0
Publicado el 1 Noviembre, 2016 por Jessica Castro Burunate en Ciencia
 
 

HÁBITAT

Los pasos recobrados

Implementar la nueva agenda urbana requiere de la integración de varios agentes sociales: gobiernos, ciudadanía y comunidad científica
Para el 2050 más del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades (foto: CLAUDIA RODRIGUEZ HERRERA)

Para el 2050 más del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades (foto: CLAUDIA RODRIGUEZ HERRERA)

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Cuando más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y existe una mayor conciencia sobre los riesgos tecnológicos y ambientales que enfrentan las urbes modernas, la Tercera Conferencia sobre Vivienda y Desarrollo Sustentable, Hábitat III, celebrada en Quito, aprobó la nueva agenda urbana que regirá por los próximos veinte años.

Sobre la base de tres principios básicos: no dejar a ninguna ciudad atrás en su desarrollo, promover economías urbanas sustentables e inclusivas, y fomentar la sostenibilidad ambiental, se trazaron las líneas generales detalladas en 175 puntos.

Las principales líneas de acción se enfocan en promover medidas en apoyo a urbes más limpias, así como fortalecer la resiliencia urbana –es decir, la capacidad de una ciudad expuesta a una o varias amenazas para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficiente– y así reducir el riesgo y el impacto de los desastres.

Otras líneas son mejorar la conectividad y apoyar iniciativas innovadoras y ecológicas –incluye el establecimiento de asociaciones con empresas y la sociedad civil para encontrar soluciones sostenibles a los problemas urbanos–, y el acceso global a servicios básicos como vivienda, agua potable y saneamiento, alimentos nutritivos, atención a la salud y planificación familiar, educación, cultura y acceso a las tecnologías de comunicación.

La implementación de la visión proyectada deberá confrontar las brechas socioeconómicas y tecnológicas existentes en el ordenamiento global, aun cuando la agenda propone tomar en consideración la realidad, capacidades y nivel de desarrollo de cada país. Cuando se trate de países en vía de desarrollo, de ingreso medio, ocupados o azotados por desastres naturales o de otro tipo, estos deben recibir una atención particular.

Los pasos a seguir para los próximos años, desde las acciones para prepararse ante el cambio climático hasta el paradigma de ciudad limpia e inteligente que de alguna forma se proyecta en el documento, implican una serie de mecanismos financieros y de control que permita hacer efectiva esta política.

Los acuerdos reafirman el compromiso de otorgar recursos, tal como está contenido en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Asimismo, el apoyo al acceso a diferentes fondos multilaterales ya existentes, a fin de asegurar políticas y acciones para mitigar y adaptarse al cambio climático; y el uso de la Ayuda Oficial para el Desarrollo.

Cuba en Hábitat III

El Comité Nacional Hábitat funciona en Cuba desde 1996, integrado por organismos del Estado, organizaciones no gubernamentales y el sector académico. Hasta 2014, este Comité estuvo presidido por el Instituto Nacional de la Vivienda y luego por el Instituto de Planificación Física.

Para esta tercera conferencia, como el resto de las delegaciones, se presentó un informe que detalla la experiencia cubana y las proyecciones futuras, en relación con las temáticas que se debatirían, entre estas las actuales problemáticas demográficas, la gestión de vínculos entre las zonas rurales y urbanas, la contaminación del aire y el enfoque de riesgo.

Según el informe presentado, una de las fortalezas del país se encuentra en los planes de ordenamiento territorial, a los que ya se incorpora la gestión de riesgo y muchos de los indicadores que definen la sostenibilidad urbana. Planes, con acciones a corto, mediano y largo plazos, que suponen varios desafíos para su ejecución efectiva.

Entre estos se citan el insuficiente mantenimiento y déficit generalizado de viviendas, así como el poder adquisitivo de parte de la población para enfrentar el mantenimiento, rehabilitación o construcción de sus inmuebles. La resiliencia urbana es aún un tema incipiente en el país.

El embate de fenómenos climatológicos se encuentra entre los principales riesgos y vulnerabilidades del país (foto: CLAUDIA RODRIGUEZ HERRERA)

El embate de fenómenos climatológicos se encuentra entre los principales riesgos y vulnerabilidades del país (foto: CLAUDIA RODRIGUEZ HERRERA)

Si se tienen en cuenta los recientes daños ocasionados por el huracán Matthew en Baracoa y otras comunidades de la provincia de Guantánamo, y aún fresco en la memoria el paso del ciclón Sandy en 2012 por el oriente cubano, que causó más de 262 000 afectaciones al fondo habitacional, sin duda debe ser la vulnerabilidad ocasionada por los fenómenos meteorológicos uno de los ejes de trabajo priorizados para los próximos años.

El nuevo programa urbano enfrenta –dice el informe– el reto de concebir soluciones constructivas que respondan a las condiciones climáticas y sísmicas del país. En la recuperación tras el paso de Sandy se han empleado las tecnologías de prefabricado vhicoa, forsa y gran panel, y las construcciones modulares Titan Steel y petrocasas.

Otro reto es encontrar alternativas de financiamiento para enfrentar el desarrollo de las urbanizaciones y brindar solución a los barrios precarios existentes.

La agenda entiende la ciudad como un espacio generador de riquezas, y la interrelación entre las dimensiones económicas, sociales y medioambientales son útiles para promover sociedades prósperas e inclusivas (foto: sitio web rumboahabitat3.ec)

La agenda entiende la ciudad como un espacio generador de riquezas, y la interrelación entre las dimensiones económicas, sociales y medioambientales son útiles para promover sociedades prósperas e inclusivas (foto: sitio web rumboahabitat3.ec)

Y con la mirada a más largo plazo, se debe prever el manejo de las consecuencias derivadas del aumento del nivel del mar para el archipiélago cubano. Los científicos estiman que para el año 2050 se contabilizará la pérdida de 2.3 por ciento de la superficie total del país, y en 2100, el 5.5 por ciento.

Para entonces, se experimentará una considerable reducción de las precipitaciones y recrudecimiento de las sequías en amplios sectores del oriente cubano, fenómeno que ya nos afecta. Sin embargo, 58 por ciento del agua que se bombea cada año se pierde sin posibilidad de recuperarse debido al deterioro de las redes urbanas y en el interior de los inmuebles.

Por su parte, se prevén afectaciones en 122 asentamientos humanos costeros, de ellos 25 de forma total y el resto con diversos porcentajes de sus superficies, para los que aún se precisan las formas de actuación y mitigación.

Lo anterior, desde luego, implica no solo financiamiento, también una estrategia coherente de integración de diversos actores de la sociedad, a fin de aprovechar mejor los recursos disponibles.

Las perspectivas manejadas en la relatoría expuesta ante ONU-Hábitat incluyen la incorporación de los resultados en los planes de ordenamiento territorial en el análisis de nuevas inversiones, su inserción en las estrategias de desarrollo del país hasta el nivel local, y en los planes anuales de la economía.

 


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate