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Publicado el 27 Marzo, 2018 por Jessica Castro Burunate en Ciencia
 
 

Contra el olvido

Los estudios sobre el cerebro humano también apuestan por la medicina de precisión. (Foto: elconfidencial.es)

Los estudios sobre el cerebro humano también apuestan por la medicina de precisión. (Foto: elconfidencial.es)

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Con sus 100 000 millones de neuronas y un promedio de 1 000 conexiones por cada una de estas, el cerebro humano es, sin duda, uno de los sistemas más complejos de la naturaleza. Desentrañar sus misterios es algo que atrae poderosamente a la ciencia. Pero la investigación en este campo no es solo una cuestión de satisfacción intelectual, como cuando se arma un gran rompecabezas o una estrategia inteligente en un juego de potencias; también es la clave para consolidar los logros de la ciencia y la medicina luego de un largo y trabajoso camino para aumentar las expectativas de vida. Con enfermedades como el Alzheimer y la demencia empañando el tiempo ganado, se presenta un nuevo reto.

El Centro de Neurociencias de Cuba (CNeuro) resalta por haber sido pionero en el uso de la informática para el análisis de la actividad eléctrica del cerebro, y su traducción en herramientas de diagnóstico y tratamiento para discapacidades relacionadas con el sistema nervioso. Entre sus logros se cuentan la introducción de métodos para la detección temprana de las pérdidas auditivas en infantes y la implementación de la tecnología del implante coclear en la Isla, para restituir la audición a sordos y sordos-ciegos.

Hoy su potencial científico se ve multiplicado con el Laboratorio Conjunto de Neurotecnología Cuba-China. Dirigido a la investigación básica y aplicada, tiene entre sus líneas de investigación el envejecimiento patológico del cerebro. La alianza con la Universidad de Ciencias Electrónicas y Tecnologías de China busca insertarse con ciertas ventajas en materias aún emergentes como la medicina de precisión. Sobre estos retos conversa con BOHEMIA el doctor Pedro Valdés, director del laboratorio, y vicedirector general de CNeuro.

Para el doctor Pedro Valdés el nuevo laboratorio es una oportunidad para promover la ciencia básica de la Isla. (Foto: YASSET LLERENA).

Para el doctor Pedro Valdés el nuevo laboratorio es una oportunidad para promover la ciencia básica de la Isla. (Foto: YASSET LLERENA).

Cada vez más precisa

Cuando en el año 2015 en Estados Unidos se  anunciaba la intención de invertir 215 millones de dólares para promover la llamada medicina de precisión, el debate no se hizo esperar. Pero no fue ni el primero ni el único en hacer pública su apuesta por este nuevo empeño de la ciencia.

Para muchos, incluidos el doctor Valdés, este es el futuro de la medicina moderna, y hay quienes incluso lo veían como el paso lógico e inmediato tras finalizarse el Proyecto del Genoma Humano a inicios de este milenio.

La idea es simple: identificar cuáles patologías pueden afectar a las personas y tratarlas acorde con su información genética, los factores ambientales a los que han estado expuestas y experiencias de vida más significativas –la malnutrición severa en edades tempranas, por ejemplo, deja una huella permanente en el cerebro y convierte, a quien la porta, en más propenso a sufrir diferentes padecimientos en la adultez–. Este enfoque permitiría detectar las enfermedades en estadios tempranos, en ocasiones mucho antes de presentar síntomas, y atenderlas con un procedimiento más dirigido y por tanto más efectivo.

Aunque muchos de los esfuerzos, y gran parte de la literatura existente, apuntan a los posibles beneficios de esta revolución médica en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, los padecimientos del sistema nervioso no pueden dejarse de lado, considerando que afectan a más de 1 000 millones de personas en el mundo.

El sistema de salud cubano resulta particularmente receptivo a este tipo de avances, al priorizar la prevención y el trabajo con los factores de riesgo. No obstante, la nación tiene otros inconvenientes que superar si espera dar este salto.

Los más escépticos respecto a si esta revolución podrá llegar a todos, tienen varios argumentos de su lado. Sin adentrarnos en las complejidades o costos de tratamientos personalizados, los métodos diagnósticos desarrollados, o en vías de estudio, como tendencia se muestran igual de inasequibles, más si se necesita emplearlos en grandes poblaciones.

Las pesquisas efectivas para enfermedades como el Alzheimer, son una realidad distantes, aun cuando la acumulación de beta amiloide, proteína relacionada con la evolución de la enfermedad, comienza décadas antes de que se manifiesten los primeros síntomas.

Se requieren herramientas de diagnóstico, menos costosas que las empleadas actualmente, como la Tomografía de Emisión de Positrones (PET). De ahí que uno de los objetivos del laboratorio también sea arribar a soluciones económicamente factibles para problemas como este.

Los altos costos del equipamiento utilizado hasta el momento, como la resonancia magnética, para identificar biomarcadores, hace de la búsqueda de soluciones económicamente factibles uno de los principales intereses del laboratorio (Foto: GRUPO HELITAC)

Los altos costos del equipamiento utilizado hasta el momento, como la resonancia magnética, para identificar biomarcadores, hace de la búsqueda de soluciones económicamente factibles uno de los principales intereses del laboratorio (Foto: GRUPO HELITAC)

Otra de las líneas de investigación se dirige a los efectos de la hipertensión en el cerebro, el más afectado por este padecimiento. Las lesiones en la sustancia blanca fueron identificadas incluso en pacientes controlados. En la actualidad no existe un método preciso para medir los niveles de afectación.

“Una vía puede ser la resonancia magnética”, señala el profesor Valdés, “pero no puede emplearse para hacer pesquisa. Por eso continuamos buscando y descubrimos que se puede predecir el grado del daño con el electroencefalograma. Esto es un ejemplo de una investigación tecnológica dirigida a encontrar biomarcadores factibles para todos, que tal vez no son tan precisos pero brindan la información necesaria para pasar a otras etapas de estudio”.

Ciencia abierta

Al centro de todas estas promesas se encuentra la moneda de cambio por excelencia del mundo moderno: el acceso a la información. La recolección de los datos necesarios para hacer viables los estudios –muestras que pueden alcanzar el medio millón de personas– ha requerido la conciencia, espíritu competitivo y financiamiento millonario de las principales potencias, junto a la voluntad de quienes resultaron más afectados en el reparto global de las riquezas.

Afortunadamente, en la mayoría de los casos, no tendremos que cambiar nuestros bienes más preciados por este acceso, gracias a un movimiento denominado “ciencia abierta”. Esta tendencia que ha crecido en los últimos años permite acceder a las bases de datos de los grandes proyectos del cerebro como Enigma, a investigadores e instituciones que así lo soliciten mediante un acuerdo de cooperación.

Asimismo, propone publicar junto a los resultados de las investigaciones los datos y software empleados. En algunos países como Canadá, asegura el profesor Valdés, esto es obligatorio para las organizaciones que reciben financiamiento estatal.

Para naciones como Cuba, con un capital científico reconocido, pero sin los recursos para costear el estudio de miles de sujetos, esto supone una oportunidad que no puede desaprovecharse.

La Isla inició su propio proyecto de mapeo cerebral en el año 2004, con el estudio de un grupo de 300 personas, incluidas subpoblaciones de hipertensos y personas con un trastorno cognitivo ligero. Según señala el profesor Valdés, estas son muestras valiosas con datos que otros no tienen, pero que necesitan ser integradas con las obtenidas en otras partes del planeta, para su análisis.

Los altos costos del equipamiento utilizado hasta el momento, como la resonancia magnética, para identificar biomarcadores, hace de la búsqueda de soluciones económicamente factibles uno de los principales intereses del laboratorio (Foto: GRUPO HELITAC)

Los altos costos del equipamiento utilizado hasta el momento, como la resonancia magnética, para identificar biomarcadores, hace de la búsqueda de soluciones económicamente factibles uno de los principales intereses del laboratorio (Foto: GRUPO HELITAC)

Precisamente una de las perspectivas del laboratorio conjunto es crear una interfaz, con la integración de estos datos, que pueda ser consultada e “interrogada” sin necesidad de un gran ancho de banda o capacidad de almacenamiento. Inicialmente sería para uso de Cuba y China, aunque según explica Valdés, quisieran extenderla a Latinoamérica, donde también existen varios programas de estudios del cerebro.

“Ahora estamos trabajando en los programas (software) que procesen esa información y respondan a nuestras preguntas”.

El alcance de esta alianza se vio extendido en los primeros meses del año 2017 con la firma de los convenios de cooperación entre el CNeuro, la Universidad de Ciencias Electrónicas y Tecnología de Shengdu y el Instituto Neurológico de Montreal. Este último ha tenido un rol de liderazgo a nivel mundial en materia de neuroinformática, con aportes decisivos en el tratamiento e investigación de enfermedades como la epilepsia.

Las tres partes convinieron en impulsar investigaciones relacionadas con la detección temprana y manejo del envejecimiento patológico del cerebro. El proyecto será asumido por el Fondo de la Ciencia de Quebec, la Fundación Nacional China de la Ciencia y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, a través del Fondo para la Ciencia y la Innovación Tecnológica.

Cuestiones tan complejas como el envejecimiento –que no conocen de orden mundial, distribución hegemónica de poderes o agendas individuales– exponen la necesidad, tantas veces obviada, de impulsar y consolidar una gestión diferente de la ciencia, más abierta y colaboradora.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate