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Publicado el 15 Enero, 2021 por Nailey Vecino en Ciencia
 
 

Yiya, entre físicas y matemáticas

La doctora Lilliam Álvarez dirige el capítulo cubano de la Organización de Mujeres científicas del mundo en desarrollo (TWOWS-OWSD), es miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba y embajadora por Cuba del Comité Mundial de Mujeres de la Unión Internacional de Matemáticas. Posee la orden Carlos Juan Finlay que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba
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Lilliam Margarita Álvarez Díaz, secretaria académica de la Academia de Ciencias de Cuba

Lilliam Margarita Álvarez Díaz, secretaria académica de la Academia de Ciencias de Cuba

Por: Nailey Vecino Pérez

Por Yiya le llaman quienes la conocen bien: sus colegas de la Academia de Ciencias, algún que otro vecino de casa y amigos de varias partes del mundo. Resumen en ese seudónimo la delicadeza y donaire que caracteriza a Lilliam Margarita Álvarez Díaz, doctora en Física-Matemáticas.

Una mujer científica apasionada, acreedora de la Orden Carlos Juan Finlay  que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, entre otras muchas distinciones.

En la Universidad de La Habana recibió su título de licenciada en Física y máster en Física Nuclear; en Moscú el doctorado en Matemáticas, específicamente en solución numérica de ecuaciones diferenciales.

La matemática es el lenguaje del universo, así lo dijo Einstein, y Lilliam lo ratifica. Tras la llegada de la pandemia de la Covid 19 se ha puesto de relieve precisamente la utilidad de esta rama de la ciencia. Los modelos matemáticos contribuyen hoy a evaluar y predecir la curva de contagios del virus en el país, así como funcionan en el cálculo de la trayectoria de ciclones, en los estudios de cáncer o ensayos clínicos, etcétera.

De no ser lo que es hoy seguramente Lilliam Álvarez habría sido literata, según cuenta, por la influencia de crecer en una familia de maestros. Con tan solo 11 años, cartilla en mano, enseñó a leer y escribir a una familia asentada en un barrio intrincado de su ciudad de origen, Holguín. De recuerdos como este habla con orgullo, el mismo con el que guarda entre sus reconocimientos más preciados una Medalla de la Alfabetización.

Sin embargo, el afán por conocer más allá del límite le lanzó por el camino de las ciencias exactas. Asegura ser una mujer científica producto genuino de la Revolución Cubana, una profesional en continuo aprendizaje.

Las transformaciones sociales acaecidas tras el Triunfo de 1959 brindaron a muchos jóvenes la posibilidad de estudiar en una universidad sin distinciones de sexo o raza. A Lilliam el cambio liderado por Fidel le ofreció una carrera, el viaje de Oriente a La Habana, una beca en F y tercera, cursos de entrenamiento y formación en Moscú, Hungría, Polonia. Por eso le esgrime el compromiso de devolver a Cuba gran parte de lo aprendido.

Actualmente se desempeña como Secretaria Académica de la Academia de Ciencias de Cuba. También fue miembro del Instituto de Cibernética, Matemática y Física, y durante ocho años se desempeñó como directora de Ciencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Es además miembro pleno de la Academia de Ciencias del Caribe desde el año 2002, y desde el 2008 se sitúa entre los 7 científicos cubanos que integran la Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo, TWAS.

Suma a su aval la publicación de más de 60 artículos de Solución Numérica de Ecuaciones Diferenciales y dos libros de Métodos numéricos, uno de ellos Premio Nacional del Instituto Cubano del Libro a la mejor obra científica en 1992. Igualmente ha sido invitada como profesora y conferencista en múltiples universidades e instituciones de América Latina.

Ciencia con gafas violetas
El Consejo de Estado de la Reública de Cuba concede la orden Carlos Juan Finaly, máximo galardón que se otorga por los aportes a la ciencia cubana

El Consejo de Estado de la Reública de Cuba concede la orden Carlos Juan Finaly, máximo galardón que se otorga por los aportes a la ciencia cubana

“Las mujeres siempre fuimos minoría en las aulas de mi especialidad. Y en muchas ocasiones incluso, cuando hacíamos ejercicios prácticos, en lo que los hombres trabajaban directamente con los instrumentos de mediciones, por ejemplo, las muchachas se ceñían a tomar notas”.

“Nunca fui discriminada o subvalorada dentro del campo de las llamadas “ciencias duras”, pero soy consciente de los estereotipos de género que giran en torno a ellas, de ahí que se volvió pasión para mí observar la ciencia con gafas violetas[1]”.

Se ha convertido así en una acuciosa investigadora de las teorías de género aplicadas a la ciencia y la tecnología. Sobre estas temáticas posee publicaciones nacionales e internacionales. Su libro “Ser mujer científica o morir en el intento” es un referente en este sentido y aboga por el rescate de figuras femeninas olvidadas de la ciencia en Cuba.

“Mi empeño por reducir la brecha de género en el sector no ha sido fácil, pero, como dice mi escrito, no ceso en el intento, esa es mi principal tarea como presidenta de la Comisión de mujeres científicas de la ACC y del Capítulo cubano de la Organización de Mujeres Científicas del Tercer Mundo”.

Poner la ciencia en lengua diaria es de las máximas martianas que Lilliam sigue a cabalidad. De ahí su trabajo con las nuevas generaciones para inculcar la vocación por la física, la matemática, la química u otra esfera. Anhela ser el espejo donde puedan verse las niñas de hoy. Se empeña en dar voz a esa pléyade de eminentes mujeres científicas con que cuenta Cuba y que, sin embargo, permanecen en silencio. Confía en que nuestros medios multipliquen los nombres y la labor que realizan esas mujeres de ciencia, para que las niñas y jóvenes vean un modelo a seguir, para que crean en que pueden ser científicas de éxito en un país del Tercer Mundo.

Yiya es también madre, abuela y esposa. Enfrenta los avatares típicos de una mujer profesional de nuestros tiempos.

Sembrar ciencia para cosechar desarrollo

     

Autora del libro “Ser Mujer científica o morir en el intento” de la Editorial Academia, La Habana 2012.

Autora del libro “Ser Mujer científica o morir en el intento” de la Editorial Academia, La Habana 2012.

“Si no somos capaces de elaborar nuestros propios servicios y productos no tendremos independencia y soberanía. Debemos seguir sembrando ciencia para cosechar progreso. A eso nos exhortó Fidel desde el Paraninfo de la Academia en 1960”, asegura la doctora.

En pos de ese futuro llama a seguir formando doctores así como desarrollar la industria y, sobre todo, consolidar la base científica, “útil no solo en situaciones de emergencia, sino también en la producción de alimentos, la cultura y la comunicación”.

Cuba ha sido capaz de producir sus propios candidatos vacunales anti Covid 19, pese al desconocimiento de las características del nuevo virus y aún en medio de restricciones económicas. Estos frutos se deben precisamente a que ya desde el Triunfo Revolucionario se crearon las capacidades e infraestructuras tecnológicas para sobrellevar futuras contingencias.

Tras un café y el retoque del maquillaje, “porque Yiya es muy presumida”-apunta-, terminamos hablando de los logros de la biotecnología cubana, de matrioskas, de mi tesis, del ordenamiento, de la foto para acompañar la entrevista, de cuidarse.

[1] Metáfora utilizada para referirse a analizar cualquier circunstancia de la vida cotidiana desde la perspectiva de género.

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Nailey Vecino

 
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