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Publicado el 20 Abril, 2021 por Sputnik en Ciencia
 
 

Cazameteoritos: pasión y modo de vida

Estos arqueólogos de las estrellas en la Tierra escrutan el cielo, analizan trayectorias, tiran de física y matemáticas para calcular dónde pudo caer el meteorito.
meteorito

En el mundo un grupo de personas se dedican a rastrear los cielos y buscar las piedras que de ellos caen. Foto: sputniknews.com

Los cazameteoritos mueven una industria que genera importantes beneficios pero que, además, ayuda a impulsar el desarrollo científico que revela la historia del Sistema Solar.

Cada vez que un pedrusco astral surca nuestros cielos tendemos a pedir deseos y a maravillarnos. Miramos al cielo y extasiados ante el polvo de estrellas nos preguntamos de dónde vendrá. Pero no todo el mundo funciona así. Hay quienes miran los meteoritos de otra manera, como una pasión y un modo de vida.

Los cazameteoritos escrutan el cielo, analizan trayectorias, tiran de física y matemáticas para calcular dónde pudo caer el meteorito, buscan testimonios de testigos y a continuación, agarran su petate, su equipo y a buscar ese pedazo de roca que, por algún designio del universo, ha venido a parar a nuestro planeta.

“Es un trabajo duro, la mayoría de las veces no encontramos nada, y antes de la prospección hay muchas horas de trabajo para acotar el terreno en el que buscar”, detalla el pionero de esta disciplina en España, el leonés José Vicente Casado.

Pero cuando hay suerte y dan con el tesoro astral, “es una emoción indescriptible”, explica Casado. Para otro de los pocos cazameteoritos que hay en nuestro país —no serán más de media docena los que se dedican en exclusiva a esta actividad— cuando “topas con uno todo cobra sentido, tienes en tus manos una roca que (en tiempo astral) hace solo unos instantes estaba en el cinturón de asteroides o en la luna o marte”, revela el granadino Miguel Ángel Contreras.

Ambos han hecho de su pasión por los meteoritos no una afición, sino una carrera que les ha llevado por medio mundo en busca de trozos de roca. Estos arqueólogos de las estrellas en la Tierra forman parte de un selecto grupo que puede llegar a vender sus hallazgos por decenas de miles de euros, aunque advierten de que la mayoría del material que circula por internet es falso.

Contreras aclara que no siempre están en plan Indiana Jones, atravesando selvas y desiertos en busca de una piedra caída del cielo, “yo soy un autónomo con muchas horas de trabajo administrativo para solicitar permisos internacionales, de compra–venta de material y certificación”, aclara.

Más que una recompensa, es cuestión de ciencia

Aunque los cazameteoritos con los que Sputnik ha hablado no son muy amigos de dar cifras, un mero sondeo en la red de adquisición de meteoritos refleja que es un mercado pujante. No obstante, no es el dinero lo que mueve a estas personas.

Casado, en cuya web podemos comprar trozos de Campo de Cielo por unos 86.000 euros —es la pieza más cara de su tienda—, destaca que la compra venta es una manera de hacer girar la rueda del conocimiento. “Para mi, por encima de todo, abrimos con cada meteorito una puerta a la ciencia, posibilitamos un conocimiento superior, esa es mi mayor recompensa”, explica Casado, que tiene establecido un protocolo por el cual todos sus meteoritos son compartidos con la Universidad Politécnica de Cataluña.

Contreras tiene también todo su muestrario recolectado cedido al Parque de las Ciencias de Granada, lamenta la “falsa polémica” que les confronta con la investigación científica. “Somos parte de la investigación, posibilitamos material a las universidades que, de otra manera, no podrían tener”.
Para el buscador granadino el mejor ejemplo es la misión de la sonda espacial japonesa Hayabusa 2, que desarrolló investigaciones en el asteroide Ryugu del que tomó muestras para traerlas a la Tierra, “pero esos materiales son de la misma composición que tengo en mi colección” de más de una treintena de países que muestra en su web.

Un código de historia por descifrar

El valor de los meteoritos reside en todo lo que pueden contarnos. Son piedras que en su viaje astral acumulan millones de años de historia. Normalmente son de pequeño tamaño –por mucho que te sorprenda, son del tamaño de un grano de arroz– y al entrar en contacto con la atmósfera ionizan el aire y provocan el fenómeno de las estrellas fugaces.

Pero hay ocasiones en las que el meteoro consigue llegar a la superficie terrestre, lo que denominamos meteoritos, y son ellos los que pueden revelar la historia de nuestro Sistema Solar –desde sus inicios hace 4.560 millones de años – gracias a su densidad y composición.

Experiencias inolvidables

Para un cazameteoritos, los momentos de su vida están reflejados en una piedra. Casado está aún tratando de dar con el meteorito que a principio de año captó la atención de los leoneses. “Guardo un recuerdo único de mi primer meteorito, en Villareto de la Peña”, desde ese momento, Casado supo que había encontrado su vocación.

Expediciones más ambiciosas le han llevado por todo el mundo, destacan sus expediciones a desiertos del Sahel en África, Bolivia o Chile. Calcula que cada año caen en nuestra superficie entre 200 y 300 meteoritos, aunque la mayoría van a parar al mar, los desiertos son zonas más idóneas para la búsqueda “porque obviamente ganas visibilidad en comparación con zonas montañosas o selváticas”.

“Mi experiencia favorita fue en Suecia en 2019”, relata por su parte Contreras. Aprovechando las infinitas horas de luz del Círculo Polar Ártico buscó durante semanas, “tras un montón de señales del detector de metales encontré medio kilo, algo era algo tras tres semanas de búsqueda, pero lo que no podía esperar es que días después encontramos más de 100 kilos de Muonionalusta repartidos en cuatro piezas enterradas a tres metros de profundidad “.

Además, Contreras cuenta con un extracto del meteorito Murchison, caído en Australia en 1969 que contiene el material más antiguo hallado en la Tierra, por ahora, porque los cazameteoritos siguen vigilando el cielo.

(Sputnik)

“Cada meteorito supone una aventura intelectual”: los cazameteoritos reclaman su aporte a la ciencia

 


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