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Publicado el 27 Abril, 2021 por Sputnik en Ciencia
 
 

Turismo espacial: un ámbito prometedor para compañías privadas

astronauta

Hasta ahora un total de siete personas logró visitar el espacio en calidad de turista espacial. Foto: fly-news.es

MOSCÚ (Sputnik) — La historia del turismo espacial comenzó con el sueño del hombre de conquistar el cielo, la idea que nunca ha abandonado pese a la crítica y el escepticismo, y que lo inspiró a construir el primer avión y, luego, el primer cohete para la navegación espacial.

El avión, que ahora se considera el medio de transporte más seguro, no siempre ha sido así. Su historia se inició con la invención cerca del año 400 a.C. de una paloma mecánica por el matemático y filósofo griego Arquitas de Tarento, amigo de Platón.

Siglos después, Leonardo da Vinci (1452-1519), natural de la ciudad italiana de Florencia, inventó la maquina voladora que gracias a su construcción podría considerarse como el primer precursor del vuelo del hombre. Además, Da Vinci creó una especie de helicóptero, cuyo principio era el mismo que el de esas máquinas modernas.
Después de Da Vinci no cesaron los intentos de volar hasta que en 1903 los hermanos Wright consiguieron su primer vuelo tripulado, lo que marcó el inicio de la conquista de los cielos.

La historia de los cohetes para la navegación espacial comenzó en China, donde fue inventada la pólvora y se utilizaron flechas de fuego. La invención de los chinos llevó a la creación de cohetes que primeramente se usaron como arma incendiaria.

Posteriormente, con el desarrollo de la artillería, los cohetes se utilizaron con fines militares, hasta que a principios del siglo XX aparecieron los primeros científicos, entre ellos:
el ruso Konstantín Tsiolkovski;
el peruano Pedro Paulet;
el alemán Hermann Oberth;
el estadounidense Robert Hutchings Goddard.

Convirtieron al cohete en un sistema para impulsar vehículos aeroespaciales tripulados.

En 1957, la Unión Soviética, al modificar un cohete militar, puso por primera vez en órbita alrededor de la Tierra un satélite artificial, el Sputnik I. Cuatro años después, en 1961, se realizó el histórico lanzamiento al espacio del primer hombre, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, a bordo de l cohete Vostok I.
En 1969, la misión estadounidense Apolo 11 colocó a los primeros hombres —Neil Armstrong y Edwin Aldrin— en la Luna.

Estos acontecimientos que constituyen verdaderos hitos en la historia de la humanidad, abrieron nuevas horizontes demostrando que el hombre en el espacio ya era una nueva realidad.

Idea del turismo espacial

La idea de comercializar el espacio apareció por primera vez a finales de los años 1960, aunque no tuvo éxito.
En 1986, en la 37 edición del Congreso Internacional de Astronáutica fue presentado el informe ‘Las posibles consecuencias económicas del desarrollo del turismo espacial’, que provocó debates tanto en círculos científicos como empresariales.

El mismo año el transbordador espacial Challenger, con siete miembros de la tripulación a bordo, entre ellos Christa McAuliffe —una profesora de escuela secundaria estadounidense que debía convertirse en la primera mujer turista espacial— se desintegró 73 segundos después de su lanzamiento.

Tras la catástrofe, el Gobierno de Estados Unidos aprobó una ley que prohibía vuelos espaciales a astronautas no profesionales, mientras que la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio del país (NASA, por sus siglas en inglés) suspendió temporalmente sus vuelos espaciales hasta 1988.

Quince años después de la tragedia del Challenger, la idea del turismo espacial se levantó de las cenizas con el inicio en 2001 de la cooperación en ese ámbito entre la corporación espacial rusa Roscosmos y la compañía Space Adventures, que se encarga de la promoción comercial.

Turistas espaciales

El turista espacial, según especialistas, es un “participante no profesional del vuelo espacial”. El único destino a visitar disponible para los turistas espaciales es el segmento ruso de la Estación Espacial Internacional (EEI).

Los entrenamientos de los turistas espaciales se realizan en la Ciudad de las Estrellas, un pequeño pueblo al noreste de Moscú. El programa de capacitación incluye la orientación y el comportamiento en gravedad cero, el estudio de la estructura de una nave espacial, los fundamentos del pilotaje, la práctica de todo tipo de situaciones de emergencia, así como la supervivencia en el espacio y en la tierra.

Para convertirse en turista espacial, el candidato debe someterse a varias pruebas médicas, aunque los requisitos no son tan estrictos como los de los cosmonautas profesionales, además de pasar un examen.

Hasta ahora un total de siete personas logró visitar el espacio en calidad de turista espacial. El primero fue el empresario estadounidense de origen italiano Dennis Tito, que viajó a la EEI a bordo de la nave Soyuz TMA-32 el 28 de abril de 2001.

El segundo visitante no profesional de la EEI fue el sudafricano Mark Shuttleworth, cuyo vuelo se realizó del 25 de abril al 5 de mayo de 2002.
La tercera persona en subir al espacio por motivos no astronáuticos fue el multimillonario estadounidense Gregory Olsen, que visitó la EEI del 1 al 11 de octubre de 2005. La primera mujer y cuarto turista espacial fue la estadounidense de origen iraní Anousheh Ansari, que se encontró en la EEI del 18 al 29 de septiembre de 2006.

Los primeros cuatro turistas espaciales pagaron 20 millones de dólares cada uno por sus viajes a la EEI.
El quinto fue uno de los fundadores de la compañía Microsoft, el estadounidense de origen húngaro Charles Simonyi, que visitó la EEI del 7 al 21 de abril de 2007, así como del 26 de marzo al 8 de abril de 2009.
Simonyi pagó unos 25 millones de dólares por su primer viaje, y unos 35 millones, por el segundo.

El sexto turista espacial fue el diseñador de videojuegos y empresario británico-estadounidense Richard Garriott, que estuvo en la EEI del 12 al 23 de octubre de 2008 y pagó unos 30 millones de dólares por su vuelo.
El séptimo y último turista espacial fue el fundador y actual director ejecutivo de Cirque du Soleil, Guy Laliberte, que visitó la EEI del 30 de septiembre al 11 de octubre de 2009 pagando unos 40 millones de dólares.

La última década en resumen

En 2011, Rusia se vio obligada a suspender su programa del turismo espacial después de que NASA finalizara su programa de transbordadores espaciales Space Shuttle y como resultado perdiera la posibilidad de realizar sus propios lanzamientos tripulados. Desde entonces los astronautas norteamericanos se vieron obligados a viajar a EEI a bordo de las naves rusas Soyuz.

Para transportar a los astronautas a la EEI, las compañías privadas estadounidenses SpaceX y Boeing diseñaron las naves tripuladas Crew Dragon y Starliner, respectivamente, en el marco de un programa auspiciado por la NASA.
La misión tripulada inaugural de Crew Dragon comenzó a finales de mayo pasado cuando transportó a la EEI a los astronautas Douglas Hurley y Robert Benken.

El pasado 2 de agosto los astronautas estadounidenses regresaron a la Tierra al concluir el vuelo que duró 64 días.
Ese fue el primer vuelo espacial tripulado realizado por un proveedor privado.
Ante informes sobre pruebas exitosas de Crew Dragon, Roscosmos y Space Adventures cerraron ya en febrero de 2019 un contrato que prevé el vuelo de dos turistas espaciales a la EEI antes del fin de 2021.

En junio de 2020, la corporación rusa RKK Energia y Space Adventures firmaron un contrato para llevar a dos turistas espaciales a la EEI en 2023.
Está previsto que durante la expedición uno de los turistas realice un paseo espacial acompañado por un cosmonauta de Rusia.

Las últimas décadas muestran que la idea del turismo espacial, que hasta ahora se veía como una excentricidad propia de los millonarios, se considere como un ámbito prometedor por compañías privadas que se esfuerzan por hacerla realidad. SpaceX ya informó haber vendido el primer billete a la Luna, mientras las compañías Virgin Galactic, de Richard Branson, y Blue Origin, de Jeff Bezos, anunciaron sus planes de construir hoteles espaciales, lo que no suena tan disparatado. El tiempo, como siempre, dirá la última palabra.

(Sputnik)

El turismo espacial: de una idea descabellada a una nueva realidad


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