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Publicado el 26 Marzo, 2016 por Rosmery Iznaga Carmona en Ciencia
 
 

Academia de Ciencias de Cuba: Cercanos a los inmortales

Cada año son reconocidas las investigaciones cubanas más destacadas
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Por ROSMERY IZNAGA CARMONA

“La primera sociedad verdaderamente universal fue la de los investigadores”, expresó Einstein en 1930, en este mismo Paraninfo donde los científicos cubanos pasaron revista a su quehacer. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Ser famoso. Hay quien sueña a diario con la idea, más cuando echa un vistazo al pasado y recuerda a Leonardo da Vinci, Beethoven, Muhammad Ali y el propio Bill Gates. Otros no aspiran a igualar el talento y se conforman con la cercanía a los inmortales.

Cuba, 1930, Albert Einstein en La Habana, el premio Nobel de Física (1921) y tal vez el científico más importante del siglo XX, compartió espacio con los cubanos en el Paraninfo de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, hoy Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay.

La majestuosa construcción, irrepetible en la arquitectura que cubre el centro histórico, no solo es legendaria por la visita de uno de los más altos coeficientes intelectuales que se recuerde. También el transmisor de la fiebre amarilla, el Aedes aegypti, fue delatado allí: Lleno de ciencia como quizás ninguna otra obra monumento nacional, ese recinto fue el sitio de Finlay para dar a conocer en 1881 su investigación.

Es ese entorno un lugar para que los simples mortales se sientan famosos en cualquiera de los tiempos y es, además, el escenario perfecto para que el extenso camino del descubrir continúe develando secretos.

El Museo funciona adscrito a la Academia de Ciencias de Cuba, parnaso del movimiento científico del país. Los einsteins cubanos del siglo XXI tienen su espacio en la edificación. Cada año el pleno académico se reúne y aprueba, en comisiones por grandes áreas del conocimiento, los mejores resultados de la investigación.

El 2015 no achicó sus puertas y trajo 85 propuestas de interés social, económico y medioambiental. El capital humano de alto intelecto que constituyen los académicos no dejó margen a vacilaciones, y fueron aprobadas todas las presentadas.

Una de estas, La economía cubana: transformaciones y desafíos, aborda distintas aristas de la compleja trama de procesos que tienen lugar en la actualización del modelo económico del país; otra, las 50 plantas más amenazadas de la Isla; así como el desarrollo y producción industrial de un cemento de bajo carbono son algunos de los resultados sometidos a la valoración del pleno académico.

La biomedicina resultó el área de conocimientos más celebrada, con 24 premios a sus investigaciones. (Foto: ANTONIO PONS BEATO)

Preservar la vida humana es el objetivo de quienes investigaron en el área de biomedicina. Esta resultó la más celebrada, con 24 premios, y expuso investigaciones relacionadas con las células madre, la obtención de antígenos contra la tuberculosis, la nueva formulación vacunal tetravalente contra el dengue, el impacto en el cuidado materno-infantil de la genética en Cuba, entre otras.

Por su parte, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (Cigb) fue una de las entidades que más investigaciones ejecutó en materia de biomedicina y sus logros fueron ponderados por la Academia.

La importancia del crecimiento del ámbito científico pudo ser apreciada por el equipo de BOHEMIA. Durante la aprobación de los premios se evidenció la necesidad de continuar desarrollando investigaciones exhaustivas y factibles con un fin social, económico y medioambiental. En definitiva, estas sustentan el deber ser de la Academia de Ciencias y de quienes la representan.

Ceros, unos e hipótesis entendibles

“La primera sociedad verdaderamente universal fue la de los investigadores. Ojalá pueda la generación venidera establecer una sociedad económica y política que evite con seguridad las catástrofes”, garabateó Einstein en el Libro de Oro durante su visita al Paraninfo en 1930.

El debate, como discusión de intelectuales al fin, planteó las inquietudes, interrogantes y dudas, y apuntó también respuestas y sugerencias. El pleno de la Academia, además de premiar los resultados investigativos, fue espacio para inventariar lo hecho y lo pendiente, para que científicos y académicos contrastaran sus reflexiones y, por tanto, hicieran valer la relatividad de diversos criterios que apuntan hacia el mismo fin.

Aquí, grandes hombres y mujeres de ciencia desdoblan sus preocupaciones sobre diferentes temas sociales, y sus señales de alarma. La doctora Graziella Pogolotti reflexionó sobre cómo la enseñanza decide el futuro del país y explicó la contradicción fundamental del mundo contemporáneo, que comienza con la globalización neoliberal y continúa absorbiendo a unas culturas y otras, indistintamente. “Si no aseguramos el relevo adecuado, la continuidad, corremos el riesgo de regresar al pasado”, destacó.

Para otros científicos, la reflexión parte desde las interioridades de la propia institución. El físico Carlos Cabal expresó que en ocasiones se toma un conjunto de decisiones respecto al reordenamiento del sistema de ciencia, sin haber estudiado totalmente todas las valoraciones, las alternativas, los matices posibles. “Es un asunto complejo que no depende solamente de decisiones y de financiamiento, sino de múltiples planos”, espetó.

Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay, sitio donde el sabio presentó en agosto de 1881 su valioso descubrimiento, y que sigue acogiendo apasionados debates académicos. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Asimismo, fueron expresadas consideraciones sobre el presupuesto del país destinado a la ciencia. Actualmente representa un 17 por ciento, menos que el reservado a la cultura y el deporte, cuando la tendencia mundial ha sido incrementarlo.

No obstante, el reto mayor –apunta el vicepresidente de la institución, Carlos Rodríguez– es multiplicar esfuerzos hacia toda la sociedad con una visión moderna. “Nos corresponde mantener informado al país sobre todos los temas que tengan que ver con la ciencia”.

En conjunto, las cuestiones estuvieron enfiladas al futuro de las investigaciones en Cuba y la relación ciencia-sociedad, para tratar de romper paradigmas y mostrar que esta actividad no solo se trata de ceros, unos e hipótesis no entendibles.

La ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), Elba Rosa Pérez Montoya, concluyó la ronda de intervenciones.

La directiva instó a impulsar los temas de educación, ciencia y conocimiento, y promovió la aprobación, por las diferentes instituciones involucradas, de un noticiero científico.

La relación ética-política-ciencia coincidió indistintamente en cada uno de los comentarios en el anfiteatro. El pleno de la Academia de Ciencias de Cuba honró el lugar donde científicos de talla mundial le dieron categoría de templo de sabiduría.

Para los que sueñan con ser famosos no se trata de ser Einstein, Ho Chi Minh o Picasso. Lo que se debe perseguir es su legado, y crear un camino propio. Los nuevos tiempos exigen nuevos empresarios, intelectos, músicos, políticos, y también nuevos hombres y mujeres de ciencia.

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Rosmery Iznaga Carmona