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Publicado el 29 Septiembre, 2021 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

 ATAQUES SÓNICOS

El síndrome de Los otros

Académicos cubanos descartaron mediante un exhaustivo informe la ocurrencia de tales agresiones contra diplomáticos estadounidenses acreditados en La Habana
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Por TONI PRADAS

Caricatura Martirena. Trump Pinocho, atrapado en informe científico sobre ataques sónicos, Maine Sónico

(Caricagtura: Martirena)

Los llamados ataques sónicos –supuestamente emitidos de manera selectiva contra diplomáticos y agentes de inteligencia acantonados en países que Estados Unidos considera enemigos, y hasta en aliados– están a las puertas de ingresar en la lista de arcanos de la humanidad. Como los ovnis, digamos, que registran muchos avistamientos, pero sin respaldo de evidencias que los certifiquen.

Se especula que los inexplicables hechos son frutos de armas de microondas, la más firme conjetura que hoy se maneja en el norte. Sin embargo, no encaja en todos los casos. En teoría, se podría extraer energía de una batería u otra fuente, convertirla en energía electromagnética y luego gatillarla hacia un objetivo. Varios países, también Estados Unidos, han estado investigando esa tecnología, mas no existen referencias de su existencia.

Lo cierto es que el entonces presidente Donald Trump acusó a Cuba, en 2017, de causar con tales ataques al personal de su embajada y a algunos parientes, síntomas como mareo, pérdida de equilibrio, sordera, ansiedad y hasta “bruma cognitiva”.

En respuesta, redujo al mínimo el número de sus representantes en nuestro país, presuntas víctimas de lo que llamó ataques sónicos, poniendo en crisis las relaciones diplomáticas entre las dos naciones, restablecidas poco antes por la administración anterior.

Reportadas en la ciudad capital, tales dolencias fueron bautizadas como síndrome de La Habana, nombre que para los cubanos tiene connotación peyorativa.​ ¿Síndrome de La Habana o de Washington?, se preguntó recientemente, en un amplio análisis, José Ramón Cabañas, director del Centro de Investigaciones de Política Internacional y exembajador de Cuba en Estados Unidos.

En todo caso, una respuesta certera ha sido inaudible. Los propios directivos estadounidenses, escépticos de considerarlos ataques, llegaron a negarles a muchos de sus funcionarios enfermos en otros países el financiamiento adecuado para su atención médica. Los de Cuba, esos sí, recibieron su indemnización completa.

Las hipotéticas causas infrasónicas no pueden desdeñarse festinadamente. Demasiados factores gravitan en torno a una acusación que recuerda el peligro de fumar cerca de un polvorín. Y si no es un bulo propagandístico, está en juego la salud personal.

Cuba –con toda seguridad, la menos interesada en acidificar las relaciones con su vecino–, aun cuando se le negó participar en las indagaciones de expertos norteamericanos, hizo las suyas.

El pasado 13 de septiembre, al cumplirse cuatro años de la retirada de los diplomáticos, un grupo de expertos de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) presentó una evaluación sobre los incidentes de salud no identificados, la cual “rechaza como ‘verdad establecida’ una narrativa construida sin bases científicas reales”.

Realizado por expertos en audiología, neurología, neurofisiología, neuroimágenes, epidemiología, medicina interna, psiquiatría, telecomunicaciones, bioingeniería, biología, biofísica y física, este informe es el primero que examina exhaustivamente todas las aristas de los incidentes de salud de los diplomáticos.

Como sea, la infundada acusación sigue sonando y ya empieza a recordar el argumento del filme Los otros (Alejandro Amenábar, 2001), en el que los miembros de una familia sospechan que en su casa habitan fantasmas. Hasta que descubren que los espectros son ellos mismos, mientras los “intrusos” son los realmente vivos.

 

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Toni Pradas

 
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