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Publicado el 27 Mayo, 2016 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

ESTRATEGIA AMBIENTAL NACIONAL: La brújula del navegante

La nación afina cada ideograma que le indicará maniobrar con la naturaleza, el desarrollo y el hombre

 

Sierra Maestra

(Foto: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

Por Toni Pradas

En 1994, cuando se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), el mundo no se parecía ambientalmente al de hoy. Sin embargo, ya el país avizoraba que el futuro estaba urgiendo la aplicación de políticas para gestionar su entorno y naturaleza como sombrilla para el desarrollo social.

Por entonces, la tendencia internacional era a la desregulación de las políticas ambientales, como fruto del neoliberalismo a pulso, por lo que el trascendental cambio institucional doméstico impuso, a su vez, la necesidad de revisar los marcos estratégicos y regulatorios de la nación en dicha materia.

A fin de cubrir estas exigencias, el nuevo ministerio desarrolló la Estrategia Ambiental Nacional (EAN), cuyo primer ciclo fue aprobado en 1997, y luego revisado al dedillo en 2007 y 2011.

De manera que la EAN ha constituido una herramienta clave del quehacer ambiental que apunta a la promoción del desarrollo sostenible. Y en consecuencia, trajo consigo resultados favorables que rebasaron en diversas áreas las expectativas proyectadas.

Aun así, persisten dificultades en la solución de principales problemas ambientales, los cuales son los cimientos para erigir la nueva plataforma del proyecto de la EAN 2016/2020.

Según estudios realizados por el ministerio, este proyecto, que debe ser aprobado próximamente, debe afincar su celo en diversos factores entre los que destacan la falta de sistematicidad, disciplina y la carencia de enfoques integrales y preventivos.

Las estrategias anteriormente aprobadas no consiguieron erradicar deficiencias en la planificación y jerarquización de acuerdo con los recursos disponibles e insuficiencias en el financiamiento.

De otro lado, ha existido una falta de cultura y sensibilidad ambiental en la sociedad, y de un cambio de paradigma cultural en relación con la conservación y protección del medio.

Los estrategas no quedaron conformes con la limitada participación y articulación de actores, tanto institucionales como la sociedad civil, para proponer, actuar y tomar decisiones. A la vez, ha faltado integración en la gestión de los recursos naturales entre los diferentes Organismos de la Administración Central del Estado.

Una peculiaridad de los últimos tiempos ha sido la aparición de nuevos actores de la política y la gestión ambiental. Mientras esto ocurre, se ha desactualizado y ha bajado la efectividad y acatamiento del marco legal vigente, e igualmente visible, y se han debilitado los cuerpos de inspección por la falta de integralidad, limitaciones materiales y de capital humano.

Gran vulnerabilidad aporta la limitada introducción de los resultados de la ciencia, la tecnología e innovación, así como de la dimensión ambiental en las políticas, los planes, programas de desarrollo y el ordenamiento territorial. Asimismo, el deterioro, las insuficiencias y la falta de integración de las redes de monitoreo ambiental, sumados a la obsolescencia en la infraestructura e indisciplinas tecnológicas.

La edición de la EAN que se proyecta para el período 2016 – 2020, aun cuando se retoman los principales presupuestos del ciclo anterior, requiere ajustar su enfoque con los cambios institucionales y económicos que se producen en la etapa, y tener en cuenta, en primer lugar, los acuerdos del recién celebrado 7º Congreso del Partido Comunista de Cuba y los actualizados Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Y a diferencia de 1994, la EAN buscará su sentido cuando en la nación está ocurriendo una actualización del modelo de desarrollo, que induce cambios institucionales y económicos que repercuten sobre los sistemas ambientales, con nuevos actores de la política, la economía y la gestión ambiental.

 


Toni Pradas

 
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