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Publicado el 30 Mayo, 2016 por Bárbara Avendaño en Ciencia
 
 

DEMENCIA Y ENVEJECIMIENTO: Para mantener el cerebro en forma

El neurólogo argentino Facundo Manes dialoga con BOHEMIA acerca de cómo reducir el riesgo de deterioro cognitivo

 

Quien se jubila debe mantener el ejercicio intelectual, incluso aumentarlo, en relación con la etapa previa.(foto MARTHA VECINO)

Quien se jubila debe mantener el ejercicio intelectual, incluso aumentarlo, en relación con la etapa previa.(foto MARTHA VECINO)

Por BÁRBARA AVENDAÑO

En un artículo publicado recientemente por la revista Lancet Neurology, su autor, el doctor en Ciencias Facundo Manes, advertía que la sociedad todavía no está preparada para enfrentar las demencias. “No entiende bien que muchas veces un problema de memoria no es la edad, sino la enfermedad, incluso, los médicos tenemos que entrenarnos más en esto”.

El experto es rector de la Universidad Favaloro, además, creador y actual director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) de Argentina, donde la expresidenta Cristina Fernández de Kirshner recibió el diagnóstico, tratamiento y seguimiento por el hematoma subdural (acumulación de sangre entre la cubierta del cerebro -duramadre- y su superficie) que presentó en 2013. Él estuvo a cargo de todo el procedimiento seguido por el equipo que incluyó a los neurocirujanos, los cuales la operaron con éxito.

Manes ha visitado Cuba en tres ocasiones, siempre por congresos médicos, y su más reciente estancia fue en diciembre último, a fin de participar en la conferencia inaugural del Instituto Global de Salud Mental (GBHI por sus siglas en inglés), realizada en el Centro de Neurociencias de Cuba (CNEURO).

La cita resultó un nuevo paso del GBHI por cumplir su misión principal: reducir la escala y el impacto de la demencia en todo el mundo, mediante la creación del capital humano para desarrollar y traducir la evidencia de la investigación y la innovación en políticas prácticas. También formar a un grupo de líderes en la salud del cerebro, capaces en el futuro de llevar a cabo la atención de esa enfermedad en las poblaciones vulnerables o marginadas.

En aquella reunión, Manes disertó acerca de cómo en Argentina crearon en 2005 el Ineco, hoy de alcance internacional. “Juntamos a neurólogos, psiquiatras, neurocirujanos, biólogos, matemáticos y físicos, y estudiamos no solo enfermedades, sino también cómo el cerebro procesa la memoria, la atención, el lenguaje… En nuestro laboratorio investigamos la detección temprana (con técnicas de imágenes, cognitivas, de memoria y de conductas) de diferentes tipos de demencia para ayudar a los pacientes y familiares”.

El científico, quien a su vez preside el grupo de Investigaciones de Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, en su intervención se refirió igualmente a los desafíos de América Latina en cuanto al tema. “La región presenta los mismos problemas que Europa y Estados Unidos. Para mejorar esa situación, cada país tiene que contar con un plan nacional para apoyar la investigación, la docencia, a la familia y los pacientes con Alzheimer y otras demencias”.

El neurólogo argentino Facundo Manes defiende la tesis de que cada país tiene que contar con un plan nacional para apoyar la investigación, la docencia, a la familia y los pacientes con demencias.(foto CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

El neurólogo argentino Facundo Manes defiende la tesis de que cada país tiene que contar con un plan nacional para apoyar la investigación, la docencia, a la familia y los pacientes con demencias.(foto CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

Casi al cierre de la conferencia para cuya sede fue elegida Cuba “por su liderazgo en el campo”, al decir de Bruce Miller, experto de la Universidad de California, el equipo de BOHEMIA dialogó con Facundo Manes. “La demencia es hoy considerada una epidemia mundial porque el principal factor de riesgo es la edad, y se está viviendo más años. Se trata de un proceso neurológico progresivo que afecta el cerebro e impacta en los aspectos cognitivos: la atención, la memoria y también la conducta.

“Es una enfermedad que daña a la familia, pues las personas que cuidan a los pacientes con demencia tienen más estrés, más depresión, más ansiedad, toman más psicofármacos. El problema no solo es médico, sino social y político”, afirma.

El especialista sostiene que para tratar de reducir el riesgo de deterioro cognitivo, se pueden modificar estilos de vida. “Entre estos, mantener en valores normales la glucosa en sangre, la hipertensión arterial, el colesterol; igualmente evitar el sobrepeso, comer sanamente: frutas, pescados, verduras; y hacer ejercicios físicos, que no solo benefician el sistema vascular, sino el cerebro.

“Por otra parte, es preciso estar en contacto social, pues el aislamiento mata, es un factor de mortalidad casi más trascendente que el tabaquismo y el alcoholismo. La gente que se siente aislada de forma crónica, se muere antes. Además, tener estímulos intelectuales es algo que desafía al cerebro. O sea, que adquiriendo esos hábitos se puede ayudar a protegerlo, a mantenerlo saludable”.

El entendido en la materia, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Antioquia, Colombia, investiga actualmente en el área de la neurobiología de los procesos mentales, particularmente en los mecanismos neurales involucrados en la toma de decisiones y la conducta social. Su equipo ha trabajado intensamente en el desarrollo de exámenes destinados a facilitar el diagnóstico temprano de las demencias.

Evitar “jubilarse intelectualmente”

Por ser un convencido de la importancia de la divulgación científica en la sociedad, el doctor Manes ha conducido programas de la televisión argentina, y escrito libros y artículos en la prensa nacional e internacional. Uno de los más recientes se titula “Envejecer, un desafío y una oportunidad”, publicado el 6 enero último en el periódico argentino La Nación.

Tener estímulos intelectuales desafía al cerebro.(foto MARTHA VECINO)

Tener estímulos intelectuales desafía al cerebro.(foto MARTHA VECINO)

En el texto se refiere a esa “etapa de la vida humana a la que, acaso por costumbre, llamamos ‘pasiva’, cuando ese tiempo puede –y debe– ser de gran actividad y provecho”.

A sabiendas de que una de las tendencias sociales mayores de los próximos siglos será el envejecimiento de la población mundial, Facundo Manes echa mano de las estadísticas e ilustra. “Se calcula que el número de personas de más de 60 años llegará a dos mil millones en 2050. Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por primera vez en la historia la mayoría de la gente puede esperar vivir hasta los 60 años o más”. Y añade que la generalidad de los adultos mayores (80 por ciento) vivirá en países de “ingresos bajos y medios”.

“La Argentina, junto con Uruguay, Cuba y Costa Rica, está entre los países más envejecidos poblacionalmente de América Latina. A diferencia de la mayoría de los cambios sociales que sobrevendrán, esta tendencia es en gran parte previsible y nos da la oportunidad de planificar”, apunta.

Según expone en su escrito en La Nación, distintos estudios indican que los individuos con niveles más altos de reserva cognitiva pueden hacer más lento el proceso de neurodegeneración asociado a la edad. “Investigaciones en neurociencias han cuestionado la idea de que el deterioro cognitivo es inevitable y fijo. Aunque se ha reportado que la plasticidad neuronal se reduce durante la llamada “tercera edad”, trabajos recientes han demostrado que esta plasticidad se conserva mucho más de lo que se pensaba. Debemos enfocarnos más, entonces, en la idea de estímulo cognitivo que en la de deterioro”, advierte.

“La jubilación funciona en el sentido común como un premio merecido al trabajo de toda la vida (de ahí su nombre, emparentado a “júbilo”, “grito de alegría”). La recompensa entonces debería redundar en un beneficio y no un perjuicio para quien la reciba…”

Él recomienda a quien se jubila no morigerar (moderar, mesurar) el ejercicio intelectual (incluso puede aumentarlo) en relación con la etapa previa. Que se vuelva fundamental la inversión de parte de su tiempo en actividades de “mantenimiento cerebral” (lectura, paseos culturales…) para lograr un envejecimiento cognitivo saludable. “Lo que hay que evitar es ‘jubilarse intelectualmente’”.

Según amplía el investigador, muchas veces la carencia de estímulos no está determinada únicamente por la actividad específica que se deja de hacer, sino por el aumento o la disminución de las interacciones sociales y el sentido de autosuficiencia, variables que contribuyen al mantenimiento de la reserva cognitiva. La interacción también es clave para mantener el cerebro en forma.

“El reto es que esa ‘nueva edad’ sea considerada en un doble aspecto: el de protección de las capacidades a partir de desafíos cognitivos e intelectuales novedosos, y el de servicio a los demás a partir de la transmisión de saberes”, añade.

Como deberes, Manes señala el que tienen los Gobiernos de establecer una dinámica que permita brindar los mejores servicios a los jubilados (pagas suficientes y dignas, eficacia de los sistemas de salud, actividades sociales…) y los canales necesarios para que integren redes en donde interactúen no solo con sus pares generacionales, sino también con niños, adolescentes y jóvenes. “Esto se transforma en un círculo virtuoso, ya que esa exigencia genera en los mayores nuevas conexiones neurales; y, en el mismo movimiento, esa sabiduría y esa experiencia enriquecen a las personas jóvenes”.

La conferencia inaugural del Instituto Global de Salud Mental (GBHI por sus siglas en inglés) tuvo como propósito principal reducir la escala y el impacto de la demencia en todo el mundo.(foto CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

La conferencia inaugural del Instituto Global de Salud Mental (GBHI por sus siglas en inglés) tuvo como propósito principal reducir la escala y el impacto de la demencia en todo el mundo.(foto CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

Acerca de la reunión que lo trajo de nuevo a esta Isla, el neurólogo reflexiona: “Fue muy importante porque juntó a especialistas de todo el mundo para ver cómo podemos unir esfuerzos en combatir esta epidemia que no solo afecta a los países desarrollados con gran intensidad, sino a los en vías de desarrollo. Vamos a colaborar con Cuba, con América Latina, Europa, Estados Unidos, para entre todos aportar a la investigación, el tratamiento, y, sobre todo, educando a jóvenes profesionales en las demencias, para que ayuden a sus comunidades”.

Antes de despedirse de Cuba, el científico dejó constancia de su gran aprecio por este país, “por la gente, que me parece muy educada, muy solidaria. Para mí es un gran placer estar acá”.

 


Bárbara Avendaño

 
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