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Publicado el 30 Agosto, 2021 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

SALUD

Vivir del aire

La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 tiene sofocadas las industrias que fabrican oxígeno medicinal, medicamento clasificado entre los de primera necesidad
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Oxígeno Medicinal

Foto: dgcs.unam.mx

Por TONI PRADAS

Se equivocan quienes comparativamente afirman que alguna cosa, cuando es sencilla de hacer, resulta tan fácil como respirar. De esa incongruencia tienen sus propios testimonios decenas de miles de médicos y hasta pacientes agravados de todo el mundo, quienes han visto cómo los esfuerzos por salvar vidas y superar la crisis sanitaria provocada por la enfermedad de la covid-19, sin un poco de oxígeno artificialmente colectado, hubieran sido en vano.

Solo imaginar el drama de un enfermo al jadear, ahogado porque el virus SARS-CoV-2 en su desmedido ataque tiene como una de sus metas principales los pulmones, deja a cualquiera sin aliento.

Cuba, durante los más recientes meses, ha estado empinando sus registros hasta los más lamentables, como consecuencia de infecciones y muertes tras el mayor rebrote sufrido de la enfermedad. Ya en el mes de agosto vio prácticamente atascada su cobertura de oxígeno medicinal para los centros sanitarios que atienden la pandemia.

Efectos adversos se hicieron notar en los reportes médicos diarios, principalmente en provincias como Cienfuegos y Holguín. Las altas cifras se relacionaron con la circulación autóctona de la nueva variante Delta del coronavirus, más contagiosa y letal; y también con el natural “cansancio pandémico”, suerte de cruz y calvario provocado en la población por la larga duración de esta crisis y la consiguiente caída de la percepción de riesgo de infección.

En breve, Cuba llegó a su pico epidemiológico de casos de covid-19 luego de conseguir retardarlo, si cronológicamente se compara su ciclo con los de la inmensa mayoría de los países.

En medio de ese nuevo escenario, una avería en la principal planta productora de oxígeno medicinal del país -capaz de producir los volúmenes necesarios para satisfacer la demanda nacional en tiempos normales- dejó inoperativa la fábrica. A la vez, los lotes de reserva almacenados menguaron a la velocidad del viento, a medida que crecía el número de pacientes graves y críticos.

La excepcional situación obligó a realizar una “operación milimétrica” con el oxígeno, según palabras del presidente Miguel Díaz-Canel, para que la poca cantidad disponible llegara de la manera más eficiente a las instituciones de salud para salvar vidas.

Rápidamente se tomaron medidas para mitigar el déficit. Una de estas fue la importación de equipos concentradores de oxígeno, que logran producirlo, aunque a bajo volumen, las 24 horas del día, y pueden ser utilizados hasta en tres pacientes al mismo tiempo.

Asimismo, las pequeñas plantas de oxígeno líquido del Ministerio de Industrias se pusieron al máximo de su capacidad de producción, mientras organismos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias activaron las suyas para elaborar ese producto sanitario. Por si fuera poco, trasladaron las bombonas llenas hacia los diversos destinos que demandaban el producto utilizando helicópteros especialmente preparados para realizar tan arriesgada operación.

Posteriormente fue puesta en marcha una planta donada por la Federación de Rusia y con todas esas pequeñas instalaciones fue estabilizándose la oferta del preciado gas. Fue así cómo el país-nunca antes mejor dicho- empezó a “coger un aire”.

Biosferas tecnológicas
Gas licuado Cuba

Muchos pacientes cubanos de Covid-19 sufrieron la indisponibilidad de oxígeno medicinal en los hospitales debido a una rotura en la planta generadora de este producto. Foto: Empresa de Gases Industriales

Cuando se habla de oxígeno, rápidamente pensamos en la polución del aire o quizás en la pureza de la brisa de la campiña. Pero cuando se trata del medicamento, asfixia imaginar qué pasa si escasea este que, desde 2017, es clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como de primera necesidad.

Se estima que cada día más de medio millón de personas requiere ser asistido con gas terapéutico, lo que se traduce en alrededor de 3,8 millones de cilindros de oxígeno al día. O lo que es lo mismo: 26 millones 400 000 metros cúbicos de aire puro.

Este resulta vital para los casos críticos que llegan a desarrollar neumonía, enfermedad que, según un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), apaga la vida de un niño cada 39 segundos. También para los pacientes del síndrome de deficiencia respiratoria y hasta la hipoxia, que es cuando falta oxígeno en la sangre y compromete el funcionamiento de todos los órganos. Por su parte, según la OMS, uno de cada cinco pacientes con covid-19 necesitará ineludiblemente oxígeno medicinal.

Solo en los países de ingresos bajos y medios fueron necesarios, hasta el 25 de abril pasado, 25,5 millones de metros cúbicos diarios de ese producto. Es decir, 5 600 millones de dólares anuales.

La necesidad diaria de oxígeno para los pacientes de covid-19 en India es de 11,8 millones de metros cúbicos cada día. Brasil, Perú, México, Egipto y Nigeria son, junto con la nación asiática, los que mayor demanda de oxígeno claman durante la pandemia.

En Brasil, por ejemplo, hacían falta 2,8 millones de metros cúbicos diarios y esa cifra subió por encima de los tres millones a principios de marzo. En China, en febrero de 2021 fueron necesarios 8 000 metros cúbicos, mientras que, actualmente, la necesidad ha caído a 1 251 metros cúbicos.

No es difícil imaginar que ese aumento de la demanda mundial ha provocado que hoy sea más difícil aprovisionarse de oxígeno y, en consecuencia, los precios de ese recurso se hayan disparado.

En India, digamos, un cilindro de oxígeno puede costar entre 250 y 330 dólares estadounidenses, incluso más. En Perú, el precio ha llegado a superar los 1 000 dólares por cada envase lleno.

Esos valores contrastan tremendamente con los de los países desarrollados. En Alemania, por citar un caso, un litro de oxígeno cuesta en internet 2.6 euros, mientras que un cilindro de ocho litros se vende por unos 20 euros.

¿Acaso es tan preciado el oxígeno manufacturado? Pues sí. En estado natural -como aprendimos apenas respiramos- de su producción se encarga la biosfera. Mas la economía mundial tiene su propia demanda y exige que con diversos grados de pureza, según sea su destino, se fabrique ese gas incoloro e inodoro llamado dioxígeno, oxígeno molecular,​ oxígeno diatómico u oxígeno gaseoso, aunque generalmente llamado a secas: oxígeno u O2, el único símbolo químico que nadie osa olvidar.

En las industrias químicas y del acero se utiliza para acelerar los procesos de combustión. También se usa en la descomposición de sustancias nocivas en las plantas de depuración de agua. Se emplea, en forma muy pura, como oxígeno medicinal para pacientes con problemas respiratorios.

El medicinal supone entre cinco y 10 por ciento de la fabricación global de oxígeno. Fuera de China, los tres principales proveedores mundiales de oxígeno medicinal son la alemana Linde, aliada con el grupo estadounidense Praxair; la francesa Air Liquide y la estadounidense Air Products.

Pero el medicamento oxígeno es producido principalmente por empresas locales y regionales, porque uno de sus principales problemas es que es difícil de transportar en largas distancias.

Construir una planta de oxígeno líquido en un país es extremadamente costoso. Aun así, quien se decide a hacer la inversión se cerciora de que existe una demanda suficientemente atractiva como para que su negocio sea rentable.

En todo caso, decide el sector industrial, que comúnmente consume 90 por ciento de la capacidad productiva de una planta. Si no existe esa demanda es muy poco probable que alguien se atreva a construirla solo para uso hospitalario. Sencillamente, ninguna empresa quiere ver volar su dinero por los aires.

En busca de una bocanada de aire
Respiradores frente a COVID-19

Urgidos por la acentuada pandemia, los fabricantes de oxígeno medicinal buscan mantener cubierta la demanda, pero esa estabili-dad soñada sigue siendo vulnerable. Foto: SHUTTERSTOCK

Para conocer cómo se produce oxígeno nos bastará leer pocas líneas de texto. Sin embargo, mucho más exigirán los ingenieros, proyectistas y financistas de una planta, quienes demandarán un pormenorizado legajo con gráficos y explicaciones que irán desde su viabilidad económica, hasta su factibilidad industrial y de seguridad.

Existen dos tipos principales de producción de oxígeno. El primero es para obtener el producto con fines médicos y se logra mediante la separación de los gases contenidos en el aire. Como se sabe, el aire que respiramos está compuesto por 78 por ciento de nitrógeno, 21 de oxígeno y uno por ciento de gases varios como argón, dióxido de carbono y helio, entre otros.

En este caso, el oxígeno se aísla del aire tras etapas de compresión, filtración y purificación. Concentrado en más de 99,5 por ciento, es un medicamento que se transporta licuado en grandes contenedores o tanques con paredes aislantes, lo que permite mantener su temperatura por debajo de -182 grados Celsio o en forma gaseosa en botellas de menor volumen.

El suministro en forma líquida permite satisfacer las necesidades más importantes y las variaciones de la demanda. Un litro de oxígeno líquido equivale a unos 800 litros de oxígeno gaseoso. También puede suministrarse en cilindros presurizados para permitir la movilidad del paciente. En este caso, un litro de oxígeno líquido a 200 bares (un bar es la unidad de presión equivalente aproximadamente a una atmósfera) corresponde a 200 litros de oxígeno gaseoso que puede utilizar directamente un paciente.

Otro tipo de fabricación se emplea para obtener oxígeno producido por concentrador, que es un oxígeno concentrado al 93 por ciento en general. Para obtenerse, se manejan equipos eléctricos portátiles que extraen y purifican el oxígeno del aire ambiente en tiempo real, o de unidades de producción más importantes que pueden abastecer a grandes entidades como los hospitales.

Estos concentradores son útiles cuando faltan las infraestructuras de producción de oxígeno líquido, pero están pensados para una necesidad determinada, ya que se dificulta su respuesta cuando existe aumento desmedido, repentino y rápido del consumo de oxígeno, como ha sucedido en algunos hospitales del mundo durante la crisis provocada por la covid-19. Esta variante de obtención consume mucha energía y su costo de mantenimiento es alto.

De momento, las crisis de oxígeno medicinal han logrado desinflarse cíclicamente, sin embargo, nada asegurará la estabilidad de la oferta mundial del gas si esta maldita pandemia sigue andando a su aire.

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Toni Pradas

 
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