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Publicado el 25 Enero, 2016 por ACN en Ciencia
 
 

Manglares contra la erosión

Tener presente a estos arbustos de la familia de la Rizoforáceas es clave ante el cambio climático
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Manglares cubanos

(Foto: 5deseptiembre.cu)

En los últimos 35 años se han perdido 3.5 millones de hectáreas de mangles, fundamentalmente en Asia, América del Norte, América Central y África, según informes de organismos especializados de la ONU. El Caribe, y específicamente Cuba, están muy lejos de esas adversidades que vive el mundo.

La realidad cubana es otra, pero también requiere de estudios profundos casuísticamente, más si se tiene en cuenta que la condición de archipiélago lo hace muy vulnerable al cambio climático si no se protegen sus manglares, según informa la ACN en una serie de trabajos que viene publicando sobre el tema, vinculado al cambio climático.

El archipiélago cubano hubiese sido una víctima fatal de la erosión, las inundaciones costeras y la intensidad de los huracanes, si no fuera por la franja verde que bordea sus costas y que funciona como escudo protector: los manglares.

La sola afectación por la agresividad de la naturaleza y la acción depredadora del hombre, que de hecho ha ocurrido en sectores importantes, puede provocar desestabilización de las áreas costeras, contaminación en los arrecifes coralinos y alteración en la reproducción y cría de especies marinas.

Tener presente a estos arbustos de la familia de la Rizoforáceas a la hora de evaluar el cambio climático, es clave porque ellos abarcan más de las dos terceras partes de las costas y un cuarto del área boscosa del territorio cubano (la isla grande, Isla de la Juventud y más de cuatro mil cayos). Representan, además, el 4,8 por ciento de la superficie de Cuba.

Por su extensión, los manglares cubanos ocupan el primer lugar en el Caribe y mantienen una alta representación en el continente americano.

Se localizan en costas de origen biológico, acumulativas y cenagosas, en zonas de ciénagas con intercambio de agua dulce, pero también en ambientes salinos donde se interactúa con la fauna.

Los ejemplos más evidentes de esto último son la Ciénaga de Zapata y el Delta del Cauto, considerados los mayores humedales del archipiélago.

El máster en ciencias Amado Luis Palma, especialista de la Delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en Las Tunas, explica que la zona sur de la provincia resulta de las mejores conservadas de la Antilla Mayor, sobre todo en Monte Cabaniguán, donde hay un alto nivel de nidificación del cocodrilo acutus o americano y numerosa población de aves autóctonas y migratorias.

Un colectivo de trabajadores del lugar se encarga de velar por evitar la tala indiscriminada de la yana, el patabán y el mangle rojo, fundamentalmente. Y al propio tiempo realizan labores de educación ambiental en el poblado de Zabalo.

La reforestación de mangles en Las Tunas es importante, además, para incrementar las fuentes de sustrato a invertebrados y los refugios naturales de crustáceos, moluscos y peces. Significa proteger 338 kilómetros de costas en una provincia abierta al mar por el norte y por el sur.

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