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Publicado el 17 Agosto, 2016 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

CLONACIÓN

Érase una vez un copia-y-pega

Sin conjuros, orfebres genéticos lograron hace 20 años replicar enteramente un mamífero: la oveja Dolly
Luego de su travesía de la fama a la eutanasia, la oveja Dolly hoy se exhibe en el Museo Nacional de Escocia. (Foto: JEFF J. MITCHELL /GETTY IMAGES)

Luego de su travesía de la fama a la eutanasia, la oveja Dolly hoy se exhibe en el Museo Nacional de Escocia. (Foto: JEFF J. MITCHELL /GETTY IMAGES)

Por TONI PRADAS

Olvídese de los ratones blancos: Sin duda alguna, la oveja es el animal preferido de los científicos románticos. Inconforme con la vieja técnica del psiquiatra, quien recomendaba contar borregos a los insomnes, el escritor ciberpunk norteamericano Philip K. Dick (1928-1982) los llevó en 1968 a planos literarios y filosóficos en su novela corta de ciencia ficción ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la misma que fue libérrima inspiración para que Ridley Scott se aventurara a filmar la película de culto Blade Runner, de 1982.

En el texto, poseer un animal otorgaba mucho prestigio, pero como era tremendamente costoso se utilizaban réplicas. Una de las obsesiones principales del protagonista Rick Deckard (con la piel de un joven Harrison Ford en el filme) era reemplazar su oveja eléctrica por un animal vivo, a cualquier precio que exigiera.

Más ambiciosos resultaron los investigadores Ian Wilmut y Keith Campbell cuando presentaron en Edimburgo, Escocia, hace hoy 20 años, una oveja replicada por métodos biotecnológicos y, de paso, el primer mamífero clonado de una célula adulta. No era eléctrica y aunque sí normal, tampoco era común como para enumerarla. Digamos que el pequeño rumiante ungulado había dejado de ser un somnífero para convertirse en un sueño realizado de la ciencia.

Desde el 5 de julio de 1996, cuando se escuchó el primer balido de Dolly –así llamaron a la corderita en honor a la sobretalla de la cantante country Dolly Parton, pues la célula empleada para clonar a la oveja procedía de una glándula mamaria–, muchos aplaudieron que el ser humano tomara el control sobre el ADN y anticiparon futuros y decisivos avances. Y así fue.

Numerosos temores hielan la cerviz de muchas personas, al pensar en un uso inadecuado de la clonación. En la imagen, un fotograma de Parque Jurásico, de Steven Spielberg. (Foto: UNIVERSAL PICTURES, AMBLIN ENTERTAINMENT)

Numerosos temores hielan la cerviz de muchas personas, al pensar en un uso inadecuado de la clonación. En la imagen, un fotograma de Parque Jurásico, de Steven Spielberg. (Foto: UNIVERSAL PICTURES, AMBLIN ENTERTAINMENT)

Pero otros –no pocos, por cierto– temblaron ante un futuro poblado con seres de repuesto. Quizás tenían fresca en la mente la novela Parque Jurásico, escrita por Michael Crichton en 1990, y su réplica fílmica dirigida por Steven Spielberg y estrenada en 1993, sobre la recreación exitosa –y fatídica, muy fatídica– de la época de los dinosaurios en un parque temático en Costa Rica.

Así fue como la simpática Dolly fue tildada, a la vez, como lobo con piel de oveja, debido a los temores de que la técnica se usara en la humedad de un sótano para clonar personas selectivamente.

Por fortuna, nada de eso pasó y aunque algunos laboratorios alardearon haber logrado semejante meta, no existen pruebas de haberse hecho. Es que el copia-y-pega humano no es solo éticamente cuestionable (incluso en casos enmarañados de infertilidad), sino también un proceso técnicamente complejo y arriesgado.

La mismísima Dolly tuvo que esperar a cumplir siete meses para que fuera anunciado su origen. El proceso de retirar el núcleo de la célula con su correspondiente ADN de una célula que no fuera un óvulo o espermatozoide –mamaria en su caso, ya sabemos– e implantarla en un óvulo no fecundado al que previamente se le retiró el núcleo, fue novedoso, pero también muy peliagudo.

Una vez realizada la transferencia, el huevo reprogramó un embrión a partir del ADN, que comenzó a desarrollarse como hijo de un solo progenitor. Hasta ese entonces se creía que solo se podían obtener clones de una célula embrionaria.

Dolly fue el único cordero resultante de 277 fusiones de óvulos enucleados, con núcleos de células mamarias. Sabiendo que fue prácticamente una chiripa, el gubernamental Instituto Roslin, sede del experimento, no estaba dispuesto a pasar por farfullero y ridículo a cambio de una falsa publicidad.

Lo curioso es que Dolly tuvo tres madres: la oveja de la que se extrajo el ovocito, otra de la que tomó ADN y por último, la que sirvió como madre de alquiler para llevar el embarazo a término.

En resumen, esos ruidos que siguieron al conocerse el proceso de Dolly, aquellos mitos sobre clonar tejidos congelados de Hitler o hacer realidad la película de 1978 Los niños del Brasil (multiplicados y socializados como neonazis, a semejanza del Führer); o reproducir seres humanos según criterios eugenésicos –tipos perfectos como príncipes vistosos– nada de eso, que sepamos, pasó.

Es más: los científicos terminaron apostando por reemplazar la vieja técnica empleada en la oveja, llamada Transferencia Nuclear de Células Somáticas, por otras tecnologías como fuente para la medicina regenerativa: En lugar de crear un ser vivo completo, prefieren crear células especializadas para un trasplante, las cuales crecen en un laboratorio y para esto usan las propias células del paciente y así crean un ovocito, principalmente de células madre.

Como sea, de seguir viva Dolly (el promedio de existencia es de 12 años), si incluso fuera una anciana longeva y nada guapa, sería venerada como una diva. Lamentablemente, esta señora madre de seis hijos tuvo que ser sacrificada el 14 de febrero de 2003 debido a la artritis y una enfermedad pulmonar muy común entre los adultos de su especie. Mas hoy, en recordación, es un admirable ejemplar que se exhibe disecado en el Museo Nacional de Escocia.

Fotocopias genéticas versus príncipes azules

“Fotocopiar” seres humanos no solo acarrea objeciones éticas y filosóficas, sino problemas de seguridad. Si se lee bien, línea a línea, el obituario del zoo que ha sido posible clonar, se aprecia que solo un puñado de animales duplos sobrevivió al nacimiento, y muchos tuvieron posteriores complicaciones de salud.

Ya desde 1952, cuando los androides no pensaban si soñar con ovejas eléctricas, los científicos Thomas J. King Jr. y Robert W. Briggs demostraron que podían quitar el núcleo a un óvulo de rana, reemplazarlo con el núcleo de una célula embrionaria y lograr así que del óvulo naciera un renacuajo.

John Gurdon recibió en 2012 el premio Nobel de Fisiología junto a Shinya Yamanaka, por descubrir cómo crear células madre pluripotentes y mostrar qué células podían ser reprogramadas después de ser especializadas. (Foto: JUSTIN TALLIS /AFP /GETTY IMAGES)

John Gurdon recibió en 2012 el premio Nobel de Fisiología junto a Shinya Yamanaka, por descubrir cómo crear células madre pluripotentes y mostrar qué células podían ser reprogramadas después de ser especializadas. (Foto: JUSTIN TALLIS /AFP )

Pero el verdadero pionero de la clonación animal fue el británico John Bertrand Gurdon, un biólogo del desarrollo que tras cierta apatía por las ciencias, derrapó hacia el estudio de humanidades en la Christ Church de Oxford, si bien terminó licenciándose en Zoología. Con esa carga novelesca logró en 1958 clonar una mosca.

Gurdon inició experimentos de clonación en 1962, con la utilización de células no embrionarias. El geniecillo expuso un óvulo de rana a la luz ultravioleta y así destruyó su núcleo; después extrajo el núcleo de una célula intestinal de renacuajo y lo implantó en el óvulo enucleado. El óvulo se desarrolló y se convirtió en un renacuajo que era genéticamente idéntico al donante del ADN.

Hasta entonces nada fue más milagroso que eso, como no fuera un sapo que se convierte en príncipe tras romper el hechizo con un beso de doncella. Sin embargo, el premio de la Academia Sueca no fue a parar al autor de esa leyenda sino al “chico de letras”, como gusta llamarse a sí mismo: Gurdon fue premiado en 2012 con el Nobel de Fisiología por descubrir, junto a Shinya Yamanaka, la posibilidad de obtener células madre a partir de células adultas.

Entre 1984 y 1995, corderos, terneros y ovejas antecedieron a Dolly, a partir de células embrionarias y por medio de diferentes técnicas. Luego, a la glamorosa estrella ovina de Roslin le sucedió una retahíla capaz de llenar un arca de Noé: vacas, ratones, cabras, monos Rhesus, terneros, cerdos, muflones, conejos, gaures, gatos, mulas, caballos, ciervos, toros, becerros, perros…

Vale destacar que cinco meses después de nacer Dolly tuvo su aparición Polly, la primera oveja clónica y transgénica a la vez, engendrada también en el Instituto Roslin de Edimburgo, gracias al mismo equipo de investigadores liderado por el doctor Wilmut.

En este caso, el proceso se logró tras insertar un gen humano de valor terapéutico (la proteína alfa-1-antitripsina) en células fetales de oveja y con la aplicación del procedimiento habitual ya realizado con éxito en la oveja Dolly.

Polly permitió ver que era posible no solo clonar mamíferos, sino que estos produjeran también proteínas terapéuticas en su leche. A no dudar, fue un logro científico inconmensurable, a pesar de no ser tan conocido como la aparición de Dolly en el proscenio.

Este portaobjetos de microscopio muestra células madre trasplantadas, tomadas de la sangre del cordón umbilical de un bebé. (Foto: TIM BOYLE /NEWSMAKERS / GETTY IMAGES /FILE)

Este portaobjetos de microscopio muestra células madre trasplantadas, tomadas de la sangre del cordón umbilical de un bebé. (Foto: TIM BOYLE /NEWSMAKERS / GETTY IMAGES /FILE)

Otro capricho de la orfebrería genética fue conseguir más de 50 ratones clonados en 1998 a partir de un mismo individuo, en el curso de varias generaciones. En esa época también ocho becerros fueron replicados idénticamente a partir de una vaca.

La creación del primer cerdo clonado en 2002 abrió una nueva puerta a la medicina, gracias a la similitud de los órganos de este mamífero con los del ser humano. La fabricación de animales con esta técnica podría permitir que disminuyeran las listas de espera por un órgano para trasplante, un problema que supone en muchos casos un verdadero drama personal y familiar.

Sin embargo, el debate ético se disparó tres metros sobre el cielo: ¿Construiríamos fábricas de animales clonados únicamente para la producción de órganos? Por otro lado, habría que tener en cuenta un serio conflicto: Los órganos del cerdo, en caso de ser utilizados para los exóticos xenotrasplantes (trasplantes desde otra especie a la humana), podrían generar problemas de rechazo.

Así, nunca se tembló tanto antes por un posible doctor Frankestein, y la gente temió que los científicos no fueran capaces de resistir la tentación y se embalaran a mil hasta cometer un “desliz”.

La utilidad del clon

En junio pasado, especialistas del Laboratorio de Biotecnología Reproductiva y Mejoramiento Genético de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza, ubicada en la región de Amazonas, en Perú, clonaron una ternera de raza Jersey, a la que llamaron Alma. Se trata del primer clon obtenido a través de la reproducción somática o Transferencia Nuclear de Células Somáticas, utilizando una técnica avanzada de clonación denominada Handmade Cloning (HMC), la cual solo dominan Chile y Perú en América Latina. La finalidad de esta aventura es poder clonar ejemplares bovinos de élite a fin de mejorar la crianza del animal.

Mientras, en Estados Unidos aprobaron recientemente las carreras con caballos clones, noticia que no ha sido bien acogida por –según denunció un juez– violar las leyes contra el monopolio.

Además, una empresa de Seúl, en Corea del Sur, ofrece clonar, por 100 mil dólares, una mascota fallecida para mantenerla con sus dueños “para siempre”. Hasta ahora, los favoritos son los perros, unos 800 en total. De tal suerte, la Sooam Biotech Research Foundation, surgida hace una década, se ha convertido en líder mundial del próspero negocio de la clonación de animales de compañía, destinado a príncipes, celebridades y millonarios de, sobre todo, Estados Unidos, México, Dubai, Rusia, Japón, China y Alemania.

En su momento, digamos, una de sus clonaciones más publicitadas fue la de Trakr, un perro policía conocido por haber descubierto al último de los supervivientes tras el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

Mientras unos creen poder clonar un mamut, otros consideran que se trata de un timo científico. (Foto: GYI)

Mientras unos creen poder clonar un mamut, otros consideran que se trata de un timo científico. (Foto: GYI)

A diferencia de la clonación de especies en peligro de extinción, que tiene admiradores, la técnica de duplicación de mascotas ha entrado en un polémico debate, y Sooam Biotech ha sido siempre mirada con ojeriza, especialmente por su fundador, Hwang Woo-Suk, quien ha asegurado haber extraído líneas de células madre de embriones humanos clonados. El gobierno de Corea, en tanto, le ha prohibido y hasta condenado por anunciar tales pesquisas.

Sépase que las inversiones para investigar sobre clones han mermado y solo algunos países –entre estos Bélgica, China, Israel, Japón, Corea del Sur, Gran Bretaña y Singapur– autorizan la creación de embriones para experimentos. En Estados Unidos, como mismo otros asuntos ético-científicos, no es explícitamente ilegal.

El idealismo que aportó a la biodiversidad la clonación del gaur en 2003 a partir de muestras congeladas en 1980, no es una línea que esté de moda. Muy relacionado con las vacas domésticas, el gigante gaur es un bovino salvaje en peligro de extinción, que deambula taciturno por los bosques de la India, Nepal e Indochina.

No dejan de aparecer, en cambio, noticias sobre el interés por clonar al mamut, o incluso a un individuo de la especie del Neandertal. Aquí entonces reaparece el nombre de Hwang Woo-Suk, el controvertido gurú coreano de la clonación, quien está decidido a traer de vuelta al circunspecto proboscidio del Plioceno, Pleistoceno y Holoceno, extinguido hace miles de años, meses y días.

Muchos investigadores consideran que la clonación de especies desaparecidas es bastante improbable y otros, como José Luis Jorcano, del Ciemat de España, aseguran que estos intentos no son más que un timo científico. De hecho, su equipo trató de clonar al bucardo, una subespecie de cabra montesa ibérica extinguida a manos del hombre hace 16 años, y fue imposible. Por tanto, no parece probable que se logre con el mamut, ya que el ADN de las muestras halladas probablemente esté sumamente degradado. Tampoco será posible el Neandertal, sin contar que generó una fuerte controversia ética.

Antes, quizás los androides sueñen con ovejas eléctricas.

 


Toni Pradas

 
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