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Publicado el 28 Septiembre, 2016 por Redacción Digital en Ciencia
 
 

El tocororo se multiplica en La Yaya

Empezó a funcionar la idea y por fin vio crecer la población del Priotetus temnurus, como se les denomina científicamente
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«La tranquilidad del lugar, rodea- do de frutales, insectos y amplia vegetación, garantiza la perma- nencia de la especie en la zona al encontrar los nutrientes prin- cipales», considera José Ramón Ortega Caraballoso, al frente de la finca integral La Yaya. (Foto: Ramón Barreras Valdés/vanguardia.cu)

«La tranquilidad del lugar, rodeado de frutales, insectos y amplia vegetación, garantiza la perma- nencia de la especie en la zona al encontrar los nutrientes prin- cipales», considera José Ramón Ortega Caraballoso, al frente de la finca integral La Yaya. (Foto: Ramón Barreras Valdés/vanguardia.cu)

José Ramón Arteaga muestra con orgullo las bandadas de aves que viven en su finca La Yaya, cerca de Santa Clara, y asegura que le costó mucho trabajo lograr que los animales se estabilizaran en el lugar.

Recuerda que todo comenzó hace unos años, en medio de una terrible sequía. En esos momentos notó cómo los pájaros se alejaban y para detener el éxodo colocó recipientes con agua y comida dentro del follaje.

Con entusiasmo relata que entre los primeros en volver estuvieron los carpinteros, zunzunes, tomeguines, sinsontes, y por último vio llegar una pareja de tocororos.

Ramoncito, como le conocen, asegura que su entusiasmo fue enorme, porque sabe que es una especie endémica, considerada el ave nacional de Cuba y que no puede vivir en cautiverio. Además, los expertos afirman que está en peligro de extinción.

Todas estas cualidades lo llevaron a redoblar sus empeños para garantizarles un hábitat, una vida estable y reproducción segura.

Entre tantas vicisitudes que tuvo para llevar a buen fin su proyecto, estuvo la carencia de orificios en los troncos de los árboles destinados a satisfacer las necesidades reproductivas de todas las especies que utilizan cavidades.

Rememora que le aconsejaron emplear recipientes de barro con un hueco en el centro para que los tocororos anidaran allí. Asegura que esos pájaros son muy observadores y desconfiados por lo cual demoraron tiempo en decidirse a entrar.

Para que se sintieran más a gusto diseñó los habitáculos con los colores de los troncos de los árboles donde los colocaba, así fue como empezó a funcionar la idea y por fin vio crecer la población del Priotetus temnurus, como se les denomina científicamente.

Donde reina el tocororo

En algunos sitios de la porción oriental la denominan guatiní, proveniente de un vocablo taíno. Por lo débil del pico no abren cavidades en los troncos de los árboles, por lo que utilizan aquellos orificios abiertos por los carpinteros para sus puestas

En algunos sitios de la porción oriental la denominan guatiní, proveniente de un vocablo taíno. Por lo débil del pico no abren cavidades en los troncos de los árboles, por lo que utilizan aquellos orificios abiertos por los carpinteros para sus puestas. (Foto: Ramón Barreras Valdés/vanguardia.cu)

El ave más bella de la fauna cubana está próxima. No emprende vuelo ante intrusos y permanece casi inmóvil en acto de exhibir sus atributos. Tampoco necesita pavonearse porque, en realidad, impacta. De vez en cuando lanza desde la rama sonidos reiterados que asemejan un to-co-ro-ro, del que adquiere su nombre.

Mas su canto se mezcla entre ecos que pudieran simular códigos de avisos. La cola le tiembla, mueve su cabeza y los ojos rojizos miran desde la altura el panorama apacible que ofrece la finca integral La Yaya, punto de la Sabana de Santa Clara convertido en un paraíso terrenal donde las virtudes humanas calan profundo en los visitantes.

 

 

Costumbres y caprichos del tocororo

Habita en la campiña cubana desde hace miles de años y resulta una especie endémica. Se concentra en determinadas partes de la geografía cubana. Las elevaciones orientales albergan millares de ejemplares, mientras en la Ciénaga de Zapata, las cordilleras pinareñas y en el centro y occidente del archipiélago abundan en manadas.

Se reproducen en la etapa idónea de marzo a junio, y ponen de dos a cuatro huevos, incubados de 17 a 21 días.

 

El sonido onomatopéyico de las tardes: “ to- co- ro- ro” 

Más de un quinquenio ha pasado desde que La Yaya renovó la avifauna silvestre, y ahora un sinfín de trinos y sonidos onomatopéyicos atraen a transeúntes y expertos.

Miguel Ruiz, subdirector técnico del santaclareño zoológico Camilo Cienfuegos, comenta que ellos asesoran a los trabajadores de esa finca para evitar errores en el manejo de los animales.

A modo de ejemplo cita que le recomendaron a Ramoncito la siembra atejes dentro de los cafetales, porque figura entre los alimentos preferidos por los pájaros.

Ruiz relata que en el diseño de las cosechas se establece dejar frutas en las plantas para la alimentación natural de las aves, eso ha dado muy buenos resultados.

En la finca crecen más de 24 variedades de frutales, junto a cafetales, y árboles maderables de alto valor, entre ellos algarrobos, cedros, caobas y almácigos.

Lo más importante que se ha logrado en el lugar es la educación ambiental de los miembros de la familia, vecinos, trabajadores y visitantes, afirma Ruiz.

A pesar de residir en los alrededores muchos niños, adolescentes y jóvenes, hace ya un buen tiempo se eliminó el uso de trampas par acazar y los tiraflechas para matar los pájaros, relata.

Esta realidad es fruto de un intenso trabajo con todas las personas del área a quienes Ramoncito les explica una y otra vez la importancia de lograr que los pájaros silvestres se establezcan en todas las fincas, reconoce Ruiz.

Ahora en las afueras de la ciudad capital de Villa Clara, cerca de la carretera central, el sonido onomatopéyico “ to- co- ro- ro” matiza las tardes: son los machos requiriendo la atención de las hembras o simplemente llamando a las crías para regresar al nido, acciones que en el mundo animal son sinónimos de felicidad y calidad de vida.

¿Por qué  el tocororo es el ave nacional?

El tocororo luce los mismos colores que la bandera cubana. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

El tocororo luce los mismos colores que la bandera cubana. (Foto: Ramón Barreras Valdés/vanguardia.cu)

Quiso la naturaleza que estas aves portaran los colores de la enseña patria. Las plumas blancas de su pecho, el plumaje rojo del vientre y la tonalidad azul presente en su cabeza son los colores de nuestra bandera, al tiempo que el verde se identifica con la campiña cubana.

Está considerada el ave más hermosa del país, y a ello se suma la intolerancia para vivir en cautiverio como defensores plenos de la libertad: sin ella sobrevive muy poco y llega a perder todo su plumaje.

Su caza o captura está prohibida según consta en la Resolución No. 81 de 1982 del Ministerio de la Agricultura, mientras existe un documento legal para sancionar a quien lo haga mediante el Decreto Ley 200, del 22 de diciembre de 1999, que establece las contravenciones respecto al medio ambiente.

Apoyado en su experiencia, Ramón considera que «el tocororo es muy celoso. Mientras la hembra permanece en el nido, el macho se mantiene muy cerca, pendiente de cada detalle o peligro en la zona; pero luego alternan el período de incubación y buscan el alimento de los pichones entre los dos».

Como toda especie tiene signos que marcan el género; uno de ellos, en el pecho. El de los machos es blanco con vientre rojo; sin embargo, la hembra une pecho y vientre con tonalidad rojiza. Además, en cada caso las alas y la cola comparten el azul y el verde, en tanto otras bandas alternan entre el blanco y el negro.

Mientras un integrante de la pareja permanece en el nido o sale por escasos minutos, el otro se mantiene muy próximo y atento ante cualquier peligro o intruso. La flecha lo indica. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Mientras un integrante de la pareja permanece en el nido o sale por escasos minutos, el otro se mantiene muy próximo y atento ante cualquier peligro o intruso. La flecha lo indica. (Foto: Ramón Barreras Valdés/vanguardia.cu)

 

Curiosidades

♦ El tocororo es un ave endémica* de Cuba, con dos variedades; una de ellas habita en la Isla de la Juventud (Priotelus temnurus vescus). El macho tiene una longitud de 28 cm, mientras la cola mide de 14.3 a 14.8 cm; aunque las hembras aventajan a los machos por escasas proporciones.

♦ Un detalle peculiar es que permanecen en reposo por largo tiempo con el pescuezo encogido y solo abandonan dicha posición para la búsqueda de alimentos con movimientos ágiles, pero a corta distancia.

♦ Aparecen con facilidad en bosques dotados de árboles mixtos; entre estos, el almácigo, la yagruma y el pino. Anidan en orificios recién abandonados y construidos por pájaros carpinteros.

*Especie o grupo restringido a una región. Propio, exclusivamente, de determinado país.

 

Con información de ACN y anguardia.cu)

 

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Redacción Digital

 
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