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Publicado el 14 Diciembre, 2015 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

Conferencia del clima: El quién, el cómo y el cuánto

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(Ilustración: ARES)

(Ilustración: ARES)

Por TONI PRADAS

Sufre todavía, el común de los parisinos, el dolor provocado por los actos terroristas del 13 de noviembre sobre su urbe, aun cuando el humo de las bombas se lo ha tragado una fumarada mayor, la de las emisiones de imponentes industrias de grises chimeneas y de millones de autos, entre los que mayormente envenenan el medioambiente.

En ese contexto, París recibió a delegaciones de 195 países y unos 150 dignatarios entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre, para juntos echar una partida técnica y política a favor del planeta, bien ambiciosa, nada más y nada menos que cerrar el “acuerdo universal sobre el cambio climático”, aplicable a todas las naciones y que tiene como principal meta mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC.

Con la celebración de la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (o 21ª Conferencia de las Partes) y la 11ª Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Protocolo de Kyoto (COP21/CMP11), por primera vez en largo tiempo, reinó el optimismo. “Todo no se resolverá en París, pero nada se resolverá sin París”, expresó Laurent Fabius, presidente de la COP21, mucho más cauteloso que aquellos que la apostillaron como “el encuentro del siglo”.

Organizadas por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), el cónclave, con sede en el Parque de Exposiciones de Le Bourget, en el norte de la capital, apostó por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que han hecho del planeta un lugar intoxicado y, peor, con signos visibles de caminar hacia un genocidio y ecocidio en relativamente corto tiempo. Acometer acciones por el clima, recordemos, fue uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en septiembre durante la Cumbre de Desarrollo de Naciones Unidas.

Mientras, marchas de grupos ambientalistas y cadenas humanas fueron organizadas para exigir medidas efectivas para contrarrestar el mal, pero las prohibiciones de manifestarse se impusieron –dijeron que por las medidas adoptadas tras los atentados y el estado de emergencia decretado desde entonces.

Distintas posiciones

Miguel Díaz-Canel

Miguel Díaz-Canel lamentó la acción terrorista en Paris al inicio de su intervención. (Foto: LILIANA NÚÑEZ VÉLIZ)

“No se pueden combatir los efectos del cambio climático obstaculizando el desarrollo de los que más lo necesitan ni los esfuerzos nacionales para erradicar la pobreza y el hambre”, expresó en París el primer vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, que encabezó la delegación de la Isla al evento.

Por su parte, Rafael Correa, presidente de Ecuador, cuya Amazonía está lacerada por las petroleras internacionales, aseguró que la principal respuesta para esa lucha es la justicia ambiental y propuso crear una Corte Internacional. “Nada justifica que tengamos tribunales para proteger inversiones, para obligar a pagar deudas financieras, pero no tengamos tribunales para proteger a la naturaleza y obligar a pagar las deudas ambientales”, aseveró.

Mientras, el mandatario norteamericano, Barack Obama, se reunió con su homólogo chino, Xi Jinping, y advirtió sobre la importancia de que ambos países, los más contaminadores del planeta, se coordinen en la lucha contra el cambio climático y que haya “transparencia” en los esfuerzos que se lleven a cabo.

China se ha comprometido a trabajar por el uso de energías renovables. En tanto, Obama, a pesar de promover en su país una política de reducción de emisiones de gases, no se mostró a favor de un pacto que fuera en su totalidad jurídicamente vinculante, pues un documento de ese tipo, dijo, sería difícilmente aprobado por el Congreso de mayoría republicana, opuesto a su plan.

Los países en desarrollo, Cuba entre ellos, reclamaron como indispensable que el acuerdo de París se abordara con integración y en coherencia con cómo afecta a los componentes de la vida humana y particularmente los sectores económicos fundamentales.

Pedro Luis Pedroso, uno de los representantes cubanos en las negociaciones, explicó que no se puede estructurar una política, acción o un marco internacional, que no tenga en cuenta las necesidades del desarrollo sostenible y de erradicar la pobreza, pues esta genera una situación insostenible, lo que a la vez provoca acciones que luego van a repercutir en el medioambiente.

Una pregunta sin respuesta

Hoy apenas se ven decisiones comprometidas de gran impacto, que busquen transitar hacia una nueva matriz energética. (Foto: www.cap-cop21.com)

Hoy apenas se ven decisiones comprometidas de gran impacto, que busquen transitar hacia una nueva matriz energética. (Foto: www.cap-cop21.com)

Al cierre de esta edición, el “acuerdo universal” no había sido aún definido y aunque no había decaído el optimismo, los analistas alertaban que era un desafío adoptar compromisos para una transición hacia sociedades y economías bajas en carbono, capaces de enfrentarse a las distintas manifestaciones del cambio climático.

Ya anteriores conferencias alcanzaron acuerdos que no fueron suscritos (Kioto, 1997), o idearon conceptos capaces de eludir responsabilidades claras y concretas. Por eso la secretaria ejecutiva de la Convención, Christiana Figueres, acusó en Le Bourget que los líderes mundiales están tomando acción por el beneficio de su propia economía. ¿Podrá esta vez la Ciudad Luz iluminarnos?

Si pasamos por alto el problema de que la meta concreta de eliminación de las emisiones se propone para mediados o finales de siglo (para lo inmediato serían acciones que aumenten “la ambición en la mitigación”), una pregunta seguirá dando vueltas sin una respuesta clara: ¿Cómo vamos a recortar las emisiones de gases de efecto invernadero si no tenemos un acuerdo para dejar bajo tierra el 80 por ciento del petróleo que ha sido descubierto hasta la fecha?

La demanda mundial del oro negro se ha incrementado durante este año en 10 por ciento y las compañías de energías renovables han visto caer el valor de sus acciones dramáticamente. Para más inri, actualmente se considera el gas natural (en ciclos combinados) como una “energía limpia” y opción para un futuro sustentable, frenando así la inversión y uso de las verdaderas energías limpias.

(¿Sería descabellado considerar las bombas en París como un resultado del cambio climático? Están todos los actores detrás: el petróleo, las guerras por su apropiación para sostener modelos consumistas, el hambre y los desplazamientos humanos, las reacciones fundamentalistas, el terrorismo, la muerte…)

Hoy apenas se ven decisiones comprometidas de gran impacto, como la convicción de Suecia en convertirse en un país libre de combustibles fósiles para 2017, la cancelación del oleoducto Keystone en Estados Unidos y la adopción de límites máximos de China en 2017, entre otros. La acción sigue siendo insuficiente ante el desafío que representa para la vida el cambio climático.

logo-cop21Un tanto desalmidonada, gracias a discursos audaces y espiritualmente convergentes, la reunión casi nos ocultó la verdadera controversia. Nos prometió la reducción de emisiones de gases, pero una vez más se trató del conflicto entre los países que se desarrollaron acumulando una huella en el clima mundial, y los que intentan desarrollarse con economías generalmente extractivas y grandes brechas sociales. Curiosamente son esos últimos –sobre todo los insulares y africanos– los que más riesgos corren de perecer por la elevación del nivel mar, la desertización, la aparición de enfermedades más resistentes y las crisis agrícolas y alimentarias.

Así, la discusión ha estado centrada más en el quién y en el cómo, que en el cuánto. ¿Quiénes deben contribuir más en la reducción de emisiones? ¿Qué mecanismos de flexibilidad se implementarán? ¿Cómo los desarrollados y los en desarrollo van a reportar sus recortes de emisiones? ¿Qué clase de procesos de verificación se establecerán para los distintos tipos de países? ¿Qué apoyo financiero y tecnológico habrá para la aplicación de las medidas de mitigación y adaptación sobre todo de los países en desarrollo?

Cuánta emisión urge reducirse, sobre eso, silencio.

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Toni Pradas

 
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