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Publicado el 6 Agosto, 2021 por Nailey Vecino en Ciencia
 
 

Intentar hasta quemarse

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Por NAILEY VECINO PÉREZ

Parker Solar completó recientemente su octavo encuentro solar, rompiendo sus propios récords de velocidad y proximidad al Sol. (NASA)

Parker Solar completó recientemente su octavo encuentro solar, rompiendo sus propios récords de velocidad y proximidad al Sol. (NASA)

¡Tremendo calor! Podría ser esta una frase trending topic para los habitantes sobre todo del Caribe. Ocupar las sombras de los árboles, andar ligeros de ropa o ataviarse con gafas, protectores, sombrillas y sombreros es panorama habitual para esta parte del planeta. Sin embargo, en fronteras espaciales, algunos buscan estar cada vez más cerca del Sol.

Osada, la sonda Parker Solar Probe, de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (conocida por sus siglas en inglés NASA), ha sido la primera dama en realizar el máximo acercamiento a la estrella hasta el momento en la historia de la humanidad: menos de 15 millones de kilómetros. Vamos, que pareciera estar decidida a quemarse.

Parker es la única sonda espacial de la NASA que lleva el nombre de una persona viva, el físico solar de 91 años Eugene Parker, quien describió por primera vez el viento solar en 1958. Desde que fuera lanzada al espacio en agosto de 2018, su misión ha sido rodear la circunferencia exterior de la corona del Sol para entender su comportamiento y su viento solar, una oleada de partículas subatómicas cargadas que escupe en todas direcciones.

La nave ha explorado la zona solar a unos 24 millones de kilómetros de la superficie, seis veces más cerca de lo que la Tierra está del Sol. Armada con un escudo térmico de 11 centímetros hecho de carbono, es capaz de soportar temperaturas de hasta 1 400 grados.

Recientemente, la revista científica Nature difundió los primeros resultados científicos arrojados por la sonda durante sus dos primeros acercamientos al astro. Algunos datos revelan que el Sol es mucho más enigmático de lo pensado y que el flujo de partículas en su interior es mucho más rápido de lo que se había observado en misiones anteriores.

Según explica Justin Kasper, físico de la Universidad de Michigan y coautor de varios de los estudios publicados, “en teoría, la velocidad de rotación del Sol debería ir disminuyendo a medida que el plasma se aleja de la superficie, pero los datos de la Parker muestran que en las capas más superficiales de la corona el plasma va unas 20 veces más rápido de lo que debería, según las predicciones”.

Gracias al acercamiento de Parker, los científicos han sido capaces de calcular la distribución de electrones dentro del campo eléctrico del Sol, además, han podido obtener precisiones sobre su tamaño, amplitud y alcance. “Las investigaciones a cargo de la sonda permiten precisar cómo ese campo eléctrico interactúa con el viento solar; esto último resulta una información crucial porque las partículas cargadas que transporta el viento solar pueden afectar notablemente las actividades en la Tierra, sobre todo a los satélites y otras instalaciones que sustentan las comunicaciones”, resalta una nota oficial publicada por Astrophysical Journal.

Se planea que la misión de Parker Solar dure aproximadamente siete años. El equipo que la monitorea asegura que en algo más de un mes después usará la gravedad de Venus para sumergirse aún más en la atmósfera del Sol hasta alcanzar, quizás dentro de unos cinco años, su máxima cercanía a unos 6.9 millones de kilómetros de la superficie.

 Con ayuda de Orbiter
La sonda Solar Orbiter fue construida por la empresa líder mundial en aeronáutica, Airbus, en Stevenage, Reino Unido. (ESA)

La sonda Solar Orbiter fue construida por la empresa líder mundial en aeronáutica, Airbus, en Stevenage, Reino Unido. (ESA)

Parker presume orgullosa su boleto al Sol en primera fila. Sin embargo, entre tanto jolgorio ha olvidado su cámara para documentar el viaje. Pese a tener la dicha de ser quien más se acerque al Sol, la sonda estadounidense no lleva cámaras para observarlo.

En esta tarea es donde toma protagonismo su compañera de viaje, la Solar Orbiter, una sonda de la Agencia Espacial Europea, ESA, que se encargará de tomar las primeras imágenes de las regiones polares del Sol, además de estudiar y tratar de predecir su comportamiento y sus efectos en la Tierra.

La ESA puso en marcha esta misión en 2020. La sonda Orbiter se acercará a una distancia de 42 millones de kilómetros del Sol y se registra que para llegar a su órbita definitiva, dentro de dos años, contará con la ayuda de la gravedad de Venus y de la Tierra.

La misión, también llamada Black Bird por el equipo a cargo, intentará dar respuesta a cómo se crea la heliosfera o cuál es el origen del campo magnético. Para ello, cuenta con diez instrumentos que incorporan seis telescopios y 27 sensores, cuatro de estos para estudiar el ambiente alrededor de la sonda y seis destinados a observar el Sol.

En junio del presente año Solar Orbiter arrojó como dato novedoso que la superficie del Sol está cubierta por las denominadas Eyecciones de Masa Coronal (CME), especie de erupciones en miniatura, pero lo suficientemente grandes para hacer que miles de millones de toneladas de plasma y partículas cargadas eléctricamente se precipiten hacia la Tierra, informó al diario El País, César García-Marirrodriga, director del proyecto Solar Orbiter en la ESA.

El experto asegura que este fenómeno tiene su lado fascinante, ya que esa interacción de partículas eléctricas con la atmósfera de la Tierra es precisamente la que da origen a la aurora boreal. Sin embargo, advierte, los estallidos CME pueden ser muy peligrosos, pues pueden conducir a un fallo en el suministro de energía o, incluso, al colapso de las redes de telefonía celular.

La parte más hermosa de las tormentas solares son las auroras boreales. Surgen cuando las partículas cargadas del Sol golpean la atmósfera de la Tierra. (NATIONAL GEOGRAPHIC)

La parte más hermosa de las tormentas solares son las auroras boreales. Surgen cuando las partículas cargadas del Sol golpean la atmósfera de la Tierra. (NATIONAL GEOGRAPHIC)

Businness Insider reseña que dos tormentas solares cortaron las comunicaciones de radio de emergencia durante 11 horas poco después del huracán Irma en 2017 y predicen que una tormenta solar podría haber cortado incluso las transmisiones de SOS del Titanic mientras se hundía en 1912.

En tanto, otros documentos recogen que, en un precedente histórico, la gran radiación del 1º. de septiembre de 1859, posiblemente la mayor erupción solar de la que se tiene constancia, provocó espectaculares auroras que se vieron hasta en Cuba y Hawái, pero a la vez dejó fuera de servicio a una gran multitud de redes de electricidad y de telégrafo en Norteamérica y Europa.

Günther Hasinge, director de Ciencia de la Agencia Espacial Europea, asegura que “si bien no se sabe con exactitud con qué frecuencia se producen estas tormentas solares potencialmente peligrosas, se han identificado otros precedentes en 1872, 1909, 1921 y 1989, lo que hace prever que antes o después llegarán más”.

Por ello, Solar Orbiter investiga su origen. Más allá de satisfacer la curiosidad científica, la sonda deberá verse como una ayuda potencial para buscar soluciones prácticas que reduzcan los daños tanto a las redes eléctricas y de las comunicaciones, como a los propios satélites y astronautas.

El plan de trabajo previsto por Holly Gilbert, científica del proyecto Solar Orbiter en la NASA, esboza que durante los próximos seis años la sonda europea volará más cerca de los polos del Sol que cualquier otra sonda en el pasado; pasará por primera vez cerca del astro en marzo de 2022 y sus observaciones científicas se alargarán hasta finales de 2029.

Solar Parker y Solar Orbiter engloban la lista de 12 misiones espaciales que hasta el momento se han destinado a estudiar el Sol. Asevera Frédéric Auchère, investigador de la misión Orbiter en el Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay, Francia, que la idea es llegar a donde nadie ha llegado antes.

La ciencia espacial hace historia

Casi 65 años atrás de que la Unión Soviética lanzara el primer satélite artificial de la historia, Sputnik 1, arrancó una aventura espacial cuyo momento cumbre resultó en la llegada del hombre a la Luna.

No han sido pocos los que han querido también llegar al Sol, solo que se abrasarían como en un horno de pizza. No obstante, no han faltado los intentos a base de tecnología.

La propia Solar Orbiter se basa en otras misiones de gran éxito como SOHO (1995) y Ulysses (1990), que han aportado una importante información sobre el funcionamiento del astro rey.

Por cierto, la sonda espacial Ulysses, misión conjunta de la NASA y la ESA, lanzada al espacio en el año 1990 por el transbordador Discovery, fue la primera misión que estudió los polos del Sol y su influencia en el espacio que le rodea.

La NASA reconoce que los descubrimientos científicos de Ulysses fueron numerosos y sin precedentes en sus 17 años de funcionamiento, al tomar por primera vez medidas directas de partículas de polvo y átomos de helio interestelares en el sistema solar.

Ya desde los años 70, la NASA se había centrado en crear sondas que pudieran alcanzar otros planetas. A Júpiter y Saturno llegaron Pioneer 10 y 11, encargadas de fotografiar ambos planetas, así como algunos de sus satélites.

Más adelante llegarían Voyager 1 y II. Ambas sondas, de 825 kilos de peso, forman parte de uno de los mayores éxitos de la NASA. Actualmente siguen enviando información fiable desde el espacio y se cree que su misión podría finalizar en 2030.

El organismo espacial ya ha seleccionado incluso cinco propuestas de misiones espaciales que pretende mandar al Sol para estudiarlo en los próximos años. Entre ellas destacan la HelioSwarm, que evaluaría los procesos de transporte de energía de todos los materiales que expulsa el Sol, y la Auroral Reconstruction CubeSwarm, encargada de chequear la escala pequeña del Sol y estudiar la ionósfera y la termósfera solar. Todas cuentan con el respaldo de reconocidos grupos de investigadores de los centros astronómicos más importantes del mundo.

Sirva la osadía de Solar Parker, Solar Orbiter, las misiones venideras y la ciencia espacial en general para acercarnos cada vez más al Sol y a millones de astros como este, porque lo cierto es que, pese a la información atesorada tras siglos de investigaciones, todavía esta estrella ofrece muchos misterios por descifrar.

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