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Publicado el 17 Junio, 2016 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

DINERO DIGITAL: ¿Adiós a la numismática?

El bitcoin se abre paso en Internet empleando la criptografía como tejemaneje en transacciones mundanas

 

(AFP)

(AFP)

Por Toni Pradas

A espaldas del mundo (o más bien de frente, desde la pantalla del celular o de la computadora) una divisa se abre paso entre la maleza de las finanzas: el bitcoin. Como mismo ha ocurrido con cada cosa del lado de acá del ciberespacio, una moneda virtual ha emergido entre ceros y unos para traducir los pagos en esa Vía Láctea electrónica que es Internet. Y qué más da, si ya es cotidiano escuchar música que bajamos enlatada en bits, o le confiamos nuestros problemas a los amigos del populoso arrabal Facebook.

Mas el bitcoin (o moneda-bit) no es una nadería. De hecho, hay quien apuesta a que será el dinero del futuro y que, con su esplendor, todos los arras que en el mundo han sido, se evaporarán.

De momento, según el pesquisidor OroyFinanzas.com, el precio alcanzado en una subasta de bitcoins, a principios de junio, rompió con la barrera psicológica de los 3 100 yuanes (470 dólares), y superó en breve los 500 papeles verdes en todos los mercados de intercambio de esta moneda. Los chinos, sepa usted, han liderado por ahora el movimiento alcista. Y como era de esperar, surgió una nueva barricada mental: los 4 000 yuanes (600 dólares).

¿Pero qué locura es esa que osa interrumpir la siesta de las divisas y anunciar el fin a la numismática? Una moneda digital, gaguean, pero para ser precisos, aún está en evolución. Incluso sus desarrolladores recomiendan reverenciarlo como software experimental.

El bitcoin (su signo es ฿ y su abreviatura, informal, BTC) tiene la peculiaridad de ser una moneda electrónica descentralizada, que utiliza la criptografía para gestionar su origen y las transacciones, sin entidades mediadoras que regulen su uso.

(eBanking News.com)

(eBanking News.com)

Es decir, contrariamente a la mayoría de los numerarios patrios, el BTC no está respaldado por gobierno alguno ni recibe el visto bueno de ningún banco emisor central. En sus operaciones utiliza un sistema de prueba para impedir electrónicamente el doble gasto y alcanzar el consenso entre todos los nodos que integran la red, llamada también Bitcoin, al igual que su protocolo.

Envuelto en ese halo de misterio que va tejiendo la mística de Internet –imparable e inasible como Anonymous, WikiLeaks o las cadenas sobre millonarios africanos que buscan a quién dejar su fortuna a cambio de muy poco–, el protocolo Bitcoin fue diseñado en 2008 y la red en 2009, por Satoshi Nakamoto, el seudónimo de no se sabe si persona o grupo alguno. Nadie ha reclamado autoría.

Como sea, Nakamoto anunció en 2011 su desvinculación del proyecto para dedicarse a otras labores, y en la actualidad un gran número de programadores sigue trabajando en este protocolo.

El bitcoin tampoco tiene propietarios, lo controlan todos sus usufructuarios en el orbe. Los programadores solo mejoran el software y no pueden promover un cambio en el protocolo, pues los usuarios pueden elegir el programa y la versión que prefieran.

A muchos, por supuesto, no les hace gracia que Bitcoin sea la única red de pago descentralizado que ruge en Internet. Antes de su invención, era obligado que todos los pagos en el comercio electrónico se canalizaran a través de entidades centralizadas de confianza, como bancos y otras empresas financieras.

El BTC es, pues, la materialización del concepto de “moneda criptográfica”, entiéndase esto como un nuevo tipo de dinero que emplea la criptografía digital para gestionar su origen y las transacciones, en sustitución de una autoridad mandamás. Sencillamente, para sus adeptos, el bitcoin es su plata en efectivo para Internet.

Las transacciones que se realizan bajo el signo ฿ se desarrollan de forma colectiva en la red, nacional o internacionalmente, tan solo transfiriendo cantidades de este dinero entre dos dispositivos, punto a punto, sin que intervenga ninguna entidad.

Cada vez es mayor la cantidad de negocios e individuos que emplean el BTC, entre ellos restaurantes, bufetes de abogados y en servicios de Internet reconocidos. Y como cualquier otra moneda, ya que puede utilizarse también para fines oscuros, pueden ajustarse sus clavijas a lo adustamente legislado en cada país.

¿Podrá convertirse entonces en el dinero del futuro? Haga sus apuestas… pero en bitcoins


Toni Pradas

 
Toni Pradas