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Publicado el 1 Abril, 2016 por Redacción Digital en Ciencia
 
 

El misterio de los colibríes y el dulce

Un curioso cambio evolutivo permitió a los colibríes saborear lo dulce

colibríLos colibríes son conocidos, además de por su belleza, diminuto tamaño e increíble velocidad en el batir de sus alas, por ser incansables buscadores del para ellos vital nutriente dulce, aunque para explicarlo se haya requerido de paciente observación e investigación científica

Prueba al canto del tal inclinación: basta dejar un pequeño frasco con agua azucarada en el jardín de cualquier sitio frecuentado por esas miniaturas voladoras para que alguna de ellas se acerque enseguida a revolotear a alrededor del líquido dulce e introduzca su larga lengua para saborearlo.

Hasta aquí todo parecería muy normal, pues pudiera pensarse que también a cualquier animal le podría gustar ese agradable sabor que encanta a la mayoría de los humanos;  si no fuera porque… ¡las aves carecen de receptores del gusto para el sabor dulce!

Entonces ¿qué ocurre con los colibríes para que evidencien de modo inequívoco que adoran este gustillo y lo procuren tan activa y constantemente?

Primero vale apuntar que los colibríes están distribuidos en prácticamente todo el continente americano en zonas que van desde el nivel del mar hasta las altas montañas y se han diversificado tanto que hoy se conocen más de 300 especies, todas ellas de muy pequeña talla, incluida el ave más diminuta del mundo, precisamente oriunda de Cuba.

Al tener un metabolismo hiperacelerado, estos animalitos necesitan consumir grandes cantidades de alimento cada día, incluso muchas veces más que su propio peso, ya que este se gasta rápidamente en su actividad diaria.

Aunque parte de su dieta se compone también de pequeños insectos, es sabido que el néctar azucarado de las flores es su principal y preferido menú. Esta sustancia, al ser rica en hidratos de carbono, es una fuente energética invaluable que los colibríes han sabido aprovechar muy bien, para lo cual han forzado la evolución de su paladar de una manera hasta ahora desconocida.

¿Cómo detectan el sabor dulce?

Intrigados por la dieta azucarada de los colibríes a pesar de que las aves carecen del gen que codifica para el receptor del dulce, algo que se descubrió en el 2004 con la secuenciación del genoma del pollo y se comprobó después en otros pájaros, los investigadores decidieron emplearse a fondo para descubrir el origen de la afición por lo dulce en los colibríes.

Para ello, clonaron en el laboratorio las proteínas producidas por los genes T1R1 y T1R3, que están presentes en todas las aves y responden al sabor umami-vocablo que se deriva de otros dos: umai (delicioso) y mi (sabor-). Al analizar su reacción en un cultivo celular, vieron que en el caso de las aves, el receptor se estimuló rápidamente ante el umami. Al analizar a fondo este receptor, detectaron una acumulación de mutaciones ancestrales que parecen haber contribuido a este cambio particular en los colibríes.

Aún no se conoce en qué momento pudo haber ocurrido tal variación que permitió a estas pequeñas aves y otras pocas explotar el néctar de las flores a pesar de carecer de sistema sensorial específico para ello, pero de lo que sí existe certeza es de que este hecho pudo contribuir considerablemente a la extraordinaria diversidad de colibríes que existen hoy en día y de que en América podamos ser testigos habituales de estas preciosas aves revoloteando de una a otra florecilla en busca de su premio azucarado.

Pues ¿qué le pareció? Tal vez el lector coincida en que cuando nos asomamos a cualesquiera de estas siempre interesantes y muchas veces apasionantes curiosidades que nos revela la ciencia, nos inclinamos a pensar con admiración en esa laboriosa miríada  de consagrados investigadores que avanzan infatigablemente en todos los ámbitos de los saberes, algunos inimaginables, en el perpetuo afán de acercar el infinito horizonte del conocimiento. (Redacción digital, con información y fotos de batanga.com)


Redacción Digital

 
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