides, alias que también cargan –hasta nuevas revelaciones– otras “miniaturas” como Makemake y Haumea.

Gracias a su paso por delante de una estrella, en 2010 se pudo calcular el tamaño real de Eris. Por su parte, New Horizons logró medir como un sastre al rival del “10”. Con las tallas que envió, “Plutón es el claro rey del Cinturón de Kuiper”, comentó Stern.

Tipo raro

Mares de dunas en Plutón desconciertan a los científicos

Mares de dunas en Plutón desconciertan a los científicos. (Foto: JHUAPL/SwRI/NASA)

El Sol siempre debió de mirar con sospecha a Plutón. Es rarito, bastante rarito. Tal vez por eso lo mandó a pernoctar bien lejos.

Para empezar, su órbita es muy excéntrica y durante 20 de los 249 años que tarda en recorrerla, se encuentra más cerca del astro rey que Neptuno, el “octavo”.

¿Acaso así se portan los planetas? Francamente, era difícil definirlo. Incluso, durante muchos años los astrónomos creyeron que fue un satélite de Neptuno y que dejó de serlo tras alcanzar una segunda velocidad cósmica. Pero esa teoría no rebasó los años 70.

Su órbita para colmo, es la más inclinada (16 grados) con respecto al plano de la eclíptica en el que orbitan los demás planetas. Gracias a eso no hay peligro de que se encuentre con Neptuno.

Ahora, tras la odisea plutoniana de New Horizons, los científicos se han desayunado con dos nuevas sorpresas de su orografía. Por un lado, la gran cantidad y altitud de las montañas encontradas, de hasta cuatro kilómetros de altura.

Y por otro, se encontraron indicios de que existen dunas en la superficie, algo inesperado porque la atmósfera de Plutón es hoy muy poco densa como para que se creen vientos que modelen las partículas de la superficie. Sin embargo, sí pudo haber sido muy densa en un pasado bien lejano.

(¿Coincidiría con el momento en que los mi-gos, mezcla de crustáceos y hongos, llegaron a la Tierra y empujaron a los Antiguos a sus refugios en el norte?)

La atmósfera es el escenario de otro de los grandes hallazgos. Existen allá neblinas atmosféricas producidas por partículas similares al hollín que son capaces de producir un cielo azul al salir y al ponerse el Sol, debido al mismo proceso –dispersión de Rayleigh le llaman– que tiene lugar en la Tierra. Semejante condición los propios científicos de New Horizons la habían descartado para Plutón.

Carly Howett, también del SwRI, hace unos meses explicó a la prensa que un cielo azul a menudo resulta de la dispersión de la luz solar por partículas ínfimas. “En la Tierra, estas son moléculas de nitrógeno. En Plutón parecen ser más grandes, pero todavía relativamente pequeñas partículas de hollín que llamamos tolinas”, dijo.

La sonda fue construida por el Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) y por el Laboratorio Johns Hopkins, de la NASA

La sonda fue construida por el Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) y por el Laboratorio Johns Hopkins, de la NASA. (Foto: JHUAPL/SwRI/NASA)

La gran variedad y complejidad del planeta enano en su conjunto también ha sorprendido a los investigadores. Desde luego, sabían que se producen cambios, pero no creían que fueran tantos.

Para Stern, en vez de ver otro Tritón (el satélite de Neptuno que observó en 1989 la Voyager 2), está emergiendo otro Marte.

Tritón es uno de los astros más fríos del Sistema Solar y su composición es similar a la del planeta enano. La luna neptuniana es uno de los pocos satélites del Sistema Solar del que se conoce que es geológicamente activo.

En Plutón no se han encontrado géiseres (que sí se dan en Tritón), pero se ha fotografiado una planicie de hielo de mil kilómetros de anchura en la que no se ven cráteres de impacto. Esto indica que, geológicamente hablando, se formó hace poco tiempo. Por tanto, Plutón sigue teniendo actividad geológica.

Por su parte, la atmósfera primigenia de Marte, formada poco después que el planeta, ha dado paso a otra cuyos elementos provienen de la actividad geológica marciana.

De momento, los investigadores se preguntan cómo rayos es posible que un planeta enano pueda permanecer geológicamente activo mucho tiempo después de su génesis. Para difuminar este enigma, expuesto en octubre pasado por los científicos en un artículo publicado en la revista Science, sería necesario conocer qué fuente de energía podría estar detrás de ese funcionamiento.

Finalmente, entre los 10 más asombrosos descubrimientos están los inesperados glaciares, un flujo de hielo de nitrógeno que empieza en el valle Sputnik e inunda los cráteres que lo rodean.

Una sorpresa muy bien recibida fue la enorme formación geológica en forma de corazón, vista por la nave cuando todavía estaba a más de cien millones de kilómetros de distancia y que han nombrado Tombaugh en honor al descubridor del otrora planeta.

Con un poco de buena onda y mercadotecnia, la imagen se convirtió en la mejor embajadora de la misión e hizo a New Horizons mucho más popular que a Elvis en tan corto tiempo.

No solo el plutoide estuvo en la lente paparazzi del artilugio viajero. Los satélites Nix e Hidra, digamos, fueron pillados mientras orbitan muy rápidamente y de forma extraña, pues no presentan la misma cara apuntando al planetoide. Cerberos, en tanto, parece ser más chico que lo esperado y su superficie es altamente reflectante, en contra de los augurios previos al sobrevuelo de julio.

Caronte, luna de Plutón que es casi tan grande como este –mas no cuenta con atmósfera–, también fue husmeada, y de qué forma. En ella se encontró una gran e inesperada variedad de rasgos geológicos –montes, fosos secos, llanuras onduladas…– que indican una compleja biografía. Algunas de estas particularidades, como una gran mancha de color marrón en el polo norte, no tienen todavía una explicación sensata y sin riesgo de risillas.

Quizás –digo yo– se esconden allí los mi-gos de Lovecraft, esos formidables planetícolas más vegetales que animales y con infinidad de antenáculos, “integrantes de una raza cósmica de la que el resto de las formas con vida no son sino meras variantes degradadas”.

Infografía

(Foto: Infografía: EL MUNDO)


Nuevos horizontes en el mundo de los muertos
New Horizons efectuó el 29 de octubre la última maniobra, cuando estaba a 127 millones de kilómetros de Plutón y a cinco mil cien millones de la Tierra. Entonces puso el acelerador en turbo y a más de 51 mil kilómetros por hora se propuso recorrer los mil 450 millones de kilómetros que le restan para alcanzar en 2016 el objeto MU69, descubierto de un tirón hace solo un año.
Si sorprendente es Plutón, increíble es esta nave en la que todo funciona aún perfectamente, a pesar de estar surcando el espacio en condiciones muy difíciles durante casi 10 años. Unos meses antes del ninguneo al astro, el 19 de enero de 2006 despegó New Horizons desde Cabo Cañaveral, Estados Unidos, a bordo de un cohete Atlas.
Por entonces, ese planeta era el único al que no había llegado una nave terrícola. Y a pesar de ser relegado, el estudio de Plutón seguía teniendo un gran valor para los científicos: Los planetas enanos (con tamaños de entre 200 y dos mil kilómetros) se consideran reliquias del Sistema Solar, lo que una falange para el arqueólogo, pues tuvieron su origen hace unos cuatro mil millones de años.
La sonda tuvo su máxima aproximación a su objetivo supremo el pasado 14 de julio, cuando se situó a unos 10 mil kilómetros de distancia de su superficie. Durante su periplo ya había pasado por las órbitas de Marte (en 2006), Júpiter (al que se aproximó en 2007), Saturno (2008), Urano (2011) y Neptuno (2014).
La sonda ha estado gran parte de su viaje “durmiendo” para ahorrar energía. El pasado 6 de diciembre salió de su última fase de hibernación para comenzar el período más importante de su misión, cuyo costo total asciende a 700 millones de dólares.
La nave fue hecha de aluminio con forma de triángulo. Mide 70 centímetros de alto, 2.1 metros de largo y 2.7 metros de ancho. Al salir pesaba 478 kilogramos, 77 de los cuales correspondían al combustible y 30 a los instrumentos científicos. Ahora pesa menos.
Posee una antena parabólica de alta ganancia de 2.1 metros de diámetro, montada en la parte superior del triángulo. Este contiene los equipos electrónicos, cableado y los sistemas de propulsión.
También lleva en sus alforjas junto a otros artículos simbólicos, una onza de cenizas de Clyde William Tombaugh (1906-1997), el astrónomo estadounidense que buscando el hipotético planeta X más allá de las espaldas de Neptuno, descubrió en 1930 un astro que bautizó con el nombre del dios romano del mundo de los muertos, un varón capaz de volverse invisible a su antojo: Plutón.


 


Toni Pradas

 
Toni Pradas