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Publicado el 19 Marzo, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Ciencia
 
 

MEDICINA NUCLEAR

En rescate de la supernova

El Centro de Isótopos, de La Habana, comprometido con la salud del pueblo
medicina radioactiva

Los generadores Mo/Tc en celdas calientes, de lo más moderno en tecnología a disposición del pueblo. Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

De pensarse un bestseller con argumento fabuloso, este podría relatar las peripecias y peligros asumidos por un periodista en misión reporteril desde una explosiva estrella supernova, de la que presumiblemente surgieron los elementos más pesados. La novela, claramente de ciencia ficción, colocaría a un ser humano en época previa al nacimiento del Sol y, por ende, de la Tierra, lo cual no sería asombroso porque en literatura se juega con lo histórico, lo ilusorio y hasta lo irracional. Sería testigo de excepción de la emergencia de un caos nuevo. También informaría sobre el sueño de los científicos nucleares: el tecnecio en proceso natural.

El hallazgo hilvanaría la trama central, porque el tecnecio fue el primer elemento químico artificial producido por el hombre. En 1937, el químico nuclear estadounidense Ernest Lawrence, auxiliado con el ciclotrón de la Universidad de Berkeley, bombardeó una muestra del metal molibdeno con deuterones (el núcleo del átomo del deuterio, compuesto de un neutrón y un protón), y la envió a Italia. Al analizarla Emilio Segré y Carlo Perrier descubrieron la presencia del elemento químico 43, bautizado con raíz griega tecnetos, que significa artificial: tecnecio.

Para los expertos conocedores de su hoy extendido uso práctico, la susodicha novela pasaría al cajón de cosas inservibles, pero para los lectores neófitos quizá sería una puerta de entrada a la indagación. Tal obra no se ha escrito, tampoco se ha demostrado la hipótesis de que las supernovas parieron tecnecio, lo que sí es cierto es que en La Habana existe un Centro de Isótopos, el CENTIS, de elevada capacidad científica y tecnológica que lo crea para satisfacción de necesidades apremiantes en radio medicina. Hasta allá partió BOHEMIA.

René Leyva CENTIS

René Leyva lidera en el CENTIS un muy preparado colectivo que garantiza la calidad de sus productos. Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Dentro de la supernova cubana

Al compartir con su director René Leyva Montaña, este explicó que el CENTIS “se ha dedicado al desarrollo, producción y comercialización de productos para uso diagnóstico, terapéutico y de investigación, además de brindar diversos servicios científico- técnicos de alto valor agregado, bioquímicos y hematológicos”.

Al ahondar en la información recibida, aprecio lo costoso de la actividad que despliegan y comprendo que estamos ante la instalación radiactiva más compleja de la nación porque genera productos dentro de las líneas de compuestos marcados, radiofármacos, generadores radioisotópicos, diagnosticadores convencionales y radioisotópicos para uso médico. Brinda, además, servicios de calibración y metrología.

Dos preguntas se imponen: ¿Qué son los isótopos? El entrevistado responde: “Son los átomos de un mismo elemento químico, pero con diferente número de neutrones en el núcleo. Llevándolo a la vida, es como cuando hay hermanos gemelos que tienen casi todo idéntico, pero son organismos diferentes. Los isótopos se comportan químicamente de la misma forma, aunque uno pesa más que el otro. En el caso de los isótopos radioactivos, son átomos inestables que se descomponen en el tiempo”.

Y ¿qué es un radiofármaco?: “El resultado de unir una molécula biológica (proteína, aminoácido…) con un isótopo, sustancia radiactiva originada en un generador, reactor o ciclotrón”.

Del CENTIS sobresalen la solución de yodo radioactivo (I-131) y el tecnecio (Tc-99m). El primero se obtiene en los reactores nucleares como producto de la fisión del uranio, de cuya purificación sale un bendito remedio. Según el director “el radiofármaco de terapia, el yodo 131 es utilizado en el tratamiento de la tiroides, y se produce con mayor frecuencia y cantidad. Su proceso de obtención también es bien complicado y su elaboración requiere de mucha sistematicidad porque el paciente se debe poner varias dosis. Es un producto que, además, exportamos”.

Y aunque René asegura estar orgulloso de toda la cartera de productos, siente especial satisfacción por la “estrella” del Centro, el generador de molibdeno tecnecio.

No quiere esta reportera parecer irrespetuosa, pero tal vez pueda ser él, ese imaginado personaje de la novela por escribir. De vuelta a la Tierra, a Cuba, el CENTIS, con sus 175 trabajadores, tiene la satisfacción de crear algo muy útil para el pueblo. Aprendimos que “el generador de molibdeno-tecnecio es un sistema compuesto por una pareja de isótopos radiactivos, el molibdeno-99, el isótopo padre, que forma a su hijo el tecnecio 99m. Con el generador se obtiene una inyección de pertecnectato de sodio, solución inyectable”. Esta se mezcla con los kits de radioactivos liofilizados u otras formulaciones de compuestos químicos, para uso diagnóstico.

Este generador en específico alienta la esperanza humana. Al trasladarse sellado al hospital, “allí un técnico, en una instalación apropiada o campana, y en condiciones estériles, realiza la extracción del pertecnectato. Dicha solución mezclada con los kits de reactivos liofilizados de diferentes composiciones, deriva en el radiofármaco deseado para las diferentes aplicaciones en medicina nuclear, en función del estudio requerido”. Los radiofármacos, en medicina nuclear, son compuestos de contraste inyectables por vía intravenosa, que observan el interior del organismo a través de una imagen molecular. ¿Su ventaja?: lo hacen de un modo no invasivo, lo cual supone un sufrimiento menos.

¿Escribiendo una novela de ciencia ficción?

Patas arribas anda el mundo a causa de la Covid-19. Sin embargo, Leyva se reafirma en la importancia de su colectivo de científicos y técnicos, porque la presencia de otras enfermedades no cesa.

Anualmente en Cuba fallecen por cáncer 20 mil personas. Por eso, el CENTIS sigue comprometido con el objetivo que asumió hace 25 años atrás cuando fue fundado, fecha celebrada por su colectivo el 14 de diciembre de 2020. Hoy la entidad transita los mismos senderos de la investigación, inmersa en proyectos, no tan futuristas, aunque se mueven entre los cinco y los diez años de “cocción”.

El Centro de Isótopos también cumple funciones de metrología, siendo albacea de la Unidad de Radioactividad. Sin embargo, considero que su notabilidad es en la medicina al elaborar productos diagnosticadores, terapéuticos y clínicos: Guía hacia los espacios no conquistados.

René Leyva adelantó a BOHEMIA algunas aspiraciones, pero aclaró que “utilizan la investigación aplicada. Partimos de cosas ya creadas en el mundo y tratamos de hacerlas. Desarrollamos el know-how para producirlas aquí y evitar importarlas”.

No obstante, ilustró al equipo de nuestra revista que, por ejemplo, en colaboración con el grupo empresarial Biocubafarma, se han juntado en estudios sobre el agresivo e implacable cáncer, e incursionan con ellos en investigaciones relativas al Alzheimer, triste padecimiento que incapacita intelectualmente a millones de personas en el planeta.

En estos momentos, el CENTIS hace estudios de farmacocinética. Su éxito permitirá observar la distribución de los medicamentos en el cuerpo humano usando la radioactividad, lo cual viabilizará y facilitará el análisis médico.

medicina nuclear

En marcha estudios de marcación para farmacocinética. Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

“Esto es de vital importancia porque al diseñar un fármaco con una función determinada, se necesita saber si ese producto va a dar la respuesta esperada, como es el caso de las enfermedades cancerígenas, en las que es imprescindible conocer si lo utilizado ataca al tumor. Por tanto, la acumulación de ese elemento radioactivo y el fármaco en el sitio del tumor da la eficiencia que tiene el medicamento”, explicó el también ingeniero nuclear.

Igualmente, el caudal de conocimientos de la Revolución, guardiana del bienestar popular, se expande más allá de nuestras fronteras. “Participamos, junto al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en investigaciones con vistas a la obtención de nuevos radiofármacos que utilizan lutecio 177, isótopo radioactivo e itrio-90”. Esas novedades se utilizarían para la terapia de cáncer, tumores de origen neuroendocrino y de hueso.

En la realidad de hoy

Al proteger la salud de la gente o contribuir a su saneamiento, también se viaja al futuro, porque de este modo se garantiza la perpetuidad de las generaciones. Interrogado por el aporte del Centro de Isótopos al día a día en otras necesidades nacionales, el entrevistado precisó: “A la lucha contra la pandemia hemos aportado con productos que comercializamos. En este caso hay un nucleótido marcado con fósforo 32, usado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), que sirve para los controles de calidad de los fármacos que ellos están desarrollando contra la covid-19”. También dejan su huella en varios programas, sobresaliendo el Materno-Infantil, en lo relativo a los servicios de analitos (los diferentes componentes en la sangre) y en las hormonas que intervienen en la fertilidad de la mujer.

Ya se sabe que la vida no siempre es lineal y lo investigado para solucionar problemas y terribles-mortales enfermedades perdurables, puede lograr detener a la parca gracias a muchos de esos ensayos clínicos, imbuyendo de expectativas para vivir.

Esta reportera tiene como referente una cooperación, realizada en el pasado, entre el CENTIS y el Centro de Inmunología Molecular, CIM: a un grupo de 15 pacientes con tumores cerebrales se le aplicó un anticuerpo marcado con renio 188. El tiempo estimado de vida con este tipo de cáncer oscila de tres a seis meses. Para felicidad de todos, uno de aquellos pacientes aún vive después de casi 20 años. Argumento superior para una novela, la de una Isla rebelde donde el saber nuclear al servicio de la medicina rivaliza con la potencia de una estrella.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda