0
Publicado el 24 Diciembre, 2015 por Bárbara Avendaño en Ciencia
 
 

Harina de otro costal

Las normas y requisitos deben cumplir su función. La calidad en este siglo convoca a desarrollarlo todo bien desde la primera vez
Compartir
Vista de un área interior del supermercado funcionando.

El Supermercado 3a y 70 es uno de los más concurridos por la población de la capital.

Por BÁRBARA AVENDAÑO

Fotos: ANARAY LORENZO COLLAZO

El domingo 21 de septiembre de este año una familia habanera decidió preparar para su almuerzo un plato que requería harina de trigo. La oportunidad de conseguirla se presentó al pasar por el Supermercado 3a y 70, en el capitalino municipio de Playa. Pero al abrir en casa los dos paquetes de un kilogramo marca Molicer, comprados cada uno a un CUC, se vio que contenían plagas, aun cuando vencían el 10 de diciembre de 2015.

Las ilusiones de saborear el manjar casi se desvanecían, cuando alguien encontró un poco de ese producto en el refrigerador en perfecto estado, adquirido a granel tiempo atrás. Como el hogar de la familia queda muy distante de la tienda, no era práctico regresar para que le devolvieran el dinero. Aceptar un cambio de mercancía significaba un riesgo, debido a que en el anaquel donde se encontraba solo quedaban pocas bolsas, la mayoría con signos de la contaminación. Por epílogo de la historia, los paquetes fueron a dar a la basura.

A sabiendas de que existen otros casos como este, en los que al rasgar el sobre de un producto, lo mismo de factura nacional que importado, se comprueba su mala calidad, BOHEMIA le siguió la trazabilidad a la harina de marras, por la importancia de respetar cada paso en la fabricación, transportación y almacenamiento previos a que una mercadería llegue a manos de los clientes.

Tribulaciones para una investigación

El día 5 de octubre un equipo de la revista llegó al Supermercado 3a y 70, de la empresa TRD Caribe. Después de recorrer el piso y comprobar que no había harina en venta, solicitó entonces ir en presencia del gerente general, Luis Mario Martínez Guillén. Al explicarle el interés por conocer las causas de que se expendiera aquel producto contaminado el 21 de septiembre, el directivo ordenó a la periodista apagar la grabadora, y alegó que para darle esa información necesitaba el permiso de su entidad de dirección inmediata superior: la División Grandes Centros.

Hacía allí se dirigieron los reporteros en busca de la autorización, pero les comunicaron que ese trámite debían realizarlo en la dirección de la empresa TRD Caribe, a donde partieron con el interés de agilizar su trabajo. Finalmente debieron redactar una carta de solicitud, firmada por el Director de la revista, a fin de acceder a la tienda, cuya respuesta con la aprobación del Grupo de Administración Empresarial (GAE) llegó una semana después.

Entretanto, y en contraposición, una simple llamada telefónica bastó para que María Victoria Ravelo Rodríguez, directora de la Empresa Cubana de Molinería, concediera de inmediato la entrevista a propósito del asunto, e hiciera expedito el camino hacia el Molino Turcios Lima, encargado de producir la marca de harina que generó el malestar.

Garantes de las buenas prácticas

Rodeado de colinas que en su descenso acarician las aguas de la bahía de La Habana, palpita el municipio de Regla. Allí se encuentran dos de los cinco molinos de trigo con que cuenta en el país la Empresa Cubana de Molinería: el José Antonio Echeverría, que produce para la industria alimentaria local de todo el occidente del país; y el Turcios Lima, cuyo cliente fundamental es el mercado interno en divisa.

María Victoria Ravelo, Lissette Baños y Daydere Reyes.

María Victoria Ravelo, Lissette Baños y Daydere Reyes coinciden al afirmar que la planta trabaja en función de los pedidos semanales que hacen los clientes.

“En Cuba las harinas no se mezclan, sino los trigos –advierte María Victoria Ravelo–. En el año se importan alrededor de 750 mil toneladas de ese grano, de las cuales 200 mil toneladas son de trigo corrector o de fuerza que se trae sobre todo de Canadá, el mejor granero del mundo. El resto de la adquisición, unas 600 mil toneladas, es de trigos débiles y de media fuerza”.

Según explica la directora de la Empresa Cubana de Molinería, el Turcios Lima ha molido siempre con eficiencia, pero, debido a los años de explotación, su tecnología  (actualizada en 1997) se ha deteriorado. Por tal razón, está planificado reponer toda la maquinaria a mediados de 2016. “Pretendemos rescatar la capacidad de molienda instalada que es de 180 toneladas de trigo cada día”, especifica.

Hoy, en el mercado del turismo, este molino abastece de harina los polos de La Habana y Varadero. En cuanto a las cadenas de tiendas, suministra bolsas de un kilogramo, cinco kilogramos, 20 y 25, a Caracol y Habaguanex, y en mayor cuantía a CIMEX y TRD.

Imponentes silos anuncian la cercanía al molino. Hombres y mujeres vestidos de blanco laboran en la planta –la más pequeña del país–, durante las 24 horas del día, distribuidos en tres turnos de trabajo. Ante la inquietud que llevó hasta la instalación al equipo de BOHEMIA, un grupo de especialistas ofreció argumentos.

Lissette Baños Rodríguez, jefa técnica del molino, encargada de seguir el proceso productivo, y la calidad hasta el final, afirma. “Nuestra planta trabaja en función de los pedidos semanales que tenemos, no se acumulan producciones”.

Ella sostiene que entre las acciones que realizan a fin de garantizar un producto inocuo, dos veces al año tiene lugar una parada técnica general de 15 días para efectuar la limpieza de todos los equipos y el mantenimiento. Este también se hace cada siete días durante ocho horas.

“Una vez a la semana la especialista principal del área comercial llama a los clientes que reciben harina en formato pequeño (1 kg), la cual no tiene mucha salida, para saber si necesitan cambiar algún producto porque perdió sus cualidades, y el Supermecado de 3a y 70 no es de estos. Allí no se estanca la mercancía que nos solicitan”, asegura Lissette Baños.

“En septiembre 3a y 70 no extrajo harina del molino, o sea, la existente en su almacén ese mes debió ser de julio o agosto. Si la fecha de vencimiento, como estaba rotulado en el paquete, era diciembre de 2015, se produjo cinco o seis meses atrás”. Y en efecto, la que se fabricaba el 8 de octubre, el día de la visita de BOHEMIA a la industria, vencía el 27 de marzo de 2016.

La gestora de venta Daydere Reyes Argüelles comenta que en el contrato firmado con TRD consta que la mercancía debe situarse en un almacén central perteneciente a la División Grandes Centros, pero desde hace meses se pactó depositar la carga de bolsas de uno y cinco kg en el de la tienda.

“No he tenido reclamación ni por vía telefónica, correo, o por la empresa, de que 3a y 70 tuviera harina con plagas”, dice Daydere Reyes. Lo confirma asimismo Julia Babastro Moya, especialista de calidad, quien agrega que en este año no han recibido ninguna queja de ese establecimiento, un cliente importante al que se le da la atención que merece para que reciba el producto en las condiciones adecuadas.

“Nosotros trabajamos por normas que establecen análisis desde que se recibe la materia prima hasta el producto terminado. Hay un procedimiento para revisar las características físico-químicas del trigo apenas se descarga del barco. Después se le realiza al grano dentro del ensilaje, y al pasar de esa área al proceso de trituración, cernido y dosificación. El monitoreo incluye, igualmente, la harina acumulada al final de la línea tecnológica, su envasado, y el almacenamiento previo a la expedición al mercado”.

Por otra parte, al proveedor se le envía un certificado de conformidad que debe firmar al recibirlo. Contiene los resultados del ensayo de calidad: la humedad, para saber el agua que se le puede adicionar; el nivel de proteína de la harina  a fin de conocer el trabajo mecánico que requiere; y la fuerza, el índice de caída y la elasticidad.

Asimismo, especialistas del molino siguen la trazabilidad al producto que sale de sus predios. “Vamos a los almacenes de los clientes, revisamos si cumplen con lo pactado en la contratación que han hecho con nosotros, de acuerdo con las normas cubanas”, añade Julia Babastro.

A pesar del incidente con la harina plagada en el supermercado de Playa, que pudiera hacer dudar al consumidor acerca de la calidad de una mercancía en cuya elaboración intervienen tantas personas, el criterio general en el Turcios Lima es que esa tienda siempre ha sido muy buena cliente.

Acertijo resuelto

Los lugares se ven con otros ojos según el propósito de su visita. En la travesía del equipo de BOHEMIA por dicho Supermercado, materializada el 14 de octubre –casualmente la fecha en que Cuba, como parte del planeta, celebra el Día Mundial de la Normalización–, el único objetivo era descifrar la incógnita de la harina.

Esta vez, el recibimiento dado por Luis Mario Martínez Guillén, director general, fue diferente. Sin embargo, desde el principio sostuvo el criterio de que en su unidad en ningún momento existió harina contaminada, ni devolución por plagas.

“Tenemos un contrato de compra a proveedores nacionales que se firma por la empresa y por las distintas entidades de La Habana. La harina es un producto que adquirimos en formatos de un kg, cinco y 20, y tiene una rotación muy alta, entra al almacén y sale rápido para el piso. Llevo aquí nueve meses, y hasta ahora no he recibido una queja”, asevera.

Mientras explicaba, el directivo repasaba un documento con el reporte de las entradas del producto (una o dos veces al mes), el movimiento, y la venta por cada uno de los códigos (un kg, cinco y 20). Las fechas de la recepción de la harina en la unidad, previas al 21 de septiembre, fueron los días 30 de mayo (vencimiento 16/11/2015), 1° de julio (15/12/2015), 13 de julio (18/01/2016), 13 de agosto (20/02/2016) y 29 de agosto (28/02/2016).

Una consumidora examina el producto expuesto en una góndola de supermercado.Al parecer, la harina recepcionada el 1° de julio, que debió elaborarse en junio, probablemente era la que se vendió contaminada, sobre todo si se tiene en cuenta lo dicho por Julia Babastro, especialista de calidad del molino Turcios Lima. “En el caso de la harina las condiciones adecuadas para almacenarla son 60 días a temperatura ambiente y 180 en refrigeración”.

Sin embargo, el director general de 3a y 70 insistió: “No hemos tenido una plaga que haya obligado a destruir otros productos. Nuestro almacén tiene buenas condiciones”.

El diálogo con Luis Mario Martínez fue presenciado por Griselda Camejo Tejera, jefa comercial del departamento de la División Grandes Centros, quien, ante nuestra insistencia, y de forma transparente, aclaró:

“Efectivamente, en 3a y 70 hubo devolución por parte de un cliente de un saco de harina de cinco kilogramos que estaba plagado. Se le rembolsó el dinero, y el paquete pasó a la merma. Incluso, se separó de otros desechados (por roturas del envase) para evitar su contaminación.

“Nosotros tenemos planificada la destrucción de la mercancía que tiene algún problema de calidad, dos veces al mes, la llamada merma. Se le hace un expediente, y se pide autorización para eliminarla”, apunta Griselda Camejo.

La jefa comercial añadió que el viernes 9 de octubre se destruyó la merma correspondiente a septiembre en toda la División Grandes Centros. De 3a y 70 hubo 57 bolsas de harina de un kg: 12 por envases abiertos, porque al contactar con el exterior no puede ser consumida, y el resto por plagas, además del saco de cinco kg devuelto por el cliente por la misma causa.

“Nosotros tramitamos todas las quejas de los clientes, y hacemos la reclamación al proveedor cuando es un lote el que tiene problemas. Nuestra razón de ser es el consumidor, no hacemos nada con vender productos en mal estado porque eso deteriora nuestra imagen. Por eso, en este caso me choca que estuviera la harina en una góndola cuando era visible su contaminación, porque  todos saben que no se puede tener a la venta un producto sin calidad”, expresa Griselda Camejo.

La especialista comercial señala que la División no tiene condiciones para almacenar la harina, por eso los pedidos se están haciendo para depositar en las unidades, a fin de evitar que se plague y ofertar productos con la calidad requerida.

“Las pocas veces que hemos tenido contaminación de harina ha sido de afuera hacia adentro, proveniente, por ejemplo, de los granos”, precisa, y especifica que la cobertura de compra de la producción nacional no debe exceder los 30 días.

Comprometerse con el producto final

En el mundo actual la calidad de los bienes y servicios se sustenta en tres principios: el carácter preventivo, la necesidad de conocer los riesgos de la organización y de todas las partes interesadas, y la llamada cadena de valor desde la cual se construye lo cualitativo.

Doctora Nancy Fernández

-“Si de algo no estamos satisfechos hoy es con el nivel de cumplimiento y respeto a la base normativa del país”, considera Nancy Fernández, directora de la Oficina Nacional de Normalización.

La doctora en Ciencias Nancy Fernández Rodríguez, directora de la Oficina Nacional de Normalización (ONN), perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, abunda al respecto. “Un centro puede elaborar muy bien una mercancía, pero si después se transporta a una temperatura inadecuada, la almacenan en un lugar sin condiciones, o la comercializan en un sitio donde por la exposición ambiental va perdiendo cualidades, sin duda, se echará a perder. Los involucrados tienen que hacer su contrato mirando al producto final.

“Es un problema de conocimiento, de cultura, y de cumplir lo dispuesto. Constituye un desafío para Cuba, cuya cobertura nacional en materia de normas, con un portafolio de cuatro mil 556 para diversas esferas, da respuesta a los programas priorizados que impulsa. Entre estas se encuentran las vigentes en el campo de las harinas y de los almacenes”.

Las detalla el máster en Ciencias Jorge Félix Medina Pérez, de la ONN, y secretario nacional del CODEX Alimentario. “El país dispone de las normas 586: 2008 de Cereales y granos-Requisitos Sanitarios Generales, y 877: 2012 Harina de trigo-Especificaciones. Esta última, en su artículo 11.2.1 plantea: ‘El almacenamiento a temperatura ambiente se realizará en lugares limpios, desinfectados, ventilados, secos, y libres de materiales que puedan afectar al producto, no permitiendo que el sol o la lluvia incidan directamente sobre el mismo’”.

Refiere el experto que también la harina debe obedecer la norma cubana de almacenamiento de alimentos, que es genérica para todos, e igualmente subraya esos requisitos. “Se trata de un producto muy asiduo a contaminarse, y no conviene que permanezca cerca de otros como arroz o frijol, que puedan transmitirle plagas”.

El no acatamiento de lo orientado en este campo afecta el control de los recursos, la economía. De ahí que la directora de la ONN haga énfasis en que las normas y los requisitos cumplan la función que les corresponde en toda la sociedad. En eso radicaría, en gran medida, tener más oportunidad para contribuir con el desarrollo económico sostenible.

En octubre, durante la jornada dedicada en Cuba a la calidad, Nancy Fernández precisó: “si de algo no estamos satisfechos hoy es con el nivel de cumplimiento y respeto a la base normativa del país”. Y es que este documento no solo es útil para ordenar, sino es ahorro de recursos, satisfacción y eficacia de los procesos y,  finalmente, protege al consumidor.

Igual que los capitalinos timados con la harina, quienes no reclamaron, otros cubanos a diario obvian sus derechos como consumidores por razones varias, sobre todo por creerlo una pérdida de tiempo. Sin embargo, el asunto es de todos. La calidad en este siglo convoca a desarrollarlo todo bien desde la primera vez.

Compartir

Bárbara Avendaño

 
Bárbara Avendaño