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Publicado el 29 Octubre, 2021 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

PREMIOS NOBEL 2021

Honor con mascarillas

Ya fueron anunciados los más importantes galardones que recibe el mundo científico y el activismo
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Foto: nationalgeographic.com.es

Por TONI PRADAS

Frenéticamente, como es usual en cada edición, fueron anunciados ya los ganadores de los esperados premios Nobel en Medicina, Física, Química, Literatura, Economía y Paz. Y como suele ocurrir, a unos los despiertan en la madrugada para anunciarles la nueva, pues los suecos son estrictos con trabajar solo en horario de oficina. Otros, de cualquier país, se enteran por los reporteros que llegan a sus casas para entrevistarlos, pues el esfuerzo de la Real Academia de las Ciencias de Suecia para localizarlos resulta infructuoso a veces en esta era de excelsas telecomunicaciones.

El planeta celebra las distinciones que han ido a parar, en la mayoría de los casos, a personas geniales, con un gran espíritu de sacrificio y resultados determinantes para el conocimiento.

Es que los Nobel siguen siendo un excelente indicador de por dónde van las investigaciones y hacia dónde se dirige el desarrollo de las ciencias. También nos permiten conocer a los protagonistas de nuestra biografía como especie, aun cuando la mayoría de los nombres solo retumba fugazmente en nuestros oídos.

Con los Nobel se legitiman también los centros y universidades que acogen tales investigaciones. Estos, por cierto, suelen ser los mismos; hay quien hasta ha llegado a sugerir que esos poderosos laboratorios influyen metálica o espiritualmente en los jurados.

Si es por la cantidad de premios otorgados, podríamos deducir que los varones blancos de América del Norte y Europa Occidental son más inteligentes y creativos. Pero es fácil apreciar que pensar así es una falacia. Por tanto, los Nobel sirven también para revelar la desigualdad que existe en las ciencias.

Para ser justos, últimamente ha habido mayor voluntad para no premiar solo a este prototipo. Sin embargo, en comparación con la docena de laureados negros de la Paz, nunca ha habido un ganador en Medicina, Química y Física con ese color de piel. La desventaja de las mujeres, por su parte, parece estar condicionada por la casi totalidad de hombres que conforma los jurados.

Y es que las brechas raciales, educacionales, geográficas, económicas, idiomáticas y culturales no se acortan únicamente con buenas intenciones. Es más: los Nobel probablemente las perpetúen, en tanto privilegian el reconocimiento individual (cuando en la sociedad moderna es casi imposible innovar en solitario), así como valoran los resultados por su descomunal impacto científico o económico, sin echar una mirada ética a los trasfondos donde suelen ocultarse guerras de patentes, espionaje industrial, robo de cerebros, prácticas monopólicas, desprecios ideológicos…

La ciencia tiene máscaras y el Nobel nos impide verlas.

También, mediáticamente, el más famoso galardón –quizás solo superado por los Oscar, pues así va el mundo– ha ido desplazando la atención de las ciencias “duras” hacia el activismo social.

Este año, el Comité Nobel de Noruega (que entrega el premio de la Paz) sumó 329 candidatos: 234 individuales y 95 organizaciones. Aun así, no rompió el récord de 2016 –cuando lo recibió el expresidente colombiano Juan Manuel Santos y no sus contrapartes firmantes de un pacto pacificador que nunca fraguó–, pero clasificó como el tercer año con más aspirantes.

En cada edición resulta ser el premio más cuestionado. En esta ocasión, por ejemplo, fueron nominadas personalidades y organizaciones tan dispares entre sí, que invitan a poner en duda el concepto de paz que manejan sus patrocinadores.

¿Acaso no son antagónicos en sus candidaturas el expresidente Donald Trump y la nuevamente nominada activista contra el cambio climático Greta Thunberg? ¿Y este con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el movimiento Black Lives Matter e, incluso, la militar Organización del Tratado del Atlántico Norte?

Mejor ni recordar que a este premio aspiraron Hitler, Stalin y Mussolini, mientras Gandhi, el modelo pacifista, no lo recibió.

Hay quien pensó que, si hoy estamos obligados a portar máscaras por un coronavirus, la nominada alianza de vacunas GAVI –que no es de izquierdas ni de derechas– sería la elegida. Al menos el dinero ganado hubiera servido para proteger a más personas.

Muchos premios de Literatura y Paz otorgados en los últimos años parecen ser eco de la vieja Guerra Fría, como mismo antaño se elegían disidentes soviéticos. Lo afirma hasta la conservadora agencia Reuters, pero seguramente todos lo habían notado ya. Para no romper con ese instinto, en 2021 fueron nominados y muy publicitados muchos opositores a los gobiernos de Rusia, Belarús y otros que no encajan en el eje Washington-Bruselas.

Como sea, aquí va la lista de gratificados, quienes recibirán un diploma, una medalla y un jugoso cheque en Estocolmo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del creador de la discordia.

Medicina: Ciencia para entender el dolor
David Julius, Premio Nobel de Fisiología 2021

Cuando muchos creían que las vacunas ARNm contra la covid-19 ganarían el Premio Nobel de Fisiología, se lo adjudicó el hallazgo de los receptores de temperatura y tacto de David Julius (en la foto) y Ardem Patapoutian. (NOAH BERGER / UCSF)

Parecía cantada la entrega del premio médico para las vacunas de ARNm contra la covid-19. Méritos poseían, pues fueron desarrolladas en tiempo récord y gracias a un esfuerzo global sin precedentes, a fin de dejar libres de mascarillas nuestros rostros. Estos medicamentos, se sabe, inauguran una plataforma tecnológica pionera que, en un futuro, podrían dar a luz a vacunas contra todo tipo de enfermedades, incluido el cáncer.

Pero no. El Nobel apostó al seguro y dejó boquiabiertos a todos. La explicación, según sus reglas, se sabrá dentro de 50 años.

Entender cómo se inician los impulsos nerviosos que nos permiten sentir dolor, un cambio de temperatura o una caricia, ha merecido la medalla de Medicina y Fisiología. Los afortunados son el estadounidense David Julius y el libanés Ardem Patapoutian, quienes, desde hace décadas encerrados en sus laboratorios, han realizado la investigación básica para hallar los receptores de temperatura y tacto. Así, la ciencia está más cerca de lograr algún día una nueva generación de tratamientos contra el dolor.

Física: Para entender el avance de la crisis climática

De haber sido “nobelizado” Trump –quien es reconocido por negar la existencia del cambio climático–, sería difícil imaginarlo intercambiando saludos con los ganadores del premio de Física.

Esta vez Estocolmo se quitó la mascarilla, cortó su tendencia a premiar a la astrofísica y sin titubeos reconoció a tres investigadores que han contribuido a entender mejor el fenómeno climático.

Dividido en dos partes, una va al nipón-estadounidense Sykuro Manabe, de 90 años, y al alemán Klaus Hasselmann, de 89, por su investigación en modelos matemáticos que dejan entender la evolución del clima terrestre. La otra mitad recae sobre el septuagenario italiano Giorgio Parisi, cuyo trabajo ha permitido profundizar en los modelos matemáticos para estudiar fenómenos complejos de todo tipo.

Giorgio Parisi, Premio Nobel de Física 2021

El trabajo con modelos matemáticos para estudiar todo tipo de fenómenos complejos relacionados con el cambio climático, dio al italiano Giorgio Parisi el Premio Nobel de Física. (EFE)

De tal suerte, cristaliza la ciencia del calentamiento global y se aleja de la especulación sobre la crisis climática. Su base teórica se hace más firme y el Comité Nobel no osa quedar indiferente tres semanas antes de iniciarse la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Escocia, quizás la oportunidad final para decidir qué hacer ante esta emergencia global.

La última vez que se premió un tema ambiental fue en 1995, al destacar las investigaciones sobre el agujero de la capa de ozono.

Química: Herramientas para crear moléculas orgánicas

El “arte de crear moléculas orgánicas” (o la organocatálisis) gana el Premio Nobel de Química. Según ha anunciado la Real Academia de las Ciencias de Suecia, el galardón recae en el investigador alemán Benjamin List y en el británico David MacMillan. El primero recibió la feliz noticia durante sus vacaciones familiares. El segundo no respondió a la llamada de la Academia, así que su nombre saltó al estrellato sin que él lo supiera.

Literatura: Destapando el colonialismo

Dos décadas después de que el sudafricano John Maxwell Coetzee lo recibiera en 2003, el Nobel de Literatura regresa a África tras otorgársele al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah, por su conmovedora descripción de los efectos del colonialismo. Sin embargo, es fantasmalmente desconocido por sus compatriotas. El nacido en la isla de Zanzíbar llegó en 1968 al Reino Unido, en parte para estudiar y en parte para huir de la violencia política y la represión que sufrían los zanzibaríes de origen árabe.

Gurnah reside en la británica ciudad de Canterbury. En la local Universidad de Kent enseñó literatura inglesa y poscolonial, con un foco especial en la diáspora. Su obra se centra en la identidad y la imagen que tienen de sí mismos los refugiados.

El Comité Nobel debió quedar encandilado con Gurnah, pues elogió su “penetración intransigente y compasiva en los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes”. De esta manera dio un nuevo escobillonazo a eternos relegados como Haruki Murakami o Philip Roth.

Nobel de la Paz: El periodismo va al estrado
Maria Ressa, Premio Nobel de la Paz 2021

La filipina Maria Ressa, Premio Nobel de la Paz, es la única mujer galardonada en 2021. (AP)

Dos periodistas, representantes a su vez de “todos los periodistas”, son los galardonados con el Premio Nobel de la Paz. La filipina Maria Ressa (la única mujer agasajada en 2021) y el ruso Dmitri Muratov fueron elegidos, según el Comité Noruego, por sus esfuerzos para salvaguardar la libertad de expresión en sus países, “condición indispensable para la democracia y la paz duradera”.

Economía: Análisis del mercado laboral

El canadiense David Card, el israelí-estadounidense Joshua D. Angrist y el neerlandés-estadounidense Guido W. Imbens reciben el Nobel de Economía por “sacar conclusiones de experimentos inesperados” y aplicarlos al análisis del mercado laboral, informó la Real Academia de las Ciencias sueca. Según esta, los galardonados “han demostrado que se pueden responder muchas de las grandes preguntas de la sociedad. Su solución es utilizar experimentos naturales, situaciones que surgen en la vida real que se asemejan a experimentos aleatorios”.

Este laurel, que a diferencia de los otros surgió fuera de la voluntad testamentaria de Alfred Nobel, suele ser otorgado a determinados estudios relacionados con doctrinas económicas que se ponen circunstancialmente de moda. Pero, en honor a la verdad, poco o nada le deja a la humanidad para su mejoramiento.

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Toni Pradas

 
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