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Publicado el 11 Febrero, 2021 por Nailey Vecino en Ciencia
 
 

Mirar la ciencia con gafas violetas

Bajante: Cada 11 de febrero, Cuba celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La fecha pretende romper con la brecha de género y lograr una participación plena y equitativa de las mujeres y niñas en el ámbito científico-tecnológico
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Día de la mujer y la n iña en la Ciencia

Por NAILEY VECINO PÉREZ

Marie Curie es, hasta el momento, la única mujer en el mundo ganadora de dos Premios Nobel en diferentes categorías (Física, 1903 y Química, 1911). Fue Ada Lovelace, matemática y escritora, quien dedujo el algoritmo de la programación informática; Vera Rubin, quien halló la materia oscura; Caroline Herschel, la descubridora de ocho cometas y coinventora del telescopio Herschel.

La neurobióloga Rita Levi-Montalcini identificó la sustancia conocida como factor de crecimiento de los nervios, aporte por el que recibió en 1986 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Dorothy Crowfoot Hodking, química británica, descifró en 1969 la estructura cristalina de la insulina, medicamento fundamental en el tratamiento de la diabetes mellitus. Rosalind Franklin, utilizando la técnica de fracción por rayos X, obtuvo la imagen clave de la estructura del ADN, y la francesa Francoise Barré-Sinoussi fue quien reconoció junto a Luc Montaigner el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

A lo largo de la historia el aporte de las mujeres en la ciencia ha sido invaluable. Sin embargo, pocas veces evocamos a una figura femenina al pensar en logros significativos del sector científico-tecnológico.

Le invito a reflexionar con las siguientes interrogantes: ¿De cuántas mujeres científicas nos hablaron en las escuelas? ¿Cuántas se mencionan en nuestros libros de Historia, Matemática, Biología o Física? ¿Cuántas noticias de ellas recibimos a través de los medios de comunicación?

Las mujeres científicas han estado invariablemente en todas las esferas, y a todos los niveles, pero no siempre las vemos.

Tal vez Marie Curie escape a esa laguna, aunque sépase que no obtuvo reconocimiento público hasta que su propio esposo pidió que dejaran de otorgarle los créditos que ella merecía. Otras damas tuvieron que usar seudónimos, vestirse como hombres, y hasta ver cómo sus pares masculinos eran premiados por éxitos que ellas habían conseguido.

Ha sido un reto para la mujer derrumbar el mito de que la ciencia es cuestión de pantalones. El simple hecho de pertenecer al sexo femenino constituía antaño una traba, a menudo insalvable, para acceder a laboratorios y dedicarse a la ciencia como profesión.

El debate en torno a cómo avanzar y alcanzar mayores metas en medio de un mundo androcéntrico, que reproduce prejuicios y estereotipos en su cultura, aún está latente.

La introducción de una perspectiva de género a la ciencia ha modificado el campo mismo de conocimiento de esta disciplina, al cuestionar el saber aceptado y modificar la “historia del hombre” que ha tenido la pretensión de pasar por la única posible.

Las teorías sobre la inferioridad femenina ante el conocimiento se disipan cuando pensamos en las recolectoras paleolíticas, las brujas de la Edad Media, o las galardonadas con el Premio Nobel. Basta leer la historia para entender que cada una fue docta en su tiempo, pero no las vemos, porque la misma historia se ha encargado de disimularlas.

Cuba, un caso excepcional

Una excepción se está viendo en este último año, durante la cobertura que los medios de comunicación han dado a la pandemia de la covid-19. El tratamiento al nuevo coronavirus en Cuba, por ejemplo, de manera general ha sido oportuno y creativo. Ha sacado a la luz las caras ocultas de la ciencia en el país, y si bien la mayoría de ellas corresponden a facciones femeninas, no significa que se dejen de reproducir roles y estereotipos patriarcales.

Las mujeres cubanas representan alrededor del 60,5% de los graduados de la Educación Superior y el 67,2% de la fuerza técnica y profesional de la nación. Asimismo, conforman el 49% de la fuerza laboral en el sector estatal civil, y el 81,9% de los profesores, maestros y científicos. Al cierre del 2017, el 37% del total de ocupados de la economía eran mujeres y el 49% del total de ocupados en el sector estatal civil y mixto, distribuidas por categoría ocupacional como sigue: 67,2% de los técnicos y profesionales del país, 64% de los administrativos, 43% del personal dedicado a servicios, 16% del total de operarios, y 48,6% del total de dirigentes1.

Representan, por tanto, el 65% de toda la fuerza científica del país y el 48% del total de trabajadores que integran los llamados Polos Científicos productivos.

El contexto generado por el coronavirus ha sacado a relucir aún más, o diría yo: como se merece, la cantera de científicos, y sobre todo de científicas, con que cuenta el sistema de salud cubano.

Es una mujer, la doctora Belinda Sánchez, quien lidera el grupo de expertos que presentó Soberana 01, uno de los candidatos vacunales cubanos en estudio. Otro ejemplo es la doctora Dagmar García Rivero, quien además de formar parte del equipo se brindó como voluntaria para suministrarse el producto aún en fase de prueba.

Y como ellas, otro gran número de científicas, investigadoras, consagradas a la ciencia cubana, referentes en otras latitudes, seres que desmontan el refrán sexista y anticuado de mujer que sabe latín no tiene marido ni buen fin; pues no por profesionales han dejado de ser esposas, madres o abuelas.

Algunas mujeres científicas cubanas que debes conocer

María Luisa Dolz fue la primera mujer cubana graduada como licenciada en Ciencias Pedagógicas y quien promovió por primera vez en el país la educación física de las niñas y mujeres y los estudios secundarios. Mientras, Leonela Inés Relys Díaz trasciende como autora principal del método “Yo sí puedo”, que ha educado a millones de personas en el mundo.

Es Isabel Monal autora de más 40 libros de Derecho Internacional, Político, Penal y Civil, muchos de ellos considerados clásicos en dicha materia. También la doctora Elena Vigil es autora de dos monografías utilizadas como libros de texto para tres de los seis capítulos que se imparten sobre Física en las universidades. En sus manos estuvo la obtención de materiales como el primer diodo semiconductor y emisor de infrarrojo de Cuba.

Leda Menéndez se consagró al “Proyecto Planificación y Ordenamiento de los Ecosistemas de Manglares para el manejo sostenible”, y tuvo incluso el privilegio de ser una de las tres especialistas cubanas que participaron, en 1987, en la primera etapa de la expedición en canoas del Amazonas al Caribe, encabezada por el doctor Antonio Núñez Jiménez.

Uno de los más importantes legados de María Elena Ibarra es el “Programa de conservación de las tortugas marinas en la Península de Guanacahabibes”. Igualmente, lo fue para la doctora Lydia Tablada el “Programa Nacional de Control y Erradicación de la fiebre porcina africana”, durante los dos brotes de esa enfermedad acaecidos en Cuba entre 1971 y 1980.

Es Lochy Batista Le Riverend la autora principal de un anticuerpo monoclonal imprescindible en la prospección de la tristeza de los cítricos en el país; María del Carmen Domínguez Horta la líder del equipo que tuvo a su cargo el desarrollo del CIGB-258 y Rosa María Mas Ferreiro la autora del anticolesterolémico conocido como PPG.

Y es también el nombre de una mujer, Concepción Campa Huergo, quien rige tras las patentes de las vacunas utilizadas en Cuba y el mundo para prevenir la Meningitis tipo B y la Hepatitis B.

Quedan por nombrar: Consuelo Macías, Beatriz Marcheco, Tania Crombet, Ysabel Reyes, Esperanza Purón y Lourdes Palacio, Martha Prieto Valdés, Ángela Leyva, María Teresa Frías, Danay Saavedra, Mayra Ramos Suzarte, y muchas más. A varias de esas Mujeres en Ciencia, nos estaremos acercando en próximas páginas de BOHEMIA.

Brujas no, científicas

Cuba figura entre los siete países de la región en alcanzar la paridad de género en la investigación científica, un mérito reconocido recientemente por el Instituto de Estadísticas de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En el informe detallado por el presidente de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), doctor Luis Velázquez Pérez, en enero del presente año, se reconoce que la mujer cubana ha sido decisiva en el desarrollo económico y social de la nación y ha protagonizado, año tras año, una importante contribución a la ciencia nacional, como lo demuestran los múltiples premios nacionales de la ACC y su significativa presencia entre los autores de relevantes publicaciones y patentes de invención.

En épocas lejanas, algunas mujeres fueron denigradas y en el peor de los casos catalogadas de brujas o hechiceras en un intento de desvalorizar su sapiencia natural. De acuerdo con varios autores, antaño el impulso de oficios como la medicina parecía consustancial de las mujeres, tan natural como la enseñanza, pues las esposas y madres eran tradicionales rectoras de la educación y las enfermeras en el hogar.

Así que no se asuste si digo que tenemos en pleno siglo XXI nuevas hechiceras devenidas científicas, con modernos procedimientos, mayores y mejores infraestructuras tecnológicas, formación académica, nuevas perspectivas y frescos impulsos.

De mirar la ciencia con gafas violetas e incentivar el estudio y divulgación de su labor, dependerá que no se cautericen en la hoguera de la desigualdad, la ignorancia o el olvido. Que cada 11 de febrero sea tan solo una excusa para seguir fomentando la necesaria inclusión de la mujer y la niña en la ciencia.

1 Datos ofrecidos por la doctora Lilliam Margarita Álvarez Díaz, presidenta de la Comisión de Mujeres académicas de la ACC.

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Nailey Vecino

 
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