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Publicado el 20 Mayo, 2021 por Sputnik en Ciencia
 
 

Confirman presencia de hierro y níquel en la superficie de cometas muy alejados del Sol

Los cometas se caracterizan como cuerpos celestes fríos y rocosos. Imagen ilustrativa/ PL

Dos estudios realizados gracias a observatorios instalados en Chile comprobaron la presencia de hierro y níquel en la superficie de cometas muy alejados del Sol. El hallazgo hace pensar en la existencia de un material hasta ahora desconocido en el núcleo de los cometas.

El espacio exterior es una fuente inagotable de descubrimientos para la ciencia y el mundo. Los cometas, por ejemplo, caracterizados como cuerpos celestes fríos y rocosos, han deslumbrado a científicos y poetas durante siglos. Pero lo que creíamos conocer sobre la superficie de estas formaciones puede cambiar tras un inesperado hallazgo de un telescopio en Chile.

En efecto, un estudio encabezado por el investigador belga Jean Manfroid, de la Universidad de Lieja, en Bélgica, demostró la existencia de hierro y níquel en la superficies de cometas del Sistema Solar. La investigación, publicada en la revista Nature, comprobó la presencia de átomos de ambos metales en la superficie de 20 cometas observados durante las últimas dos décadas.

¿Qué significa que haya níquel y hierro en los cometas?

Haber encontrado níquel y hierro en los cometas no significa que el comienzo de la minería de asteroides —un proyecto que existe pero que aún es distante—, sino la posibilidad cierta de comprender mejor el origen del Universo.

“Los cometas se formaron hace unos 4.600 millones de años, cuando el Sistema Solar era muy joven y no han cambiado desde entonces. En ese sentido, para quienes nos dedicamos a la investigación astronómica, son como fósiles”, explicó Emmanuel Jehnin, integrante del equipo de investigadores de la Universidad de Lieja.

Por eso, encontrar átomos de níquel y hierro en cometas alejados del Sol puede ser clave para comprender mejor su composición que, de acuerdo a la evidencia, parece diferente a la conocida en cuerpos más cercanos, como los meteoritos o el propio Sol, donde la presencia de hierro es diez veces mayor que la de níquel.

Haber encontrado hierro y níquel en proporciones similares cambia las cosas y abre la posibilidad de que esos metales hayan sido producidos por un material diferente, aún desconocido por el ser humano.
“Llegamos a la conclusión de que podrían provenir de un tipo especial de material situado en la superficie del núcleo del cometa, sublimando a una temperatura bastante baja y liberando hierro y níquel en aproximadamente las mismas proporciones”, comentó Damien Hutsemékers, colega de Manfroid y Jehnin.

Las conclusiones de los investigadores belgas fueron ratificadas por un estudio encabezado por Piotr Guzik, de la Universidad Jaguelónica de Polonia. Su equipo también encontró níquel en estado gaseoso en el cometa 2I/ Borisov, el primero en visitar el Sistema Solar desde fuera, en 2019.

El estudio polaco confirmó la presencia de átomos de níquel en la atmósfera fría del 2I/ Borisov cuando se encontraba a 300 millones de kilómetros del Sol.

El equipo la Universidad Jaguelónica también saca conclusiones esperanzadoras, ya que considera que haber detectado similitudes entre cometas del Sistema Solar y el lejano 2I/Borisov permite especular con que, quizás, haya sistemas planetarios similares al Sistema Solar en el Universo.

Una sorpresa para los investigadores

Manfroid destacó que el descubrimiento fue “una gran sorpresa” porque detectó estos dos metales en cometas muy alejados del Sol. Hasta el momento, según explicaron los investigadores, se pensaba que solo podían hallarse este tipo de sustancias en la superficie de los cometas que se acercaban demasiado al Sol.

La explicación es que, si bien se conocía que este tipo de materiales se hallaba en el interior rocoso de los cometas, las bajas temperaturas hacían imposible que sublimaran y alcanzaran la superficie, aunque fuera en pequeñas cantidades.

El equipo de Manfroid encontró vapores de níquel y hierro en cometas que se encontraban, incluso, a 480 millones de kilómetros del Sol, una distancia equivalente al triple de la que separa a la Tierra del astro rey.

Observatorios chilenos clave para los hallazgos

Además de la relevancia de sus conclusiones, los estudios belga y polaco tuvieron otra cosa importante en común: ambos utilizaron datos producidos por el Very Large Telescope (VLT, por las siglas en inglés de Telescopio Muy Largo) del Observatorio Europeo Austral (ESO, abreviado en inglés), que maneja tres observatorios astronómicos en Chile.

El equipo belga, por ejemplo, se valió de uno de los instrumentos instalados en el VLT de la sede chilena, el UVES (por las siglas en inglés de Espectrógrafo echelle para el ultravioleta y el visible). El instrumento se basa en la espectroscopía para analizar la composición química de las atmósferas de los objetos cósmicos a partir del espectro de luz que dejan, ya que cada elemento químico produce un conjunto de líneas único y que permite diferenciarlo de los demás.


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