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Publicado el 25 Febrero, 2021 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

COVID-19

En silencio contra tormentas

El reposicionamiento del anticuerpo monoclonal Itolizumab en el uso terapéutico contra el nuevo coronavirus, obtuvo uno de los prestigiosos premios de Innovación Tecnológica 2020
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Por TONI PRADAS

Frasco de Itolizumab

(Composición: BIOCON WEBSITE / THEPRINT.IN)

Sin provocar el alboroto de otros buenos productos, lejos de los corrillos habaneros mejor iluminados, un fármaco cubano se abrió paso desde el centro de la Isla durante la cruzada de la ciencia nacional en busca de filo para cortar la pandemia de covid-19.

El caos sanitario, provocado por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, había puesto al flemático mundo científico a buscar desesperadamente, entre sus medicamentos existentes, aquellos que tuvieran suficiente talla como evitar la gravedad y el fallecimiento de las víctimas. Al menos, hasta que –suerte de compás de espera– finalmente estuviera acrisolada una bendita vacuna.

Como si quisiera llover sobre mojado, a pesar de los años que conforman su célebre biografía antitumoral, el anticuerpo monoclonal anti-CD6 –mejor conocido como Itolizumab– logró durante 2020 mostrarse otra vez como primicia y con bríos de innovación.

Itolizumab fue pensado por un equipo de investigadores del Centro de Inmunología Molecular (CIM) para ser empleado en el tratamiento del linfoma cutáneo de células T y la leucemia linfocítica crónica. Es, en esencia, una molécula capaz de bloquear la proliferación y activación de los linfocitos T, por lo que se comporta como un inmunomodulador.

Hasta que demostró su capacidad para reducir la secreción de un grupo de mediadores de la inflamación, a los que los especialistas llaman citocinas proinflamatorias, o lo que es lo mismo, proteínas que regulan la función de las células que las producen sobre otros tipos celulares de manera sencilla.

Mas cuando la secreción de dichas proteínas se eleva (la llamada “tormenta de citocinas”, algo así como una reacción inmune hiperactiva) los vasos sanguíneos se dilatan para permitir que las células inmunitarias entren en los tejidos; entonces es necesario reducir la replicación viral que puede obstruir esos vasos en los pulmones. Esto pudiera provocar en el paciente grandes dificultades para el intercambio gaseoso, incluso hipoxia, y al aumentar la presión dentro de los pulmones podría producirse un fallo en el corazón.

Las dotes de Itolizumab permitieron también su uso exitoso en Cuba como procedimiento ante la artritis reumatoide y la soriasis moderada a grave, una enfermedad de la piel. En los ensayos clínicos realizados contra estas enfermedades autoinmunes, el monoclonal había demostrado ser una molécula muy segura, pues no provocaba eventos adversos severos en los pacientes.

Con tales bazas, en 2014 este anticuerpo humanizado fue merecedor de uno de los Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) en el acápite de Ciencias Biomédicas. Un año después, la innovación criolla fue acreedora de la Medalla de Oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Pasado un lustro, el producto vuelve a estar en lo más alto de la corte de la ciencia nacional, cuando en días pasados le fue consignado, tal como reza en la Gaceta Oficial No. 9 Ordinaria de 2021, el Premio a la Innovación Tecnológica 2020.

Esta distinción, instaurada en 1999, constituye el más alto reconocimiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) a los resultados de la ciencia, la tecnología y la innovación que estén introducidos, con aportes creativos y sostenibles en el progreso económico y social del país.

Respecto a Itolizumab, para ser precisos, el galardón le fue entregado al estudio de reposicionamiento del anticuerpo monoclonal en el tratamiento de pacientes con covid-19. Porque, se sabe, es buena estrella si llueve sobre mojado.

A plena luz de la ciencia

Apenas se tuvieron los conocimientos de cómo operaba el virus de pandemonio y se constató que la enfermedad conllevaba a daños causados por la respuesta exagerada del sistema inmune ante la enorme capacidad de dividirse del virus, los especialistas del CIM propusieron investigar si su anticuerpo monoclonal podría actuar eficazmente, como había hecho ante otras dolencias.

El Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Santa Clara, se convirtió en la cuna experimental del premiado estudio de reposicionamiento del anticuerpo monoclonal en el tratamiento de pacientes con covid-19. (Foto: RAMÓN BARRERAS VALDÉS / VANGUARDIA.CU)

El Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Santa Clara, se convirtió en la cuna experimental del premiado estudio de reposicionamiento del anticuerpo monoclonal en el tratamiento de pacientes con covid-19. (Foto: RAMÓN BARRERAS VALDÉS / VANGUARDIA.CU)

Así, comenzaron la experimentación en el Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Santa Clara, principalmente en pacientes clasificados como críticos, graves y de cuidado, con alto riesgo de agravamiento. Luego, otras instituciones médicas se sumaron al estudio.

Los buenos resultados alcanzados –sobre todo en enfermos empeorados, en quienes se logró frenar a tiempo las consecuencias de la tormenta de citocinas o se logró un mejoramiento del distrés respiratorio– hicieron del readaptado fármaco un producto con el cual contar para la terapéutica anticovid.

Fue así como el anticuerpo monoclonal se hizo de un lugar dentro del protocolo de acceso expandido contra la covid-19, para ser usado como parte de este. Tal paso fue aprobado por un comité científico conjunto entre el Ministerio de Salud Pública y el grupo empresarial BioCubaFarma.

Y, desde luego, para su aprobación venció también los rigores del Comité de Ética y del Centro Estatal para el Control de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), la agencia cubana reguladora de medicamentos y procedimientos clínicos.

Como podría sospecharse, la premiación de varias investigaciones científicas de 2020 estaría en buena medida condicionada por los desempeños exigidos debido a la emergencia sanitaria. En honor a la verdad, prácticamente todos laboratorios, talleres, universidades y centros asistenciales médicos del país se volcaron hacia el objetivo único y particularizado de encontrar soluciones inmediatas, a fin de enfrentar la enfermedad y asegurar su prevención.

No extraña, pues, que fueran reconocidos como premios de la Innovación Tecnológica 2020 el reposicionamiento monoclonal anti-CD6 para enfrentarse al reciente padecimiento; así como Jusvinza, un medicamento del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología para el tratamiento de pacientes graves y críticos; y el uso de Biomodulina T, del Centro Nacional de Biopreparados, para el enfrentamiento preventivo al coronavirus, entre otros.

No asombra el homenaje, decíamos; aun cuando el ascenso de la investigación con Itolizumab resultara aparentemente menos sonada, si bien muy efectiva; aun cuando ocurriera bajo la sombra de La Habana, pero, eso sí, a plena luz de la ciencia.

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