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Publicado el 20 Marzo, 2018 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

 STEPHEN HAWKING

El último guiño del hombre de los porqués

Como una singularidad espaciotemporal, ha muerto el más popular científico después de Einstein
-“No sabemos cómo surgió la vida por primera vez, pero tenemos fósiles de solo 500 millones de años, así que la vida apareció en cuanto pudo”, afirmó en el Festival Starmus, de Canarias, Stephen Hawking. (Foto: T13.ES)

-“No sabemos cómo surgió la vida por primera vez, pero tenemos fósiles de solo 500 millones de años, así que la vida apareció en cuanto pudo”, afirmó en el Festival Starmus, de Canarias, Stephen Hawking. (Foto: T13.ES)

Como una estrella de gran masa –que lo fue, sí–, extinguió totalmente su energía el más influyente cosmólogo de las últimas cuatro décadas, y porque su autoatracción es tan fuerte, seguramente se convertirá en un hueco negro, capaz de tragar la infinita luz.

Es que Hawking no hizo otra cosa en vida que atraernos. Desde aquellos viejos estudios suyos sobre la teoría del Big Bang y la formación de los agujeros negros, hasta su caprichosa y plácida muerte en su casa de Cambridge, Reino Unido. Se fue el 14 de marzo, justo cuando se cumplían 139 años del nacimiento del paradigmático Albert Einstein y se celebraba el Día de Pi (π, con valor aproximado de 3.14… Según el sistema anglosajón, el 14 de marzo es el 3.14), una celebración por la sugestiva constante numérica que sirve de juguete mental a matemáticos, físicos e ingenieros.

Vaya coincidencia: el científico se nos había hecho familiar por su genialidad, su humorismo y un fino toque de excentricidad. Y sobre todo, por convencernos de que su enrevesado conocimiento era fácil de entenderse por nosotros, sus compañeros de viaje en el tiempo. La fórmula para lograrlo no fue otra que la usada para sí: Nunca dejó de preguntarse, una y otra vez, “por qué”.

“Recuerda mirar hacia las estrellas y no a tus pies. Intenta encontrar sentido a lo que ves y pregúntate qué es lo que hace que el universo exista. ¡Sé curioso!”

Por qué murió, ahora, a los 76 años, es también una buena interrogante. Al físico, nacido en una familia de intelectuales de Oxford el 8 de enero de 1942 (precisamente 300 años después de la muerte de Galileo Galilei), le fue diagnosticada en 1963 una enfermedad degenerativa que progresivamente hace perder el control neuromuscular: la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Sus problemas de salud comenzaron a agravarse cuando tenía 21 años. Así, Hawking vivió durante más de medio siglo con una patología que muchas veces desemboca en una muerte prematura. Pero no se apagó. Quedó postrado, eso sí, en una silla de ruedas, y desde 2005 solo pudo comunicarse moviendo un músculo bajo su ojo: Un sensor detectaba el movimiento de sus gafas; una plataforma de software instalada en su computadora, formada por un teclado y un ratón virtuales, recibía la señal; y un sistema de habla sintetizada, con voz robótica, se activaba al terminar de escribir.

Con ese sonido no solo dictó las más extraordinarias conferencias y divulgó sus más desafiantes teorías, sino que nos extendió un sencillo y sabio consejo durante la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos de Londres en 2012, por el que probablemente será mejor recordado: “Recuerda mirar hacia las estrellas y no a tus pies. Intenta encontrar sentido a lo que ves y pregúntate qué es lo que hace que el universo exista. ¡Sé curioso!”

El universo, según Stephen William Hawking

“La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios, y no tener nada que descubrir”, afirmó cierta vez el confeso ateo, profesor de la Cátedra Lucasiana de la Universidad de Cambridge de 1979 a 2009, cuando se jubiló.

Viendo esa guiñada, todo encaja en él, y podemos entender por qué trabajó en la Teoría General de la Relatividad, la Teoría Cuántica, los agujeros negros, el Big Bang, etcétera. Uno de sus hallazgos fue predecir que los agujeros negros emiten radiación, proposición que hoy lleva su nombre. Su libro Breve historia del tiempo, de 1988, es uno de los bestsellers científicos por excelencia, altamente recomendable si uno quiere entender de manera sencilla la historia de nuestro universo, y con ello, de nosotros mismos.

Porque –como recordaran sus hijos Lucy, Robert y Tim al dar a conocer la noticia de la muerte– Hawking, contrayendo el ojo para que un músculo activara una metálica voz, alguna vez dijo sin ínfulas de estrella de gran masa: “No sería un universo de verdad si no albergara a la gente que amas”. (PRADAS BERMELLO)


Toni Pradas

 
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