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Publicado el 18 Octubre, 2018 por Jessica Castro Burunate en Ciencia
 
 

Premios Nobel 2018, de gala y con vestido largo

Estocolmo eligió a quienes serán perpetuados en la historia y sus innovaciones certificadas como un gran paso de la humanidad

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Academia sueca/ Foto: Proyecto Puente

Real Academia de Ciencias de Suecia. (Foto: Proyecto Puente)

Gracias a la torturada conciencia del inventor de la dinamita y la extensión de su fortuna, los premios Nobel han determinado lo más valioso de la ciencia. Aunque no exentos de arbitrariedades e injusticias, y de alguna que otra agenda política, continúan siendo los galardones más deseados por la comunidad científica.

En 2018, la gran sorpresa fue la determinación de la Real Academia de Ciencias de Suecia de quitarse el apelativo de sexista al premiar a dos mujeres en las disciplinas que más inequidad de género han visto, en más de un siglo, los premios: Física y Química.

Aun con estos esfuerzos, la nota discordante la puso la Academia Sueca cuando se vio obligada a declarar desierto el Nobel de Literatura, a causa de los escándalos sexuales que llevaron a uno de sus miembros, el artista francés Jean-Claude Arnault, a dos años de cárcel por un cargo de violación que se le imputó.

Esta institución ha optado en siete ocasiones por no conceder el galardón o atrasar su entrega un año, ya sea por las guerras mundiales del siglo XX o por falta de candidatos apropiados. Sin embargo, esta es la primera vez que sucede por causas internas.

Medicina: Los padres de la inmunoterapia

Los pioneros de la inmunoterapia, el japonés Tasuku Honjo y el estadounidense James P. Allison, fueron los galardonados con el Nobel de Medicina. (foto: AFP)

Los pioneros de la inmunoterapia, el japonés Tasuku Honjo y el estadounidense James P. Allison, fueron los galardonados con el Nobel de Medicina. (foto: AFP)

Quizás no exista enfermedad que haya desafiado por más tiempo a la ciencia moderna que el cáncer.

A finales del siglo XIX se dedujo que la activación del sistema inmune podría ser una estrategia para atacar las células tumorales. Aun así, tomó casi un siglo para que la inmunoterapia se convirtiera en un tratamiento viable. Los merecedores del Nobel de Medicina son dos de los pioneros que permitieron este salto.

El estadounidense James P. Allison y el japonés Tasuku Honjo fueron premiados “por sus estudios en paralelo sobre proteínas que debilitan el sistema inmunológico, y la posibilidad de bloquearlas para permitir que este se lance más rápida y eficientemente sobre los tumores”, declaró la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska, responsable de la declaración de este premio.

En su laboratorio en la Universidad de California, Allison logró desarrollar a mediados de la década de 1990 un anticuerpo frente a la proteína CTLA-4, identificada como uno de los “frenos” del sistema inmunitario, ya que normalmente funciona inhibiendo la activación de los linfocitos T.

Allison no solo logró detener la acción de la CTLA-4, sino que obtuvo una mejor respuesta del sistema inmune para que atacase las células cancerígenas. Tras varios ensayos clínicos, este anticuerpo, pionero de los llamados “inhibidores de puntos de control de la respuesta inmunitaria”, comenzó a comercializarse en 2011.

En la otra mitad del mundo, Tasuku Honjo, en la Universidad de Kyoto, se centró en otra proteína de la superficie de los linfocitos T que también funciona como un freno para su activación: PD-1.

Casi en paralelo con Allison, Honjo y otros investigadores demostraron que el bloqueo de PD-1 resultaba eficaz frente a las células tumorales, especialmente en cierto cáncer de pulmón, melanoma y cáncer renal. En la actualidad, hay varios anticuerpos frente a PD-1 aprobados para su utilización en pacientes.

El trabajo de los dos investigadores fue clave para demostrar el potencial real de la inmunoterapia y supuso un punto de partida para el desarrollo de nuevos ensayos clínicos en este campo.

Física: Herramientas hechas de luz

Cuando en 1960 se logró el primer láser operativo, gran parte de la comunidad científica, a pesar del obvio deslumbramiento, llamó a la nueva tecnología “una solución en busca de un problema”. Nadie imaginaba el alcance que tendría unas décadas más tarde.

Con los ojos más abiertos que el resto, la Real Academia de las Ciencias de Suecia concedió el Nobel de Física a Arthur Ashkin, Gérard Mourou y Donna Strickland por sus “rompedores avances” en física láser.

El Nobel de Física premió a “rompedores avances” en física láser. La ilustración muestra cómo funciona una pinza óptica. (Ilustración: lavoz.com.ar /dpa).

El Nobel de Física premió a “rompedores avances” en física láser. La ilustración muestra cómo funciona una pinza óptica. (Ilustración: lavoz.com.ar /dpa).

A comienzos de la década de 1970, Arthur Ashkin, de los Laboratorios Bell en Estados Unidos, demostró que las fuerzas creadas por la luz láser eran capaces de capturar y manipular partículas con un tamaño de milmillonésimas partes de un metro.

Diecisiete años después, logró atrapar bacterias vivas sin dañarlas con las denominadas pinzas ópticas, “unas herramientas hechas de luz”, según ha destacado el comité del Nobel.

Estas pinzas permiten atrapar una sola molécula y aislarla del resto en el espacio, lo que ha posibilitado el estudio de la biología celular y molecular como si fueran objetos macroscópicos. Una de las ventajas de la técnica es que la luz puede penetrar en el interior de la célula sin romper su membrana ni perturbar su actividad.

Más que la premiación de la futurista invención de Ashkin, lo que más titulares robó fue que la canadiense Donna Strickland se convirtió en la tercera mujer en recibir el Nobel de Física desde que fue instituido. Antes de ella, solo habían compartido este honor la legendaria Marie Curie en 1903, por sus estudios sobre la radiactividad; y Maria Goeppert-Mayer, en 1963, por sus investigaciones sobre la estructura interna del núcleo de los átomos.

Junto a su colega francés Gérard Mourou, Strickland trazó el camino hacia “los pulsos de láser más intensos jamás creados por la humanidad”, reconoció el comité Nobel. Con múltiples aplicaciones en medicina y para diversos procesos industriales, la técnica creada en 1985 por estos investigadores y conocida como “amplificación de pulso gorjeado”, se convirtió muy pronto en la herramienta estándar para obtener láseres de alta intensidad, utilizados desde entonces en millones de cirugías oculares.

Paradójicamente, mientras Strickland se convirtió en la abanderada de una nueva era que promete mayor igualdad de género en la Academia, su colega francés fue acusado de sexista tras hacerse viral un video grabado en 2009. En este, Mourou aparece junto a un grupo de estudiantes y dos de ellas se quitan sensualmente la bata de laboratorio bailando una suerte de striptease. La intención del audiovisual fue promocionar los láseres de precisión.

Aunque mantuvo su elección, la Real Academia ya emitió un comunicado desaprobando las acciones del controvertido Mourou.

Química: El poder de la evolución

Los estadounidenses George Smith y Frances Arnold, junto al británico Gregory Winter, fueron la elección para el Nobel de Química 2018. (Foto: ALTONIVEL)

Los estadounidenses George Smith y Frances Arnold, junto al británico Gregory Winter, fueron la elección para el Nobel de Química 2018. (Foto: ALTONIVEL)

Otra mujer, Frances Arnold, estadounidense como George Smith, y el británico Gregory Winter, fueron la elección para el Nobel de Química 2018, por haber “tomado el control de la evolución y haber usado sus mismos principios para desarrollar proteínas que resuelven muchos de los problemas de la humanidad”.

La evolución dirigida, como se conoce al proceso empleado por los agraciados, es un planteamiento técnico de la biotecnología que busca la generación y selección de variantes de proteínas de interés industrial y farmacéutico.

Arnold, licenciada en Ingeniería mecánica y aeroespacial y hoy catedrática de Ingeniería química en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), recibe la mitad del premio por la aplicación de esta técnica en enzimas.

En 1993, desarrolló por primera vez un método para introducir mutaciones en la secuencia genética de enzimas e introducirlas en bacterias. De esta forma podía producir miles de variantes diferentes de la enzima en cuestión, las cuales después eran seleccionadas y mejoradas, generación tras generación, hasta tener una nueva proteína con propiedades que no se dan en la naturaleza.

Si se quiere tener una idea de la dimensión de este paso, pensemos en que logra reducir el proceso de evolución natural de las enzimas, de miles de millones de años, en otro dirigido que dura días o semanas, para lograr, por ejemplo, resistir una enfermedad

“Algunas personas crían gatos y perros. Yo crío moléculas”, dijo a Reuters, tras conocer su elección, la exactivista contra la guerra de Vietnam, desheredada por su padre teniente general. Mesera en un club de jazz y taxista para pagar sus estudios, en 2016, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio de Tecnología del Milenio, algo así como un Nobel de la tecnología.

Los hombres galardonados no tienen menos méritos. George Smith, profesor emérito de la Universidad de Missouri, ideó en 1985 una nueva forma de producir millones de proteínas diferentes, “hackeando” el metabolismo de las bacterias al infectar su genoma con virus modificados genéticamente.

Apoyado en estos resultados, Gregory Winter, biólogo molecular de la Universidad de Cambridge, creó genotecas con las instrucciones para producir miles de millones de anticuerpos diferentes y el método para seleccionar aquellos con interés terapéutico.

De estos empeños nació Adalimumab, fármaco que neutraliza la proteína TNF-alfa, causante de la inflamación de las enfermedades autoinmunes, aprobado en 2002 para tratar la artritis reumatoide. Otros anticuerpos humanos fabricados en bacterias son capaces de neutralizar la toxina del ántrax y de frenar el cáncer, gracias a su capacidad de unirse selectivamente a las células tumorales.

Economía: Un cálculo necesario

Aunque las elecciones de la Real Academia suelen elegir tesis neoliberales, este año concedió el Nobel de Economía a un modelo de desarrollo que bien pudiera incomodar a algún poderoso.

El más joven de los premios, el Nobel de Economía, fue nuevamente a las manos de dos estadounidenses: William D. Nordhaus y Paul M. Romer. (Foto: ELDIARIO.ES)

El más joven de los premios, el Nobel de Economía, fue nuevamente a las manos de dos estadounidenses: William D. Nordhaus y Paul M. Romer. (Foto: ELDIARIO.ES)

Los estadounidenses William D. Nordhaus y Paul M. Romer fueron los galardonados por “la construcción de modelos que explican cómo la economía de mercado interactúa con la naturaleza y el conocimiento”, destacan los jurados.

Nordhaus, se convirtió a mediados de la década de 1990 en la primera persona en crear un modelo de evaluación integrado sobre el cambio climático. Este incluye el aumento de la población, cómo se concentra el dióxido de carbono, cómo afecta a la temperatura global, las secuelas de las respuestas con distintas políticas y la evolución del daño causado.

A partir de sus investigaciones, el catedrático de Yale logró poner un precio a las emisiones con la esperanza de que ese valor aliente una mayor inversión en energías renovables. Asimismo, es partidario de cargar el costo de la contaminación a los grandes contaminadores, aplicando impuestos al carbón de forma global.

La premiación, que supone un apoyo implícito por parte de Estocolmo a estas ideas, curiosamente llega luego que el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, hiciera caso omiso a las advertencias sobre el cambio climático. Incluso negó su existencia y retiró a su país del Tratado de París, alegando, entre otras cosas, que las tecnologías limpias son un mal negocio.

La otra mitad de la dote fue a manos del profesor de la escuela de negocios NYU Stern, Paul Romer, por demostrar que el conocimiento es la apuesta más segura si se quiere un crecimiento económico a largo plazo, a diferencia del crecimiento basado en la acumulación de factores productivos, que tiene unos rendimientos decrecientes. Este, quizás, siente mejor al paladar de Trump.

El doctor Dennis Mukwege, premio Nobel de la Paz, con sus pacientes en el Hospital Panzi, en la República Democrática del Congo. (Foto: getty images)

El doctor Dennis Mukwege, premio Nobel de la Paz, con sus pacientes en el Hospital Panzi, en la República Democrática del Congo. (Foto: getty images)

Paz: contra el arma sexual

El Nobel de la Paz no solo es un reconocimiento a quienes dedican su vida a luchar por un equilibrio de fuerzas en un mundo siempre desbalanceado; también se ha convertido en un eficaz medio de denuncia y un indicador sobre cuáles temas perturban la conciencia del mundo, al menos en la vieja Europa.

El trabajo del doctor Denis Mukwege y Nadia Murad para llamar la atención sobre el uso de la violencia sexual como arma de guerra, fue reconocido por el Comité Noruego del Nobel.

En el hospital que fundara en la región este de la República Democrática del Congo, Mukwege asistió durante años víctimas de violaciones grupales, asociadas a los conflictos bélicos que por más de dos décadas han afectado la zona. También denunció incansablemente la impunidad con que estos delitos se han silenciado.

Nadia Murad, una de las 3 000 mujeres yazidíes que fueron víctimas de violaciones y otros abusos por miembros del Estado Islámico. /Foto: Heraldo

Nadia Murad, también Premio Nobel de la Paz, es una de las 3 000 mujeres yazidíes que fueron víctimas de violaciones y otros abusos por miembros del Estado Islámico. (Foto: Heraldo)

La joven Nadia Murad se cuenta entre las 3 000 mujeres yazidíes (minoría religiosa kurda) que fueron víctimas de violaciones y otros abusos por miembros del Estado Islámico. A los 23 años fue nombrada la primera embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas para la dignidad de las víctimas de la trata de personas.

El Nobel parece estar del lado del derecho de las mujeres en 2018, una lucha que a pesar de haber ganado partidarios siempre puede tener otros más, y mejor si provienen de la torturada conciencia del inventor de la dinamita.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate