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Publicado el 13 Diciembre, 2017 por Jessica Castro Burunate en Ciencia
 
 

BIOTECNOLOGÍA

La manzana de la biodiscordia

Varadero fue sede del más importante evento que se hace en Cuba con los “granjeros de laboratorio”, esos que investigan cómo lograr productos agropecuarios capaces de saciar la demanda mundial de alimentos

 

(Ilustración: VITAEDOLOR.COM)

(Ilustración: VITAEDOLOR.COM)

Por JESSICA CASTRO BURUNATE y TONI PRADAS

Cuentan que Rodrigo de Jerez, uno de los marinos que navegaron en 1492 hacia América en la nao Santa María del almirante Cristóbal Colón, fue el primer europeo que se atrevió a inhalar un hermoso aunque irritante humo, desprendido por la incineración de un torcido mazacote de hojas secas.

La planta, por su peculiar fragancia, les había resultado curiosa cuando la vieron al desembarcar en la isla que llamaron San Salvador: la Guanahaní de las Bahamas. Poco después, en noviembre de 1492, por primera vez De Jerez y Luis de Torres observaron a los nativos fumar unos rollos de hojas de palma y maíz con tabaco dentro. Encendían un lado y por el otro bebían el humo.

Cuando regresó a España en 1493, Jerez ya era todo un adicto y expandió el hábito en su aldea. Lejos estaba de sospechar que un día las autoridades sanitarias advertirían que el tabaquismo podría perjudicar seriamente la salud y que se llegara incluso a aplicar gravámenes e incluso multas por su consumo en ciertos lugares.

Menos imaginó que podría costarle a sus costillas. Como el humazo que desprendía asustaba a sus vecinos, la Inquisición encarceló a quien puede considerarse el primer yonki de la historia, por sus hábitos paganos y diabólicos. Sin medias tintas fue acusado de brujería –¡es que solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca!– y encarcelado durante siete años. Al ser liberado en 1500, la práctica de halar del habano donde dieran antojos se había convertido en lo más natural de la vida elegante.

Siglos después, a espaldas de la Inquisición y del diablo, Michael W. Bevan, Richard B. Flavell y Mary-Dell Chilton eligieron al tabaco para crear, en 1983, la primera planta transgénica del planeta.

Dicho sencillamente aunque no lo parezca, concibieron un gen quimérico que combinaba un gen de resistencia a un antibiótico con el plásmido T1 de la bacteria Agrobacterium. Luego infectaron la bacteria modificada con el plásmido, y tuvieron como resultado la inserción del gen quimérico en la planta. Mediante técnicas de cultivo de tejidos, seleccionaron una célula de tabaco que contenía el gen y, a partir de esta, se desarrolló el nuevo vegetal.​

Desde entonces, los científicos se volcaron a la investigación de modificaciones genéticas que les permitieran crear nuevos productos agrícolas resistentes a enfermedades, con mayor productividad y que elevaran su inocuidad al prescindir de plaguicidas y otros productos tóxicos. Una rebelión agrícola estaba engendrándose y prometía combatir la inanición de millones de subalimentados.

En ese empeño se involucraron también los cubanos, quienes durante medio siglo han estado entre pesquisas y aprendizajes, sobre todo a partir de la revolución biotecnológica que comenzara en la Isla hace tres décadas, y hoy muestra notables resultados.

Con tales cartas, a inicios de diciembre lograron convocar, una vez más, a relevantes biotecnólogos, químicos, médicos y otros investigadores de ramas afines de América Latina, Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia, para platicar, intercambiar, conocer y reconocerse en los salones del acogedor y un tanto frívolo Centro de Convenciones Plaza América, en el balneario de Varadero.

Y aunque fuera en ese sitio, el prestigioso evento científico mantuvo a ultranza su tradicional nombre: Biotecnología Habana. No era lo más importante, sino –igual que en los eventos previos de la capital– continuar en la búsqueda de nuevas formas de producción de alimentos y encontrar cómo la biotecnología puede contribuir en ese empeño.

Así, asentados en la isla donde presumiblemente De Jerez probó el tabaco, los estudiosos debatieron en varios simposios acerca de bioproductos para la agricultura, de asuntos regulatorios y agronegocios, y participaron en una exposición comercial de reactivos, materiales, equipos y productos vinculados a la rama biotecnológica. También discutieron acerca de la interacción planta-patógeno, las tecnologías de enzimas y las aplicaciones de la biotecnología para el mejoramiento de plantas y su uso como biorreactores.

Para tales propósitos, el ente organizador, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba, invitó a la vanguardia mundial de los granjeros de laboratorio, bajo el lema La biotecnología agropecuaria en el siglo XXI.

Política o dinero

El doctor Richard J. Roberts, premio Nobel de Medicina 1993, hizo una clara defensa de los organismos modificados genéticamente. (Foto: YASSET LLERENA)

El doctor Richard J. Roberts, premio Nobel de Medicina 1993, hizo una clara defensa de los organismos modificados genéticamente. (Foto: YASSET LLERENA)

Quizás no fuera el mejor escenario, puesto que probablemente todos los asistentes estuvieran a favor de la creación de organismos modificados genéticamente (OMG), pero el premiado Nobel, el británico Richard Roberts, además de darle realce al cónclave, aprovechó para arengar en defensa de los productos agrícolas manipulados en los laboratorios, con su conferencia La campaña de los laureados Nobel por los OMG.

Roberts, a medio surtir entre su sobriedad y su desgarbo, con porte que recuerda por instantes al actor Peter O’Toole, es hoy el principal portavoz de una cruzada global que sostienen 129 ganadores del premio sueco (entre ellos, James D. Watson, descubridor junto a Francis Crick de la estructura del ADN), y otras 13 183 personas vinculadas al tema, a la que curiosamente no se encuentra afiliado ningún cubano.

Según afirmó el bioquímico y biólogo molecular a BOHEMIA, por la campaña él ni sus colegas reciben un penique para hacer propaganda, mientras organizaciones como Greenpeace y algunos partidos verdes están sufragados por cientos de millones de dólares. “Greenpeace no tiene ni un solo Nobel respaldándolo”, masculló el flemático activista. “Sabe que no tiene argumentos científicos con los que discutir, por eso alude al factor emocional”.

Mientras, el móvil para los laureados, como fijó Roberts al comenzar su conferencia, es el de 800 millones de seres humanos que cada noche van a la cama con hambre.

Sir Richard John Roberts, investigador del New England Biolabs, fue merecedor del Nobel de Medicina en 1993, compartido con Phillip Allen Sharp, por su trabajo sobre los intrones, fragmentos de ADN que no tienen nada que ver con la información genética.

Investigando con el fin de ampliar los conocimientos que llevaran a una futura cura del cáncer, sus hallazgos ayudaron a entender la forma en que funciona el ADN. Así, juntos descubrieron que la información depositada en un gen no estaba dispuesta de forma continua, sino fraccionada. Luego pudieron concluir que el ARN (ácido ribonucleico) ha tenido que preceder en la evolución al ADN. Este, se sabe, no puede actuar solo y se vale del ARN para transferir información vital durante la síntesis de proteínas.

Vaya tipo este hombre nacido en Derby, Inglaterra, en 1943, hijo de una señora llamada Edna y el mecánico automotor John Roberts. Difícil es encontrar por ahí su gen de investigador, como no sea que de chico quiso ser detective. Hasta que le regalaron un set de química y el niño se juró dedicarse a los enigmas de los compuestos y las transformaciones de la materia. Las universidades hicieron el resto.

Al parecer, su fórmula química preferida es la que ofreció en su conferencia de Plaza América: “Comida es medicina”. Y mientras que para los países desarrollados los costos pueden aceptarse altos, las naciones en desarrollo necesitan que estos sean bajos.

La intervención del hombre en cultivos como el maíz a partir del teocintle, conllevó a la evolución de estos productos hacia los estándares de calidad y nutrición que hoy profesan. (Infografía: BONITO, VÍA PINTEREST)

La intervención del hombre en cultivos como el maíz a partir del teocintle, conllevó a la evolución de estos productos hacia los estándares de calidad y nutrición que hoy profesan. (Infografía: BONITO, VÍA PINTEREST)

Comentó que los 129 sabios premiados firmaron una carta dirigida a Greenpeace y a cada embajador de las Naciones Unidas, solicitándoles reconocer que las tecnologías para producir OMG son básicamente seguras y deberían apoyarse, por cuanto el mundo en vías de desarrollo precisa desesperadamente de cosechas productivas con un valor nutritivo agregado.

Refirió que los productos naturalmente cultivados hoy, son el resultado de mejoras, como los híbridos, que los agricultores fueron incorporando durante decenas de miles de años. Entonces se utilizaba la genética “cruda”, hasta que en de la década de 1980 la humanidad aprendió a ser “precisa”, “disparando” un nuevo gen directamente dentro de las células de la planta en cuestión.

Para Greenpeace –argumentó con sorna el visitante–, el cultivo convencional, que corre riesgos de mutagénesis al requerir productos radiactivos y químicos, es seguro, mientras que el cultivo preciso es dañino. Incluso ironizó con un ejemplo que probablemente le recuerde a su padre: Si se toma un GPS de un aeroplano a un auto, ¿este último será entonces el nuevo auto volador?

“El OMG es un método. Lo importante es el producto seguro, no el método”, sentenció.

“África, América del Sur y Asia necesitan buenas cosechas con rendimientos más altos. Ellos necesitan la agricultura de precisión. Europa no. ¿Pero por qué Europa no apoya esto?”, indagó, posando las manos como quien sostiene una bandeja que carga en su pulido centro la mismísima manzana de la discordia.

El Nobel graficó tal discrepancia con el apoyo público a esta técnica, por una parte, que han hecho alrededor de 200 academias nacionales. “Mientras, del otro lado existen solo dos organizaciones, autoproclamadas científicas, que claman la existencia de evidencias de estos peligros, cuando en realidad no hay ninguna”.

Y cavó más profundo quien una vez espetó que los políticos son meros empleados de los grandes capitales:

“Las acciones de organizaciones como Greenpeace han retrasado la salida al mercado de productos como el arroz dorado, que pudiera ser una alternativa salvadora para los problemas de salud causados por deficiencia de vitamina A. Desde 2002, unos 15 millones de personas han muerto por esta deficiencia”.

Prohibir estas tecnologías no tiene consecuencias para el Viejo Continente, disparó. “¿Podría ser por política, o dinero, o ambos?”

En el borde de la vega

En un aparte con los periodistas, Sir Roberts valoró que la promoción de la biotecnología en Cuba fue una de las cosas en las que el líder de la Revolución, Fidel Castro, acertó. “Lo que mejor conozco es el trabajo del CIGB y me parece extraordinario”, manifestó este científico que ya ha visitado anteriormente la Isla.

Como para hacerle honor a tan excelso elogio, una cartera de productos obtenidos en esta institución fue presentada en el Congreso de congresos, entre los que destaca la vacuna Porvac, que es un tratamiento eficaz contra la peste porcina clásica; y el Hebernem, un bioproducto destinado al control de nemátodos, una plaga que provoca baja eficiencia en la producción agrícola.

En el congreso fue presentada la vacuna cubana Porvac, un tratamiento eficaz contra la peste porcina clásica. (Foto: ACN)

En el congreso fue presentada la vacuna cubana Porvac, un tratamiento eficaz contra la peste porcina clásica. (Foto: ACN)

La vacuna Porvac (E2CD154), presentada por la especialista Marisela Suárez, busca desalojar de los corrales esa enfermedad endémica en Cuba y que afecta las producciones de cerdo.

Aseguró la investigadora que hace varios años se trabaja con el objetivo de poder desarrollar una vacuna de subunidad proteica, la cual brinda muchas bondades porque es más segura que las vacunas con organismos vivos atenuados (las que se han utilizado hasta el momento). Por si fuera poco, este antígeno tiene la capacidad de diferenciar los animales vacunados de los inmunizados.

De acuerdo con la científica, el CIGB complementó todos los estudios que se requieren para poder registrar el producto, el cual fue recientemente aceptado. Además adelantó que la vacuna podría convertirse también en un producto exportable y ser comercializado en varios países que presentan situaciones complicadas por esa enfermedad en sus geografías.

Por su parte, el doctor Mario Pablo Estrada García, director de Investigación en Biotecnología Agrícola y presidente del Comité Organizador del evento, en sesión plenaria expuso una aproximación cubana a esta especialidad en el siglo XXI.

El doctor Mario Pablo Estrada expuso las nuevas investigaciones que el CIGB realiza en biotecnología animal, de las plantas e industrial. (Foto: YASSET LLERENA)

El doctor Mario Pablo Estrada expuso las nuevas investigaciones que el CIGB realiza en biotecnología animal, de las plantas e industrial. (Foto: YASSET LLERENA)

Estrada se refirió a productos cubanos de la biotecnología animal como Gavac, una vacuna recombinante contra la garrapata que ha sido utilizada con efectividad durante dos décadas. Gavac ha reducido ostensiblemente la incidencia y mortalidad provocadas por las enfermedades transmitidas por ese ácaro al ganado bovino.

Además de reseñar sobre la ya mencionada Porvac, expuso el funcionamiento de la nueva vacuna Cunvac, destinada a eliminar el virus de la enfermedad hemorrágica del conejo (RHDv), responsable de la muerte de millones de conejos salvajes y domésticos en muchos países.

Asimismo comentó sobre las investigaciones en Salvac, una vacuna contra los piojos del mar en los salmones. Según ilustró, la pérdida anual global de la acuicultura del salmón por esta causa, se estima en más de 300 millones de dólares.

Con respecto a la biotecnología de las plantas, explicó el funcionamiento del antes citado controlador de nematodos Hebernem.

Asimismo, conversó sobre una variedad de maíz transgénico, resistente a lepidópteros y herbicidas; y un frijol de soya transgénico, invulnerable a herbicidas y hongos.

También se refirió al huanglongbing (HLB), conocido como greening, una incurable enfermedad bacteriana del cítrico que destruye la producción, apariencia y valor económico de sus árboles, y en el orbe es el padecimiento más destructivo de estas cosechas. Para ello, el CIGB ha identificado un nuevo receptor de inmunorrespuesta en tales plantas, logrando una fuerte actividad biológica de moléculas candidatas para su defensa.

El doctor Estrada igualmente enumeró diversos productos que se desarrollan en la vertiente de biotecnología industrial.

Así avanzan estos carriles científicos en la tierra del tabaco, una historia que inició con la olvidada fumada de un poseso del diablo.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate