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Publicado el 14 Enero, 2018 por ACN en Ciencia
 
 

Mezcla de ciencia, talento y voluntad

 

En este laboratorio se realizan estudios de germoplasma, que es el conjunto de genes que se transmite a la descendencia por medio de gametos o células reproductoras.

En este laboratorio se realizan estudios de germoplasma, que es el conjunto de genes que se transmite a la descendencia por medio de gametos o células reproductoras.

Por DARELIA DÍAZ BORRERO

Fotos: ARMANDO ERNESTO CONTRERAS TAMAYO

Especial de la ACN para BOHEMIA

Comprometido con el desarrollo socioeconómico cubano, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias Jorge Dimitrov continúa su arduo trabajo. Creado el 14 de diciembre de 1980, el centro se especializa, al mismo tiempo, en estudios agrícolas, pecuarios y ambientales.

Su nacimiento se debe a la imperiosa necesidad de tener, en las provincias orientales, una institución agropecuaria de alto nivel científico, con posibilidad de influir en el desarrollo económico de la región, junto a la actual Universidad de Granma; así como ser capaz de ejecutar investigaciones y capacitar cuadros y actores en las diferentes ramas.

Talento y deseos de hacer se funden en este sitio, perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y que se ubica en la llanura del Cauto, cercano a la Sierra Maestra.

Se creó a petición del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, a fin de hacer ciencia en correspondencia con las particularidades climáticas y las condiciones para la producción de alimentos en el oriente del país.

Varios fundadores recuerdan que el Dimitrov surgió acompañado por el esfuerzo de un grupo de hombres y mujeres, deseoso de hacer ciencia, que en 1979 se vinculó a la construcción del centro en jornadas intensas de trabajo, durante las cuales trasladaba materiales, recogía escombros y garantizaba la higiene y buenas condiciones de los laboratorios.

Así recuerdan los inicios Juan Roberto Guerra, Fernando Celeiro, Aleida Gómez, Rubí Blaya, Susel Infante, Cristóbal Cordoví y José Pascual Reyes, algunos de los investigadores que llegaron lozanos al centro y, aunque ya peinan canas, continúan con el mismo ímpetu de aquellos días fundacionales.

“Antes de comenzar aquí, fuimos asignados a diferentes institutos del país para recibir capacitación en diversas esferas de la actividad científica y, luego de un tiempo de adiestramiento, nos incorporamos al Dimitrov”, dice José Pascual Reyes, quien se desempeña actualmente como técnico vinculado a la investigación agrícola.

Resultados en más de tres décadas de ciencia

El centro, líder en investigaciones relacionadas con la producción de alimentos en los sistemas de montaña y el programa de desarrollo ganadero, ha sido distinguido con tres premios de la Academia de Ciencias de Cuba, resalta el máster en Ciencias Eduardo Tamayo González, director general del Instituto.

El centro, líder en investigaciones relacionadas con la producción de alimentos en los sistemas de montaña y el programa de desarrollo ganadero, ha sido distinguido con tres premios de la Academia de Ciencias de Cuba, resalta el máster en Ciencias Eduardo Tamayo González, director general del Instituto.

Desde sus locales han brotado proyectos científicos orientados al desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como la preservación del medioambiente.

Entre sus exploraciones de probada efectividad se encuentra la obtención de semillas categorizadas, lo cual asegura la pureza genética e incorporación de variedades altamente productivas, comentó el ingeniero agrónomo y máster Eduardo Manuel Tamayo, director general de la mencionada entidad.

Por ejemplo, en el caso del cultivo del frijol, hace dos años que el ciento por ciento de las áreas sembradas en la provincia es con semillas certificadas, lo cual propicia rendimientos promedio por encima de la tonelada en la mayor parte de las áreas.

Como tesoro fundamental, expuso, figura el banco de germoplasma, en el cual se regeneran variedades de semillas.

Distinguido con tres premios de la Academia de Ciencias de Cuba, el centro también ha sido líder en investigaciones relacionadas con la producción de alimentos en los sistemas de montaña, el programa de desarrollo ganadero y el uso de residuales de la agroindustria azucarera para alimento animal; así como la reducción de la contaminación en la industria del dulce, precisó Tamayo.

Significó como otros aportes, las adecuaciones tecnológicas para la producción de carne, leche, viandas, hortalizas y frutales, y el desarrollo del ganado de cría, ovino, caprino, y vacuno.

Otra valiosa contribución es la producción de pastos resistentes a la sequía y la salinidad de los suelos, agregó.

Constancia de un colectivo

El banco de especies para la recolección de germoplasma es considerado por los científicos como un tesoro fundamental del Instituto.

El banco de especies para la recolección de germoplasma es considerado por los científicos como un tesoro fundamental del Instituto.

Sus resultados ubican al Dimitrov como un centro de referencia en la aplicación de proyectos científicos. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

Actualmente su colectivo trabaja en 11 proyectos institucionales que responden a prioridades del desarrollo agropecuario de la región oriental, precisó el ingeniero agrónomo y máster Manuel Nieto Martínez, director de ciencia e innovación tecnológica. “También ejecutamos tres servicios científico-técnicos estatales, relacionados con la conservación del banco de germoplasma, el desarrollo local en el municipio de Guisa, y al trabajo ecológico zonal que se impulsa en áreas del polo productivo de Veguita”, añadió Nieto Martínez.

“Laboramos, además, en dos proyectos de colaboración internacional, para favorecer la soberanía alimentaria y el desarrollo agropecuario”.

Aunque una parte considerable de la fuerza laboral del Instituto ya peina canas, los deseos de hacer y de investigar en función del avance en la rama, no han envejecido, aseguró Susel Infante Fonseca, técnica química vinculada a la investigación.

Ese también es el sentir de Carlos Tornés Vega, técnico de nivel medio en sanidad vegetal, quien ha intervenido en varios proyectos de desarrollo integral de las montañas, y confiesa que el Dimitrov es su primera casa.

Ellos dan fe del sentido de pertenencia y estabilidad de este colectivo, que también apuesta por la simbiosis de experiencia y juventud, ya que tiene las puertas abiertas para los noveles investigadores.

La voluntad por impulsar nuevos y mejores estudios es una constante en cada uno de los metros cuadrados de esta institución; no obstante, se requiere mucho más que empeño para realizar una investigación.

Así lo refirió Rubí Blaya Gómez, ingeniera agrónoma y especialista en Sanidad Vegetal, quien señaló que desde 1990, a raíz del período especial, crisis que afectó a todos los sectores del país, la actividad científica se destinó en esa década compleja sobre todo a la innovación tecnológica y no a la propia investigación-desarrollo; y desde entonces, ha tenido que sortear obstáculos y germinar con déficit de recursos.

“Aún, en la actualidad, acometemos las indagaciones con variadas carencias, pero ello no frena la disposición de seguir adelante”, significó.

Sin embargo, dijo, la voluntad no es suficiente; y siempre es favorable un apoyo creciente por parte de la Delegación Provincial de la Agricultura en Granma y otros organismos implicados, porque hay excelentes investigaciones que todavía esperan por concretarse en la práctica.

Los tiempos actuales demandan, insistió Blaya Gómez, poner más la ciencia en función de la producción de alimentos.

Entre resultados, desafíos, y deseos de hacer este centro ratifica, en sus más de tres décadas, que aún tiene mucho por mostrar.


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